LA REVANCHA DE GRONHOLM.
Finalmente, después de cuatro días de idas y venidas, problemas de organización, penalizaciones atípicas y errores de conducción varios, la práctica revalidó la teoría. En definitiva, se cumplieron los pronósticos. El campeón mundial, el finlandés Marcus Gronholm, se impuso en el Rally de la Argentina, quinta fecha del campeonato mundial de la especialidad, y ahora se ubica a sólo dos puntos del líder del campeonato, su compañero del equipo Peugeot, el británico Richard Burns, que ayer finalizó tercero.
El modelo 206 es el auto a vencer. Para muchos, la supremacía que posee la marca francesa en la disciplina es comparable con la que Ferrari mantiene en la Fórmula 1. Al margen de las comparaciones, que suelen ser odiosas, esta carrera tuvo características muy particulares, que definieron el resultado final.
De hecho, el gran protagonista, fuera de la victoria definitiva, fue el español Carlos Sainz, que con su Citroën Xsara ascendió y descendió en el clasificador. El piloto de Madrid fue el gran perdedor, ya que gozaba de una ventaja cercana a los 40 segundos cuando recibió la penalización por presentarse un minuto antes de lo debido al control de la asistencia. Un error que lo asumió su navegante, Marc Martí, al indicarle el ingreso de manera prematura.
Con el peor ánimo salió a correr la tercera etapa, también particular por contar con dos primes postergados del sábado (tras los inconvenientes con el cronometraje), y recuperó terreno hasta llegar al segundo lugar. Los abandonos del estonio Markko Martin, que anteayer marchaba primero en la general (perdió presión de aceite) y el retraso de Richard Burns (problemas con el turbo) le cortaron, en parte, la amargura del inadmisible error que lo marginó de la victoria.
Gronholm ganó. Fue el más espectacular en las sierras. Y le dio a Peugeot el triunfo en la Argentina después de 18 años: “Estoy muy feliz. Estaba obligado a salir a concretar un ritmo veloz y constante, ya que el error del primer día (golpeó una piedra y efectuó un trompo) nos retrasó. El equipo me dio un auto que se comportó fantásticamente”, comentó el vencedor, que, como se dice en las sierras, sale a “matar o morir”: de las cinco fechas del campeonato, ganó en tres (Suecia, Nueva Zelanda y en la Argentina), mientras que en las dos restantes no sumó puntos.
Este triunfo no es uno más para el team francés. Durante la estada en la Argentina, la gente de Peugeot recordó el año último, cuando Gronholm y Burns fueron desclasificados y la victoria recayó en las manos de Carlos Sainz, piloto de Ford en aquel entonces.
Corrado Povera, director deportivo de Peugeot, felicitó a su gente, aunque se hizo un espacio para criticar los problemas que aquejaron a esta competencia: “No me importa quién es el responsable. Pero estas cosas no pueden suceder. Este deporte existe gracias a los relojes, que no pueden fallar. Ya pasó algo parecido en otras carreras del Mundial”.
El 23er Rally de la Argentina ya pasó a ser parte de la estadística en el Mundial. Aquí se demostró la superioridad del equipo Peugeot, la pasión asombrosa de un público que genera un espectáculo único en el mundo, con cerca de 1.500.000 personas, los errores de experimentadas tripulaciones y las sospechas de las suspensiones y los retrasos de anteayer, en medio de una controversia por las fallas en el sistema de cronometraje. Características de una carrera distinta y singular.
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