LA ÓPERA PRIMA DE UN GENIO
En “La noche americana”, aquel brillante ejercicio cinematográfico de ese grandioso director llamado Francois Truffaut, dónde se reconstruyen todos los avatares, aventuras y enredos que producidos durante la filmación de una película -no en vano se la conoce como la película hecha para los que aman el cine-, el director en la ficción, interpretado en un interesante juego de roles por el propio Truffaut, tiene un sueño recurrente. Se ve a si mismo en su infancia, ante la puerta de una vieja sala de cine cerrada, tratando de alcanzar, mediante un largo bastón, un cartel dónde se observa el rostro recio de un hombre de mirada penetrante, y rasgos dominantes, debajo se anuncia el estreno de un film que lleva como escueto título “El ciudadano Kane”.
ESQUEMAS ROTOS
Hacia mediados de 1941, el panorama que presentaba el mundo no era muy alentador. Adolf Hitler avanzaba con sus tropas, y extendía su poderío por casi toda Europa, la Segunda Guerra Mundial se encontraba en uno de sus puntos más álgidos, y los japoneses planeaban su invasión a Pearl Harbor…
En medio de ese enrarecido clima, un joven de 26 años, concebía su obra maestra. Este joven, ya era conocido a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos, por su montaje radiofónico de “La guerra de los mundos”, hecho con tal inteligencia, que logró poner en vilo a todo un país, que en plena década del treinta creía estar invadido por temibles marcianos.
Este joven, estaba trabajando sobre una película de mediano presupuesto, que iba a ser producida por un estudio pequeño. Pero ya intuía que su proyecto serviría para torcer todos los cánones que hasta el momento orientaban la concepción del séptimo arte, aún mas allá de las fronteras de Hollywood. El joven, se llamaba Orson Welles. El film, “El ciudadano Kane”.
LA HISTORIA DE UN MAGNATE
Plena en nuevos conceptos, llena de nuevos encuadres que suponen una nueva experimentación sobre criterios cinematográficos, “El ciudadano Kane” narra la compleja historia de vida del magnate Charles Foster Kane, quien llega a convertirse en uno de los hombres más poderosos de los medios norteamericanos, al manejar un verdadero imperio.
La película está basada libremente en la figura de William Randolph Hearst, un millonario de la vida real, de hábitos extravagantes, que puso el grito en el cielo cuando vio la obra de Welles.
Porque el carismático Kane era capaz de arrastrar a la gente hacia destinos que luego lamentarían, levanta su inmenso imperio mediático predicando los más altos ideales de libertad y honestidad, pero en la práctica influye y manipula a las masas para modificar la realidad de acuerdo a su conveniencia.
ESCENAS IMBORRABLES, REPARTO DE LUJO
A lo largo de todo el film, se suceden secuencias que desbordan de talento. El joven Orson nos dice en pocos segundos lo que otros directores no podrían decirnos en toda una película. Ejemplo de esto, son aquella breve escena dónde en menos de dos minutos, muestra el quiebre y el alejamiento producido entre Kane y su primera esposa… o la escena en la que el magnate monta un teatro de ópera solo para satisfacer los deseos de su novia, una mediocre cantante… o la brillante secuencia en la cual un moribundo Kane pronuncia aquella palabra misteriosa que rige la película, y que hoy forma parte esencial del lenguaje cinéfilo: “Rosebud”.
Los actores, están verdaderamente brillantes. Desde Agnes Moorehead, quien encarna a la sufrida madre del magnate, hasta Joseph Cotten, quien personifica al honesto y mejor amigo de Kane, Jedediah Leland. También destacan el resto de los personajes, que gracias al brillante guión logran realizar las interpretaciones de sus vidas.
Como si sus méritos fueran pocos, “El ciudadano Kane” marcó el debut en el cine de un verdadero monstruo de la música en cine: Bernard Herrman. El brillante artista que sería colaborador habitual de Alfred Hitchcock, y que nos dejaría bandas sonoras inolvidables como las de “Psicosis” o “Vértigo: de entre los muertos”, y que cerraría su carrera con un broche de oro, componiendo la melancólica melodía blusera de “Taxi Driver”, de Martin Scorsese.
GENERADORA DE VOCACIONES
A más de sesenta años de su estreno, la ópera prima de Orson Welles, la mayoría de las listas de las mejores películas de la historia elegidas por los críticos, sobre todo en las últimas décadas. Sentenciada como la película que marca un antes y un después en la historia del séptimo arte, es una obra magistral que sirve como una insólita renovación, y marca varios conceptos cinematográficos de primer orden.
Obra maestra de un poder impresionante, puso a Welles a la altura de los grandes realizadores de su tiempo, como John Ford y Howard Hawks, y marcó un nuevo curso a las formas de hacer un film. Y, haciendo referencia a una frase que se le atribuye a Truffaut, se dice que “El ciudadano Kane” es, junto a “La regla del juego”, de Jean Renoir, la película que más vocaciones de cineasta ha suscitado”.
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