LA ONU DICE QUE EL MUNDO ES MÁS DESIGUAL QUE HACE DIEZ AÑOS
Puede no resultar una sorpresa pero el impacto es igualmente demoledor: según el informe 2005 de las Naciones Unidas sobre la situación social global “el mundo es más desigual que hace 10 años”. En el caso de América latina, Argentina y Venezuela son los países donde la desigualdad creció de manera más rápida en la década de 1990.
“La publicación del informe —cuyo título es “El dilema de la desigualdad”— no pudo ser más oportuna”, dijo José Antonio Ocampo, secretario general adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU.
“Dado que 2015 es el plazo fijado para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio —agregó—, es el momento justo para incorporar el objetivo de reducir la desigualdad en nuestras estrategias para promover el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos para todos”. Y advirtió: “No estaremos en condiciones de impulsar el programa de desarrollo si no se resuelven los problemas de la desigualdad en los países y entre éstos”.
En el caso de América latina y el Caribe, el informe señala que las estrategias para conseguir crecimiento agravaron la desigualdad y la pobreza. “Las políticas de reformas fueron diseñadas con la expectativa de que tasas más altas de crecimiento serían suficientes para generar beneficios sociales. Pero hasta ahora ellas resultaron en consecuencias negativas a largo plazo”, sostiene el trabajo.
Al particularizar, revela que “Argentina y Venezuela estuvieron entre los países que sufrieron incrementos en la desigualdad de manera más rápida en la década de 1990”.
Y una de las características distintivas de este fenómeno es la brutal brecha de ingresos entre los ricos y los pobres: “Durante la década de 1990 —dice el relevamiento—, el 10 por ciento de los hogares ricos recibía entre un 30 y un 45 por ciento de los ingresos totales. Por contraste, el 40 por ciento de los hogares más pobres recibió solamente de un 9 a un 15 por ciento.”
Como una bola de nieve, la desigualdad en el acceso a los recursos y las oportunidades, lógicamente, también creció. El desempleo aumentó de un 6,9 por ciento en 1993 a un 9 por ciento en el 2002. “Muchos trabajadores —se interpreta en “El dilema de la desigualdad”— se ven forzados a recurrir a la economía informal donde las condiciones son a menudo inhumanas y los salarios, bajos. Las divisiones entre economías formales e informales promueven una sociedad segmentada, incrementan las tensiones sociales y disuaden a los pobres de participar en el proceso de desarrollo”.
Las desigualdades fronteras adentro de cada país no sólo se expresan también entre países sino que su seguimiento revela que están en aumento. Como ejemplo, el informe de la ONU destaca que “los niveles de ingresos per cápita en América Latina y el Caribe han disminuido a ritmo constante, comparados con el ingreso promedio per cápita de los países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)”.
Y agrega: “Entre 1980 y 2001, los niveles de los ingresos per cápita descendieron de un 18 por ciento a un 12,8 ilustrando el más rápido crecimiento del ingreso per cápita en los países ricos y ampliando la brecha de la desigualdad”.
Nada nuevo para quienes viven en la región, el informe destaca que la larga historia de desigualdad en América latina y el Caribe se caracteriza porque la propiedad de los recursos está en las manos de una elite minoritaria.
Sólo un ejemplo: “En países como Brasil, Guatemala y Bolivia, la raza y el origen étnico continúan siendo determinantes de las oportunidades, como las poblaciones indígenas o afro—descendientes tienen ingresos que son de un 35 a un 65 por ciento más bajos que los de los hombres blancos, y muchas menos posibilidades de acceso a la educación y la vivienda”.
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