LA PRESIÓN EXPANSIVA DE LA SOJA RENUEVA EL DEBATE POR LOS SUELOS
Ecologistas y representantes de los principales países productores de soja debaten desde ayer en Asunción el futuro del cultivo de la oleaginosa para responder a la creciente demanda mundial, con el aumento de la productividad o de la superficie de área cultivada, algo que no desean los primeros.
Expertos y productores de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, China e India, así como especialistas de entidades que financian la agricultura analizarán el cultivo sustentable del grano, en el II Foro Global sobre la Soja Responsable, que se realiza en un hotel de las afueras de Asunción.
El argentino Roberto Pedretti, presidente de Confederación de Asociaciones Americanas para la Agricultura Sustentable (Caapas), dijo que uno de los desafíos del sector en el mundo es determinar si se podrá responder a la demanda como hasta ahora.
“Hace cuarenta años la demanda era de 1.000 millones de toneladas al año y se producía alrededor de esa cantidad. Las proyecciones para 30 años en adelante se perfilan en 4.000 y 6.000 millones de toneladas; la pregunta es cómo vamos a hacer para crecer 2.000 ó 4.000 millones de toneladas con los mecanismos conocidos”, afirmó Pedretti.
El empresario refirió como únicos caminos el aumento de la productividad, situada en la actualidad en torno a los 2.700 y 2.900 kilos por hectárea, o la extensión de las áreas de cultivo, algo que los conservacionistas condicionan a territorios ya utilizados para la agricultura y no a costa de bosques tropicales.
¿Hacia dónde ir?
“Si consideramos además la ganadería extensiva y la producción de otros granos, nos quedan solamente la posibilidad de incorporar entre 200 y 300 millones de hectáreas, es decir un 20 por ciento de los suelos aptos”, aseveró Pedretti, quien indicó que ya no hay más áreas de cultivo sustentable en el norte de Argentina, en Brasil, centro de Africa y algunas regiones de Asia.
El empresario advirtió que en algún momento se registrará “un irremediable crecimiento del área”, porque “va a ser muy difícil parar la presión de la expansión”, aunque insistió en que la productividad sustentable de la soja “no tiene que ser mirada como una actividad de expoliación”.
Por su parte, el brasileño Daniel Nepstad, del Instituto de Investigación de la Amazonía, dijo que en este momento se vive una “revolución tropical”, al explicar que de aquí hasta el 2050 se puede perder la mitad de la selva amazónica si se mantiene la actual tasa de expansión de las tierras para la explotación agropecuaria.
En su intervención ante el Foro, Nepstad abogó por obligar a que los nuevos proyectos agrarios en las regiones boscosas tropicales dediquen a protección ambiental hasta el 50 por ciento de las parcelas.
Frente al hotel donde transcurren los debates un grupo de campesinos y ecologistas realizaron una protesta contra el cultivo intensivo de la oleaginosa.
Los manifestantes responsabilizaron al esquema productivo de la migración masiva de los campesinos a las áreas urbanas, entre 90.000 y 100.000 en la última década en Paraguay, y de las enfermedades causadas por el mal uso de los químicos empleados en las fumigaciones de áreas de cultivo.
Entre países y transgénicos
La producción mundial de soja está encabezada por Estados Unidos, con 85 millones de toneladas de granos al año, seguido por Brasil (56), Argentina (40), China (16), India (6) y Paraguay (3,7), según datos de la Cámara Paraguaya de Exportadores de Cereales y Oleaginosas (Capaeco).
En la Argentina, prácticamente el 100 por ciento de la producción es de soja genéticamente modificada; en Paraguay, el 78 por ciento, mientras que en Brasil se sitúa entre en el 55 y 60 por ciento.
Los organizadores del foro aclararon que el tema de la soja modificada no forma parte de la agenda, si bien reconocen que las opiniones en el Comité Organizador sobre los beneficios y riesgos de esa variedad “son muy diversas”.
La presidenta del Foro, Sheila Abed, destacó en el acto inaugural que la realidad del sector punta a dos escenarios, uno interno, con un marco político y legal que no acompaña el impulso de la demanda creciente, y otro externo, en el que se enfrenta a las distorsiones que causan los subsidios agrícolas de EE.UU. y la Unión Europea (UE).
El gran dilema
Los especialistas debaten entre el hambre del mundo y la sustentabilidad de los suelos y el medio ambiente. En 30 años, la demanda de soja se incrementaría hasta en 4 mil millones de toneladas, y la expansión de las áreas sembradas es el centro de la controversia. Brasil perdería la mitad de la selva amazónica si se mantiene el ritmo de tala en la zona. En el norte de la Argentina, Brasil y el centro de África ya no hay áreas sustentables para la soja, según los especialistas.
Este contenido no está abierto a comentarios

