LA PLAZA DE MAYO EN TOTAL ABANDONO
El recuerdo de las piedritas coloradas colándose en los zapatos cuando se paseaba por la plaza 25 de Mayo despierta sonrisas. Era incómodo, como lo reconocen antiguas vecinas, pero el panorama ante cada paso se presentaba más ameno y agradable que el actual.
Las sociedades cambian, los usos y costumbres varían. Hoy es difícil pensar en esta primeriza plaza como centro de reunión social, pero no resulta incoherente pretender que sea un paseo estético o, por lo menos, un lugar cuidado.
La plaza que nació con el mismo traslado desde Cayastá allá por 1650, fue el epicentro de la vida cultural, política y religiosa hasta hace unas décadas. Hoy alberga las más importantes manifestaciones multisectoriales, pero expulsa con sus calurosos mármoles a los santafesinos que caminan por su interior.
De un espacio definido más por su función que por sus características, símbolo de la vida cívico-religiosa de la ciudad colonial; se transformó desde 1991 en un lugar “de paso” plagado de mármoles, rigidez y chatura.
Aunque no hay que retrotraerse a la época del cabildo para memorar su carácter social, dos octogenarias vecinas del barrio sur se trasladaron en el tiempo a una época más “esplendorosa”. Teresita Codoni recordó que “solían hacerse conciertos. La gente grande iba a la noche, después de comer, a dar una vuelta. Ahí se encontraban con todo el mundo”.
Para esta mujer que hace más de 60 años vive a una cuadra del lugar, “el desastre vino cuando la embaldosaron, antes tenía mucho césped y unas rosas divinas”. Es que, además del obsesivo placero, “todos respetaban y cuidaban las cosas”.
Otra vecina rememoró la “vuelta al perro. Las señoritas iban con sus capelinas y se encontraban con los jóvenes que las pretendían”. No sin emoción, trae al presente las calurosas tardes santafesinas en que los vecinos se convocaban bajo su “magnífica sombra. Había unos arboles bárbaros, unas tipas divinas. Muchos se quedaban ahí o se sentaban en la confitería que se llamaba El Plata, en General López y San Martín”. Otra opción era Los Constituyentes.
Es que esta plaza convocaba, “se usaba mucho. Era el punto de reunión de toda la gente del barrio”.
Todo cambia
A principio de los 90, con múltiples y generales alteraciones, llegó también la de la fisonomía esencial de uno de los espacios más personales de nuestra ciudad.
El césped, las rosas, la ornamentación y parquización, sucumbió ante los mármoles y las originales, por no decir extrañas, fuentes. Diez años después, el desprecio por el pasado y la cosa pública hicieron que la plaza presente un estado de abandono y suciedad lamentables.
La realidad habla de la decadencia y la falta de respeto por, en este caso, el punto de referencia primero del nacimiento de Santa Fe. El panorama es desolador: alcantarillas sin rejas, a las que algún “precavido” le colocó unas ramas para que ningún caminante distraído caiga en la cuenta de que es un pozo.
A tres de las cuatro fuentes que se encuentran en las esquinas les faltan considerables dimensiones de lozas, igual que muchos de los canteros centrales. Cables sueltos, grandes espacios sin césped y veredas rotas, relatan la franca decadencia.
Se puede seguir enumerando, aún pecando de pesimista: hay un solo bebedero que está roto, no hay basureros y, lindando con calle San Martín, hay un banco roto dado vuelta.
¿Falta de mantenimiento? ¿Desidia y descuido ciudadano? Seguramente se conjugan varias cosas. El subsecretario de Obras Públicas de la Municipalidad, Sebastián Guzetti, aseguró que “nosotros refuncionalizamos las fuentes y hacemos mantenimiento permanentemente en la plaza”. Lo que pasa, arriesgó, es que “la gente no cuida las cosas”. Situación que hace que a pesar de que “tenemos una cuadrilla especial” que “una vez por semana limpia y trabaja en espacios verdes”, las cosas se “sigan rompiendo”.
Su historia
La plaza nace con la ciudad en 1650/60, cuando se traslada desde Cayastá al actual emplazamiento. Por ese entonces, los 300 habitantes se nucleaban en torno a la denominada “Plaza Mayor”.
A principios del XIX era el escenario de actividades políticas, religiosas y comerciales. Se presentaba como un descampado con terreno arenoso y falto de vegetación que se confundía con las calles aledañas.
En 1816 fue denominada “Plaza de la Independencia”.
En 1853 se la dio en llamar “Plaza del Congreso”, cuando aparecía como un campito delimitado por postes y con muchos paraísos.
En el año 1887 se constituye definitivamente con el nombre de 25 de mayo.
En 1892 ya vestía especies como las actuales palmeras, coníferas y magnolias. Sus calles fueron empedradas y más tarde se colocaron adoquines de algarrobo, cubriéndolas luego con asfalto.
A partir de la transformación de los circuitos comerciales, creación del puerto y crecimiento de la población, la plaza pierde su carácter comercial aunque mantiene sus usos de carácter político y religioso.
En el período comprendido entre 1937 y 1941 se renovaron los jardines y se construyeron veredas en sendas peatonales.
La plaza actual es el resultado de la intervención realizada en 1986, dentro del marco del “Plan para la Recuperación, Renovación e Intensificación del Área Fundacional”.
Este contenido no está abierto a comentarios

