La parálisis política española entra en el terreno de lo insólito
La votación de un partido anticapitalista y secesionista para apoyar la investidura de Artur Mas al frente de la Generalitat terminó empatada en 1515 votos.
Otro domingo surrealista en la política española: con el país en vilo, 3000 militantes del movimiento anticapitalista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) se encerraron ayer en un gimnasio para decidir si sus 10 diputados deberían apoyar o no la investidura del independentista Artur Mas como presidente de Cataluña.
La reunión -una mezcla pintoresca entre el Soviet de Petrogrado y la última asamblea de la AFA- consumió 12 horas de votaciones secretas sucesivas, sin periodistas ni testigos externos, y concluyó en tablas: 1515 a favor y 1515 en contra.
El proceso separatista quedó en el aire. A Mas se le agotan los plazos para ser reelegido. Si no lo consigue antes del 9 de enero, deberá convocar a nuevas elecciones autonómicas. Pese a que ganó los comicios hace tres meses con su coalición Junts pel Sí, únicamente con el aval de la CUP puede pasar el test parlamentario para seguir en el gobierno de la región más rica de España.
Estupefactos, los jefes de la CUP convocaron a una reunión de su consejo político para resolver cómo saldar el papelón. Será el sábado 2.
La asamblea amenazaba con agigantar la crisis política en que quedó inmersa España después de las elecciones del domingo pasado, en las que ninguna fuerza obtuvo mayoría suficiente para asegurarse el poder.
El líder catalán se había comprometido con la CUP a pisar el acelerador con el plan secesionista a cambio de que le dieran la posibilidad de renovar su liderazgo. Acepta un plan de rescate social de 270 millones de euros y limitar al extremo sus funciones como presidente. La hoja de ruta habla de fundar la república en un plazo de 18 meses y contempla dejar de obedecer de inmediato a Madrid. Así, el nacionalista conservador Mas -abanderado de la burguesía catalana- se puso en manos de un partido minoritario (8% de los votos) que se propone acabar con el sistema capitalista, con la Unión Europea (UE), salir del euro y desobedecer las leyes que considera injustas.
Junts pel Sí y la CUP ya habían votado una resolución soberanista en el Parlamento catalán el 9 de noviembre pasado. El Tribunal Constitucional, a petición del gobierno de Mariano Rajoy, la declaró nula y puso pausa a la rebelión.
La cumbre de los cuperos fue un choque entre las dos almas del partido. Los que priorizan la lucha anticapitalista y por tanto ven en Mas a un neoliberal manchado por la corrupción. Y el resto, que piensa lo mismo del presidente, pero siente que antes que todo está la independencia.
Los militantes se reunieron en un gimnasio de Sabadell, en las afueras de Barcelona. Decidieron someter a votación secreta cuatro propuestas relacionadas con el futuro gobierno catalán. Después de cada ronda, la opción menos apoyada se descartaba. Y se volvía a votar entre las restantes. Así hasta que una alternativa tuviera el 50%. En las dos primeras votaciones quedó en primer lugar la opción de mantener el veto a Mas. La tercera terminó a las 20. La cúpula del partido, teatral hasta el paroxismo, se tomó una hora para anunciar el resultado. La sensación de absurdo voló de Barcelona a Madrid.
Hubo conmoción en el gobierno de Mas. Y alivio en los partidos que pugnan por la presidencia de España. Sobre todo en el socialismo, que preveía un aumento exponencial de la presión a favor de un pacto con el PP de Rajoy en caso de que Cataluña destrabara su crisis de gobernabilidad. Si finalmente hubiera nuevas elecciones, caerían en marzo. Es muy probable que para entonces aún no se haya definido quién presidirá España y la campaña catalana se convierta en un obstáculo en las negociaciones nacionales.
Para Mas sería dramático. Hay que ver si su partido, Convergència, consigue mantener la alianza independentista con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Y si él mismo sobrevive como candidato.
En las elecciones al Congreso español del domingo pasado los indignados de Podemos quedaron en primer lugar en el total de las cuatro provincias catalanas. La lista de Mas se hundió hasta el cuarto lugar, detrás de ERC y de los antiseparatistas de Ciudadanos.
Fuente: La Nación Digital
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