LA PROVINCIA Y LA UTN CONTROLAN LOS NIVELES DE LA RADIACIÓN DE LAS CAMAS SOLARES
Las fiestas fuera de la temporada estival, las épocas de exámenes y los compromisos laborales que impiden estar bronceados aún en verano o simplemente el deseo de lucir el color caribeño durante todo el año lleva a muchas mujeres y hombres a recurrir a las camas solares.
Todos los equipos, sean horizontales, verticales o faciales que se encuentran en centros de estética y gimnasios emiten radiaciones ultravioletas (UV) que pueden resultar perjudiciales para la salud si son suministradas en forma inapropiada.
Hasta fines de 2005 se desconocía con exactitud el tipo e intensidad de rayos UV que irradiaban las lámparas existentes en los locales de bronceado de Santa Fe. Tampoco se sabía si el equipamiento era operado por personal idóneo y si los clientes eran informados sobre los riesgos potenciales generados por la exposición a la luz ultravioleta. Éstos y otros aspectos fueron incluidos en la resolución 014/2004 del Ministerio de Salud de la provincia que tiene como finalidad regular la actividad y preservar -tanto como sea posible- la salud de los usuarios.
“Hasta ahora los propietarios de los centros de bronceado no controlaban el valor de radiación que pasaban sino que tenían los equipos de bronceado que ofrecía el fabricante con las indicaciones que les daban ellos. Probaban las lámparas y cuando detectaban un error las cambiaban”, comentó la ingeniera Irene Steinmann, del Grupo de Investigación de Sistemas Eléctricos de Potencia (Gisep) de la UTN.
Los controles comenzaron a implementarse recién este año porque el Área de Radiofísica de la Provincia, encargada de hacer cumplir la normativa, no disponía del equipamiento idóneo para realizar las mediciones.
El fotómetro y radiómetro necesario para detectar la radiación UV en todos sus tipos (UVA, UVB y UBC) e intensidades fue adquirido recientemente por la Universidad Tecnológica Nacional. Es de origen estadounidense y costó 12 mil dólares. Ahora es utilizado por el Gisep para prestar apoyo técnico a la provincia.
PANORAMA
Durante el 2005, Radiofísica Sanitaria relevó los centros de bronceado artificial que funcionan en grandes ciudades de la provincia y el tipo de lámparas que emplean. En Santa Fe detectaron 10, en Rosario 40, en Reconquista 5, en Rafaela 3 y en Venado Tuerto 5.
En diálogo con el Litoral, el ingeniero Carlos Caspani, del Área mencionada, señaló que hasta la fecha midieron el nivel de radiación en aproximadamente 15 camas solares de los tres locales más importantes de Santa Fe y Rosario.
El resultado de los primeros controles fue satisfactorio. “Las camas horizontales más fuertes están por debajo del valor de irradiación efectiva (0,3 wats por metro cuadrado) que fija la resolución y las más suaves un 30 por ciento por debajo de lo que se indica allí”, señaló Steinmann.
Las que se exceden del valor fijado en la normativa son los equipos de bronceado faciales “que se ha calculado que emiten un watt (o vatio) por metro cuadrado”, sostuvo la profesional. Tanto Steinmann como Caspani aclararon que dicho valor está en estudio (y puede ser modificado) debido a que la legislación internacional admite valores mayores de irradiación efectiva para el rostro; distinción que no fue realizada en la resolución provincial.
MANTENERLAS
El tipo e intensidad de la radiación que llega al individuo no sólo depende de la potencia de la lámpara sino también del filtro. “Las camas solares están compuestas por una serie de lámparas especiales, la mayoría de las cuales son de tipo fluorescentes y poseen una película que deja pasar un componente de la radiación ultravioleta (UVA) y filtra otros que son nocivos para la salud (UVC y UVB)”. En el caso de las camas que tienen lámparas de vapor de mercurio, los filtros no vienen incorporados sino que hay que colocarlos aparte”, explicó Irene Steinman.
Las protecciones tienen una vida útil y se degradan con el paso del tiempo; razón por la cual la profesional recomienda el recambio de las lámparas luego de 300 ó 500 horas de uso, dependiendo del fabricante. En el caso de las de tipo facial hay que asegurarse también que el filtro que se interpone entre la persona y el equipo que emite calor “no esté rayado o rajado”.
El estado de las lámparas es elemental ya que “si no tienen un buen mantenimiento pueden emitir más UVB y traer problemas como quemaduras y, a largo plazo, aumentar las probabilidades de contraer cáncer de piel”, señaló Steinmann, quien aclaró que la exposición excesiva al sol genera idénticos riesgos.
INFORMAR AL CLIENTE
A partir de ahora y de acuerdo a la resolución vigente, los usuarios pueden exigir que los aparatos de bronceado están supervisados por personas idóneas, que deberán recibir una capacitación especial para poder operarlos.
