LA RECONSTRUCCIÓN DE UN ESTADIO REAVIVA LA FURIA Y EL DOLOR DE LAS VÍCTIMAS DEL KATRINA
Al ingresar al Superdomo, el epicentro de la miseria que generó el huracán Katrina en Nueva Orleans hace un año, vuelven inmediatamente a la memoria las terribles imágenes de la desolación, la desesperanza de miles y miles de afroamericanos que en busca de refugio llegaron aquí con sus bebés en brazos, sus ancianos en sillas de ruedas y sus enfermos en camillas improvisadas.
Al subir a los palcos oficiales que han sido totalmente rehechos con butacas de cuero y todos los lujos, es imposible no recordar cómo este famoso estadio, uno de los orgullos de esta ciudad, se transformó en aquel momento en uno de los ejemplos más patéticos de la crueldad y la ineficacia de un gobierno que no supo proteger a sus habitantes más pobres frente a una de las catástrofes naturales más violentas que ha vivido el país.
El Superdomo está ahora por reabrir sus puertas y las autoridades están tratando de “vender” su rápida reconstrucción como un símbolo de la recuperación de Nueva Orleans.
Pero terminar con las miserables imágenes que proyectó al mundo este estadio no será nada fácil.
Esta corresponsal participó de una visita al Superdomo el jueves pasado organizada como parte de ese esfuerzo. Sin embargo, durante el recorrido fue difícil no pensar en cómo los autobuses que deberían haber provisto para la evacuación permanecieron estacionados en sus “parkings”.
La manera en que cientos de personas murieron en los áticos de sus casas esperando en vano que alguien los viniera a rescatar. Y cómo los que lograron llegar al Superdomo, el refugio, descubrieron con horror que éste también estaba inundado. Las 20.000 personas que se habían refugiado allí se encontraban hacinadas en condiciones lamentables, sin luz ni agua.
Oficialmente hubo cuatro muertos por asfixia, un suicidio, pero hay quienes dicen que fueron muchos más. Hubo mujeres violadas y niños a los que les será muy difícil superar lo que vivieron.
“El Superdomo fue un póster de la miseria y el sufrimiento durante el huracán”, reconoció a Clarín Doug Thourton, el vicepresidente de SMG, la compañía que administra el Superdomo. “Pero no queríamos que Katrina fuese el último capítulo de Superdomo. El mensaje es que si se puede reconstruir el Superdomo también quizá podemos reconstruir nuestras casas, nuestros barrios.”
Si bien el Superdomo es el estadio donde habitualmente juegan los Saints, el equipo de fútbol norteamericano de Nueva Orleans, y se inaugurará el 25 de setiembre próximo con un partido de los Saints contra su rival importante, una especie de River-Boca. El profesor Leonard Moore, de la Universidad de Louisiana, dice que los 185 millones de dólares que costó su remodelación deberían haber tenido otro destino.
“La mayoría de los negros víctimas del huracán no pueden pagar una entrada para ir a ver un partido de los Saints. Los 185 millones deberían haber sido destinados a ayudarlos”, dijo Moore.
Wilfred Harrington, un arquitecto argentino que trabaja en la reconstrucción del Superdomo, no está de acuerdo. El estadio genera trabajos y trae mucha plata a la ciudad. “Se habló de destruirlo, pero construir uno nuevo hubiera costado mucho más y hubiera llevado por lo menos 4 o 5 años. La ciudad hubiera perdido ingresos importantes”, dijo a Clarín.
La rápida reconstrucción del Superdomo contrasta enormemente, sin embargo, con la lenta reconstrucción de los barrios más pobres. “Yo perdí allí mi casa”, dijo Charles Taylor, un negro de 37 años, con cuatro hijos, que recibió a Clarín en la casa rodante que le dio el gobierno: “No sé cuándo van a demoler mi casa, ni si me van a ayudar a reconstruirla.”
El llamado Ward 9, donde vivía Taylor, sigue siendo la mejor prueba de la ineficiencia reinante. Allí las casas quedaron totalmente destruidas. Un año después, el barrio sigue siendo una gran pila de escombros lleno de ratas y de víboras.
Más aún, el gobierno destinó 100.000 millones de dólares para la reconstrucción de la ciudad, pero por problemas burocráticos sólo 44.000 millones han sido desembolsados. Menos de un tercio de las escuelas, sólo 3 de los 22 hospitales y la mitad de los autobuses están funcionando. Hay aproximadamente 70.000 familias que como Taylor siguen viviendo en casas rodantes.
Truenos, rayos y una lluvia torrencial marcaron el inicio de las ceremonias que están teniendo lugar en Nueva Orleans para conmemorar el primer aniversario del huracán, llamadas “Manos alrededor del Superdomo”: el evento reunió sólo a cien personas. Estaban presentes el intendente Ray Nagine y otras autoridades.
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