LA PELEA ENTRE TELERMÁN E IBARRA PONE EN RIESGO LA GESTIÓN PORTEÑA
La gestión que conduce Telerman cuenta con más de 30 funcionarios ibarristas. Si la tensión entre Ibarra y el jefe de gobierno provocara una ruptura, ¿qué harían los funcionarios?
Telerman minimiza este peligro. No cree que los ibarristas vacíen su gobierno en tanto Raúl Fernández -ex jefe de Gabinete de Ibarra y actual secretario general de la ciudad- permanezca en un espacio de poder. “No se van a ir”, afirma a los suyos.
Ibarra, a la vez, minimiza la decisión que pueda tomar el ibarrismo. “¿Quién es el que tiene imagen positiva e intención de voto?”, desafía en las oficinas de la Fundación Políticas Públicas (FPP, misma sigla que su nueva agrupación, el Frente Progresista y Popular), que él preside.
En el ibarrismo, además, niegan que Ibarra vaya a dar una orden para que sus seguidores renuncien en masa. “Eso lo convertiría en el culpable de la crisis”, explican.
Claramente, Ibarra y Telerman parecen haber tomado caminos distintos. El ex jefe de gobierno cuestiona las decisiones de su sucesor al punto de que, dice, éstas suponen haberse apartado de las políticas que votó la gente en 2003. “¿Cómo puede ser que haya nombrado a Juan Pablo Schiavi, jefe de campaña de Macri, en un ministerio tan importante como el de Obras Públicas?”, pregunta. Telerman responde que necesita gestionar y que Schiavi, quien hace dos años se distanció del macrismo, es un dirigente que conoce la administración pública.
Gustavo López, ex ministro de Cultura de Ibarra separado del gobierno cuando asumió Telerman, acusó al nuevo jefe de gobierno de haber entregado espacios de poder al macrismo. “Separó a un ibarrista de la Dirección de la Tercera Edad [Daniel Magliocco] y puso a una dirigente ligada a Santiago de Estrada [María Elvira Camozzi], peronista que es parte del macrismo en la Legislatura”, reveló. López es uno de los conductores del nuevo ibarrismo.
En este contexto, Ibarra atacó elípticamente a Telerman la noche del lanzamiento de FPP, hace dos semanas. “Yo no construyo políticas ni con Carlos Grosso ni con Miguel Angel Toma”, dijo.
Durante la última semana, insistió en el mensaje, incluso ante una pregunta de LA NACION. “Yo discuto políticas, pero no con Grosso, ni con Toma. Si alguien quiere reunirse y hablar con ellos, no me encontrará a mí en el mismo espacio”, respondió. Ibarra sostiene que Telerman conversa y/o se reúne con el ex intendente porteño y con el ex jefe de la SIDE.
“Una chicana”
En el gobierno de la ciudad consideran “una chicana” aquella declaración pública de Ibarra, pues niegan que existan contactos de Telerman con los ex jefes del peronismo porteño.
“Con Toma, incluso, nunca se llevó bien”, aseguró un funcionario del Grupo Cerviño, autodenominación que se dio el ultratelermanismo, integrado por Enrique Rodríguez, Oscar Feito, Gabriela Cerrutti, Juan Pablo Schiavi, Sergio Beros y, lógicamente, Jorge Telerman. Se llaman así porque se reúnen en el departamento de Rodríguez, ubicado sobre la calle Cerviño.
El panorama se complicó la semana pasada, cuando Telerman despidió a la ibarrista Alejandra Tadei (era la procuradora) y decidió remover al presidente del Banco Ciudad, Eduardo Hecker. Ibarra lo tomó como algo personal.
Telerman explicó que necesitaba un procurador que le respondiera ciento por ciento y que quería poner el Ciudad en sintonía con la nueva conducción económica, liderada por Guillermo Nielsen.
“Telerman no ganó una elección. Tiene la obligación de hacer un gobierno progresista, que es lo que votó la gente”, condicionó Ibarra. “Mi gobierno es progresista”, afirma Telerman, quien pretende imprimirle a su administración un ritmo que, según los telermanistas, nunca tuvo la gestión de Ibarra.
En el centro de la disputa aparece Raúl Fernández. Ibarra y Telerman analizan que si el actual secretario general porteño tomara partido por alguno, se fracturaría de hecho el ibarrismo. No es ésa, por ahora, la intención de Fernández.
“Yo estoy en la centroizquierda, donde también están Telerman e Ibarra. Estamos del mismo lado”, aseguró a LA NACION. Si bien reconoce la tensión, Fernández pretende, por ahora, mantenerse alejado de la disputa. Intenta, además, actuar como mediador para que ambos líderes estén contenidos por la misma estructura electoral en 2007, algo que hoy parece lejano.
Hace tres años, Ibarra eligió a Telerman como su candidato a vicejefe de gobierno. Aunque ganaron las elecciones, desde que comenzó el segundo mandato de Ibarra la relación sufrió altibajos. Ahora, tras la destitución del jefe de gobierno porteño y la asunción de quien era su segundo, la situación política parece al borde de la fractura.
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