Además los dueños de los locales tienen que proveer al cliente lentes adecuados para proteger los ojos durante la exposición, publicar la tabla con los tipos de piel y el tiempo de exposición recomendado y brindar información detallada sobre los riesgos que puede generar la luz UV.
La normativa exige colocar en la sala de espera o recepción un cartel (visible y legible a una distancia de 5 metros) en el que figuren los siguientes datos:
– Las radiaciones ultravioletas pueden provocar cáncer de piel y dañar gravemente los ojos.
– Es obligatorio utilizar gafas de protección.
– Ciertos medicamentos y los cosméticos pueden provocar reacciones indeseables.
– No se permite su uso a menores de dieciocho años y está desaconsejada en mujeres embarazadas.
Los propietarios de los locales deberán llevar también un registro con los datos personales de los usuarios, identificación del aparato utilizado, las recomendaciones específicas que se le hayan proporcionado, la duración de la sesión de exposición radiante y el tipo de dosis total recibido con el fin de llevar un adecuado control.
A pesar de que la resolución está vigente, el organismo de control informó que se estudian distintos aspectos para mejorarla. Uno de los ítems en discusión -además de la intensidad máxima de radiación ultravioleta que pueden emitir las camas solares faciales- es el permiso de uso a menores a 18 años.
“En todos los centros de bronceado artificial que hemos visitado nos dicen que el 70 por ciento de los usuarios son menores: las utilizan las chicas cuando cumplen 15 años y cuando es época de recepciones. Por eso estamos revisando este aspecto y tal vez pensamos permitir que las utilicen pero con el consentimiento de los padres, tal como dice la legislación porteña. De esa forma solucionaríamos el problema de hacer que la resolución sea cumplible”, resaltó Caspani.
LOS EFECTOS EN LA PIEL
En dosis adecuada y evitando la exposición en los horarios desaconsejados por los médicos, la radiación ultravioleta es utilizada como fuente de energía y fijadora de vitamina D. Pero la sobreexposición, tanto al sol como a las camas solares, genera la aparición de afecciones cutáneas e incrementa las posibilidades de desarrollar otras precursoras del cáncer de piel.
“Los dermatólogos y la Sociedad Argentina de Dermatología no están de acuerdo con el uso de las camas solares porque pueden producir desde un eritema, que es un simple enrojecimiento de la piel, hasta el agravamiento de lesiones preexistentes. La más frecuente es la queratosis actínica -un mancha con crosta áspera- que puede llegar a ser precursoras del cáncer de piel”, sostuvo Silvia Paredes, directora provincial del Programa de Dermatología Sanitaria.
La especialista señaló que las personas de pieles más blancas, “que se queman pero no broncean”, son las que más comprometen su piel a la hora de exponerse a las radiaciones ultravioletas porque no tienen melanina suficiente que defienda al organismo de la agresión externa.
No obstante, a la hora de exponerse a las camas solares, no sólo tienen que tener mayores recaudos las personas con piel muy clara sino también quienes estén tomando medicinas o tengan lunares que se degeneren con facilidad. “Hay determinados medicamentos que producen efecto de fotosensibilidad y fenómenos fotoalérgicos. Hay que tener mucha precaución con los antiinflamatorios, analgésicos, antipalúdicos, diuréticos y anticonceptivos, que pueden parecer inocuos, pero pueden ser fotosensibles. Es decir, que el eritema común puede activarse con las radiaciones ultravioletas y agravar el simple enrojecimiento de la piel, generando una quemadura o eventualmente una ampolla. Si hay un lunarcito inofensivo también puede acelerar el proceso y convertirse en un factor precursor del cáncer”, señaló Paredes.
Otra consecuencia directa de la exposición excesiva a las radicaciones ultravioletas y contra la cual los hombres batallan desde muy temprana edad es el fotoenvejecimiento. “Uno ve en el consultorio gente de unos 25 a 30 años con un importante daño solar. Su piel representa más edad de la que tiene cronológicamente”, comentó Paredes.
Con las camas solares sucede lo mismo, sólo que en cuentagotas. Lo ideal es hacer un uso racional tanto de las fuentes artificiales como naturales de luz UV para evitar agotar nuestro “capital solar” -como lo llamó Paredes- antes de tiempo.
“Todos tenemos una determinada cantidad de protección solar ante las agresiones ultravioletas. Uno puede gastarla toda, y al igual que una cuenta en el banco, después empiezan a trabajar en rojo. Es decir, empiezan los problemas en la piel. Lo ideal es adecuar la cantidad de cama solar o sol al tipo de piel y no abusar”, aconsejó la profesional.
Este contenido no está abierto a comentarios

