LA POLICÍA NO QUIERE QUE SE JUEGUEN MÁS PARTIDOS DE RIESGO A LA NOCHE
La fachada de un consultorio odontológico destrozado con ladrillos, las ventanas de un tercer piso agujereadas con piedras, un gimnasio dañado con escombros y todo el frente de vidrio de una peluquería hecho añicos, fueron algunos de los destrozos perpetrados anteanoche por hinchas de Central que, según consignó la policía, reaccionaron ante los botellazos y piedras que les habrían tirado desde los edificios linderos al parque Independencia. Los incidentes se desataron tras el partido disputado el martes en el estadio de Ñuls entre Tiro Federal y Rosario Central y en momentos en que se desconcentraba la parcialidad canalla por Pueyrredón desde el 1600 al 1400. Anoche, y con los informes en la mano, la jefa de Policía de la provincia, Leyla Perazzo, afirmó que “existió actuación policial”, pero lanzó una severa advertencia: “La policía cree que los partidos de alta peligrosidad no pueden jugarse de noche, porque la oscuridad permite el vandalismo y aumenta el riesgo”.
Los incidentes del martes comenzaron -según coinciden vecinos y un parte oficial- cuando personas no identificadas ubicadas en las terrazas de dos edificios de Pueyrredón al 1600, arrojaron botellas y objetos contundentes a la parcialidad canalla que se desconcentraba por ese sector aledaño al parque Independencia.
La reacción no se hizo esperar y la furia centralista se desató contra comercios, consultorios y edificios que estaban a su paso. El más damnificado a la hora de evaluar los destrozos fue la peluquería ubicada en Pueyrredón 1447. Al frente del local no le quedó un vidrio sano y además le robaron dos secadores, tres tijeras, dos navajas y productos de belleza.
“Cuando ingresé me encontré con baldosas de la vereda repartidas en el piso, con las cuales tiraron abajo la pared vidriada. Estoy indignado. A mí ni me interesa el fútbol. ¿Cómo puede ser que se la agarren con un laburante”, se lamentó el peluquero Marcelo Muzzio, quien perdió el día de trabajo y 500 pesos para reparar los daños.
Pero a medida que los vecinos se iban encontrando con las veredas plagadas de cascotes y ladrillos, las quejas y reclamos iban en aumento. “Que se vayan a jugar al campo o a Buenos Aires, y nos dejen tranquilos”, suplicó una mujer. Pero otro hombre de avanzada edad se quejó por la inseguridad que sufren cada vez que hay partidos en el Coloso. “Esto es tierra de nadie, la calle parece que es de los violentos nada más”.
“Hubo actuación policial”
Perazzo justificó la acción policial al indicar que los uniformados “actuaron para retirar del lugar a los hinchas que estaban enfurecidos luego de los disturbios que se produjeron cuando recibieron botellazos desde un tercer piso de un edificio ubicado en Montevideo y Pueyrredón. Esto demuestra que se actuó para lograr que los incidentes cesen”.
Para la máxima responsable de la policía santafesina estos sucesos “confirman que no están dadas las condiciones para que los partidos de fútbol de alta peligrosidad se jueguen de noche, porque el riesgo aumenta, la oscuridad facilita el vandalismo y se potencian todas la variables negativas. Esta es la postura oficial de la policía ahora y anterior al partido entre Central y Tiro Federal, y vale para todos los partidos que sean calificados de riesgo”, aseguró.
No obstante, Perazzo dejó abierta la puerta para abrir una investigación sobre el procedimiento policial del martes y prometió para el desarrollo del clásico (previsto para el 6 de noviembre en el Coloso) “reestudiar los operativos y conversar con los dirigentes de los clubes y de AFA cómo se replantea la situación”. Es más, la titular de la policía garantizó que “se trabajará seriamente para que estos hechos no vuelvan a producirse”.
La Capital no pudo contactar al jefe de Orden Público, Ricardo Ruiz. En cambio, el encargado del operativo en el estadio, Daniel Barrile, aseguró que los 600 policías custodiaron “sin problemas” el Coloso y sus adyacencias.
Ladrillos como armas
Pese a que desde la Unidad Regional II se afirma que unos 12 móviles custodiaron y acompañaron la salida de la parcialidad canalla, nada pudo evitar el saldo lamentable. Los hinchas agarraron lo que tenían a su alcance para descargar su enojo. Desde ladrillos de los canteros de las veredas hasta escombros de una obra en construcción resultaron útiles para responder a la provocación que provenía desde la terraza de dos edificios de Pueyrredón al 1600.
La versión de que la batalla la comenzaron simpatizantes de Ñuls fue ayer moneda corriente entre los vecinos del barrio.
El frente del consultorio odontológico del doctor Eduardo Sancho (a la altura de Pueyrredón al 1600) fue dañado con ladrillos extraídos de la cazuela que contiene un árbol. No sólo le rompieron gran parte del frente de vidrio, sino que abollaron las rejas de metal colocadas en su exterior. “Los daños me los paga el seguro, pero igual esto es una barbaridad”, subrayó.
Otro destrozo se pudo apreciar en Pueyrredón 1632. Aparentemente le arrojaron piedras, que no llegaron a perforar el vidrio (quizás por la resistencia del material) pero dejaron dos aureolas marcadas.
“Pese a que soy hincha de Central, esto me parece una barbaridad. Somos del barrio y tenemos que tomar ciertas precauciones cuando hay partido en el estadio de Ñuls. Solemos evitar la calle en el horario de salida de los hinchas para eludir riesgos”, contó Carlos, acompañado por su hija.
El Euro Gym de Pueyrredón 1450 tampoco zafó. Con escombros de un cantero, colocados en la vereda porque están refaccionando el gimnasio, agujerearon un vidrio del primer piso y rajaron otro que no lograron romper porque es de blíndex. La postal que dejó el paso de la parcialidad canalla se asemejó mucho al vendaval de destrozos que dejaron los hinchas leprosos el último clásico disputado el 29 de agosto, en el Gigante de Arroyito. ¿Volverán a repetirse las mismas escenas?
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