La revolución del linchamiento
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Nadie duda de la importancia de un cambio de paradigma en cuanto a los roles de los varones y las mujeres. Sin embargo, el tratamiento mediático que se ha dado a la revolución de las actrices ha opacado, tal vez inocentemente, la diferencia entre denuncia judicial y denuncia social, y, sobre todo, la diferencia entre escrache y linchamiento público.
Por Analía De Luca
La revolución de las actrices: los datos
Thelma Fardín radicó una denuncia por abuso sexual contra Juan Darthés en Nicaragua, el último 4 de diciembre. Según indicó, el actor abusó de ella hace nueve años, durante una gira artística del programa “Patito Feo”, cuando, –además- ella menor de edad.
El 12 de diciembre, integrantes del Colectivo de Actrices Argentinas acompañaron a Fardín a una conferencia de prensa donde relató el episodio a través de un video que, inmediatamente, se viralizó.
En tanto, el 19 de diciembre, TN informó que el embajador argentino en Nicaragua, Marcelo Valle Fonrouge, fue removido por el presidente Mauricio Macri, quien –todavía- no ha designado un reemplazante en el cargo. El funcionario había declarado que la causa debía llevarse a cabo en Argentina y no en Nicaragua, como pretendía Sabrina Cartabia, la representante legal de la víctima.
La posición de Darthes: “Ya está, yo estoy muerto”
Juan Darthés, desde su casa en Nordelta, solo dio su versión de los hechos en exclusiva a Mauro Viale, el 13 de diciembre. Ante la cámara, el actor aseguró que Fardín se le insinuó: “Ella golpeó la puerta de mi habitación, yo la saqué de mi habitación, al tiempo que lamentaba “ya está, yo estoy muerto”.
Ana Rosenfeld, Fernando Burlando y Matías Morla rechazaron, uno tras otro, patrocinar al actor. Una semana después, sin defensa confirmada, tras un hackeo a su web oficial y la cancelación de un show en Salta por parte de la organización, en la mañana del jueves 20 de diciembre, Darthés viajó con su familia desde Rosario a Brasil, desatando una nueva polémica: el actor nació en el país limítrofe, y, allí, el Artículo 50 de la Constitución estipula que “ningún brasileño será extraditado”.
Repercusiones: el espectáculo de la agresión sexual
El 16 de diciembre, Página 12 publicó una entrevista a la antropóloga Rita Segato, especialista en violencia machista, donde la especialista advierte sobre el peligro de que la noticia de una agresión sexual “se instale como un espectáculo en los medios”.
Es que, a raíz de la denuncia Thelma Fardín, una ola de escraches a Juan Darthés y otros reconocidos del espectáculo en medios tradicionales y redes sociales invadió la agenda y hasta “Mery” del Cerro se animó a contar por primera vez un abuso ocurrido hace once años ante las cámaras de Showmatch, mientras Jimena Barón lloraba desconsoladamente en un acto de profunda empatía y en primera persona se lamentaba: “no puedo creer enterarme así, ahora, acá” y “no sé cómo no me dijiste”.
La antropóloga ensayó una explicación: “hoy en día existir bajo el lente mediático parece ser para muchas personas la única forma de existir; es un fenómeno de nuestro tiempo” y alentó a “repensar las coberturas en casos de agresiones sexuales”.
Porque este tratamiento de la información centrado en la muerte social y la dicotomía entre el “yo le creo” y el “yo no le creo” ocultó el dato cierto de que -más allá de las sensaciones que dejan las anécdotas- Juan Darthés no tiene ninguna denuncia judicial radicada en nuestro país, aunque muchas mujeres dieron testimonio de sus comportamientos agresivos: Calú Rivero, Ana Coacci y Natalia Juncos también lo denunciaron públicamente a Darthés por abusos, aunque ninguna realizó una demanda formal.
Linchamiento y escrache no son lo mismo
Más allá del curso que siga la causa Fardín vs. Darthés en la justicia nicaragüense, cabe reflexionar –como distingue Segato- que linchamiento y escrache no son lo mismo: “el escrache, como lo habilitamos en Argentina cuando el Estado se volvió genocida, se elabora a través de un “proceso”, que es de justicia, aunque no de justicia estatal. Cuando la justicia estatal falla, otras formas de justicia aparecen, pero no son espontáneas, pues hay deliberación, consulta, escucha, y la consideración por parte del colectivo de que se puede estar cometiendo un error. El linchamiento – en tanto – es una forma de ejecución sin ninguna de esas garantías; es una ejecución sumaria, y extrajudicial en el sentido de que no está sometida a ningún tipo de deliberación, ni estatal ni de la colectividad en cuanto tal”.
Revisando la historia, la especialista recordó los antiguos espectáculos masivos de linchamientos de brujas y lamentó que algunas feministas utilicen esta arma patriarcal: “cuidado con los linchamientos, pues hemos defendido por mucho tiempo el derecho al justo proceso, que no es otra cosa que el derecho al contradictorio, a la contradicción, al contraargumento en juicio”. “Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás”, auguró, y pidió prudencia a los medios: “porque no informar, es decir, desinformar, también es problemático”.
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