LA SEGURIDAD DE BUSH DURANTE LA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS
Dos camionetas con equipos especiales para interceptar comunicaciones que integraban el operativo de seguridad del presidente estadounidense George W. Bush fueron las responsables de los bloqueos a las llamadas a teléfonos celulares que se produjeron en Mar del Plata durante la IV Cumbre de las Américas.
Así lo indicaron a Télam fuentes de inteligencia argentina, que revelaron que dos camionetas negras con antenas en el techo interfirieron al menos en tres oportunidades las ondas telefónicas para evitar que sean utilizadas para activar artefactos explosivos.
El primer cono de silencio se percibió en cuanto llegó el presidente norteamericano al aeropuerto de Mar del Plata: varios periodistas sufrieron el corte de sus comunicaciones en los teléfonos celulares.
El segundo corte de líneas se produjo en el viaje entre la base naval y el hotel donde se hospedó el titular de la primera potencia mundial. Fue el primer traslado terrestre de Bush.
En la caravana de rodados de la comitiva norteamericana iba una camioneta negra reluciente con dos antenas en el techo, cuya misión fue interferir las ondas telefónicas que podrían activar artefactos explosivos.
Si bien nadie certifica la existencia de las camionetas, expertos de inteligencia argentina aseguran que dos “van” cuatro por cuatro portaban, detrás de sus vidrios polarizados, sendos aparatos neutralizadores o interceptores de frecuencias de telefonía móvil.
VEINTE SEGUNDOS CLAVE
La tercera vez en que se produjo este cono de silencio fue cuando el político texano se acercó al hotel Hermitage, sede del desarrollo de la Cumbre de las Américas. La capacidad demostrada por las camionetas fue el corte de la frecuencia telefónica durante 15 a 20 segundos, el tiempo que demanda el paso veloz del titular de la Casa Blanca.
Ese lapso estimado de tiempo alcanza para cometer un atentado terrorista terrestre, según los expertos. Más allá de eso, la onda expansiva de una explosión pierde el efecto destructor. La frecuencia de un celular puede servir de guía para un misil, como ocurrió hace unos años con el artefacto contra un líder de la resistencia chechena, muerto por un ataque de origen ruso. También hubo otros casos en Palestina, donde los misiles de israelíes acabaron con la vida de miembros de Al Fatah o de colaboradores de Yasser Arafat.
En combinación con la seguridad estadounidense, la Argentina desplegó un sistema de defensa militar que dejó satisfechos a sus pares norteamericanos, aseguran los hombres de las FF.AA. que tuvieron contacto diario e intenso durante los siete días en que se extendió el control naval y aéreo de la cumbre presidencial.
El Estado argentino dispuso 30 aviones de combate, 4 fragatas y varios helicópteros con capacidad como para repeler un ataque aéreo o naval. Alrededor de 1750 militares argentinos (entre aeronaúticos y marinos) tomaron parte del mayor operativo de defensa que organizó el país desde la salida de la Guerra de Malvinas.
“No fue un ejercicio combinado, fue un hecho militar en circunstancias reales”, describió a la agencia Télam una fuente de la Fuerza Aérea. Los caza interceptores A4-AR portaron 10 misiles por primera vez desde Malvinas, en 1982, cuando gran parte de los 60 aviones argentinos caídos fueron derribados por los Sidewinder aire-aire, comprados a los norteamericanos a un precio político.}
Siempre hubo en vuelo aviones argentinos desde el 1 de noviembre hasta el 7 a mitad de mañana y otra escuadrilla permaneció en actitud de combate en la cabecera de pista de la VI brigada áerea de Tandil.
CONTROL TOTAL DE AIRE Y MAR
Si hubiera habido algún alerta, “se calcula que en no más de tres minutos, los cazas habrían interceptado al avión extraño”, relató a esta agencia uno de los participantes de la Fuerza de Tareas XV.
La Aeronáutica trasladó desde el norte un radar tres dimensiones (3-D), cuyo centro de recepción informativa funcionó en el balneario de Mar Chiquita.
El jefe del operativo fue el brigadier Gabari Zozo, ex piloto de Dagger durante Malvinas, y fue secundado por el comodoro de marina, Francisco Galia.
En el recinto del Centro de Información y Control (CIC) estuvo siempre un general de la fuerza aérea norteamericana, que recibía las señales de los 4 aviones Awacs estadounidenses.
En el centro hubo dos pantallas con el mismo mapa: Mar del Plata y sus alrededores. Una era de origen argentina y la otra norteamericana. La Fuerza Aérea asegura que “no hubo nunca ni la más mínima diferencia informativa entre la pantalla argentina y la
norteamericana”.
La pantalla argentina se nutrió, además, con la información proporcionada por los grupos Roa, esto es, personal militar disperso en el campo con una radio, que a la menor señal informan que vieron pasar tal o cual objeto.
Los Awacs norteamericanos funcionaron de a dos. Volaron en círculo sobre Mar del Plata a 10.000 metros y a la mitad del turno se abastecieron de tanques de combustible volantes.
En cada uno de los Awcas hubo tres militares argentinos, uno en la cabina de comando y otros dos operando en los visor radar.
La base de descanso y reaprovisionamiento fue Espora, la misma donde están estacionados los cazabombarderos Super Etendart de la Armada.
“El control del aire y del mar fue total”, describió un oficial superior aeronáutico. Los Awacs desde el aire podían ver lo que ocurría hasta Ezeiza y otro tanto hacia el mar o la montaña, es decir, que cubrían un radio de 1.000 kilómetros a la redonda.
El radar 3-D y los grupos Roa aseguraron la invulnerabilidad de la zona de exclusión de 176 km con epicentro en Mar del Plata y regulando en tierra los norteamericanos tuvieron a mano en caso de reacción rápida 3 helicópteros CH-53, Sikorsky, artillados con la última tecnología bélica.
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