La ruta del adobe
Sólo para los que saben mirar con minuciosidad se puede acceder a la Ruta del Adobe. Hay una señalización magra y una tradición muy rica a la que vale acceder. Se trata de un recorrido por los primeros kilómetros de la ruta que va de Tinogasta a Fiambalá, donde el tiempo se ha detenido y pide que alguien venga a rescatar la historia.
En El Puesto, un pueblito de calles angostas y pobladores de apellidos históricos y pioneros; en el Oratorio-Museo de los Roquera que hace pensar que una mujer de polleras negras de la España profunda se aparecerá de momento; en las iglesias que se reconstruyen como quien reconstruye un recuerdo, el siglo XVI se queda a vivir en la ruta del adobe.
Todos los edificios guardan piezas originales, aún cuando algunos fueron reconstruidos. Es que, 1740 queda bien lejos y la memoria, a veces también. Dos hombres están enseñándole a un periodista ambulante un sitio donde todo, pero sobre todo el tiempo, se mide de otra manera.
Detrás de las ruinas de una finca se asoma una quebrada por la que Diego de Almagro llegó con su espada conquistadora. Se sabe que ahora la conquista de cuece con hornos mejores, pero el baño de historia ha quedado para siempre allí, desde los tiempos en que Catamarca era rica porque desde esos puntos en los que ahora estamos parados, partían los comerciantes a llevar productos a Chile.
La recorrida sigue hacia donde el barro y la paja de las edificaciones irá dejando lugar a médanos inaccesibles y a leyendas de gigantes dormidos en las montañas muertos por jefes diaguitas. El intendente Hugo Ávila le ganó la interna a Barrionuevo y ahora le quiere ganar a la histórica parsimonia cultural de la zona para convertirla en un polo atractivo para inversores y turistas. En la ruta del adobe hay con qué.
—
Este contenido no está abierto a comentarios

