LA SELECCIÓN DE BIELSA DEBUTA FRENTE A ECUADOR
La historia de la Selección argentina en esta Copa América comenzará a escribirse esta noche a las 21.45 (hora de Buenos Aires) cuando enfrente a Ecuador en el estadio Elías Aguirre de esta cordial ciudad de Chiclayo.
La disyuntiva es de acero: será el punto de partida de una reivindicación futbolera tras la frustración del Mundial y los pasos vacilantes de los últimos encuentros de las Eliminatorias o significará un peligroso salto hacia el desconcierto. Sin términos medios. Todo parece indicar que —impulsado por las circunstancias o por sus propias convicciones— Marcelo Bielsa, el discutido entrenador, pondrá en marcha una nueva tendencia en la disposición del equipo. A la larga ausencia de Juan Sebastián Verón se le sumaron en los últimos tiempos las deserciones de Pablo Aimar, Juan Román Riquelme y Hernán Crespo, por motivos diversos. Pero sólo una de ellas —la de Crespo— es la que invita a creer en la reestructuración ideológica.
La simple presencia de Javier Saviola en el ataque propone un cambio radical. Y Bielsa parece dispuesto a intentarlo. Se dice parece porque es muy difícil entrarle en el pensamiento real al técnico. Sin embargo, en los últimos entrenamientos, aquí en Perú, se comprobaron ciertas variantes en el funcionamiento. Una, esencial: se redujo el envío de largos pelotazos buscando al delantero central como punto de referencia. Se jugó por abajo, asegurando la pelota y con eso se incorporó la pausa y se achicó el vértigo desproporcionado. Elementos básicos para encarar un cambio gradual en la mentalidad que la acerque más al gusto del aficionado de la Argentina.
Hay jugadores capaces para intentar la corrección en el funcionamiento, que no significa abandonar las obligaciones, de la marca, de la presión, de la sincronización de los relevos, de los cambios de ritmos. Sólo se tratará de jugar por abajo, buscando el toque y la profundidad. Todo parece indicar que, con Roberto Abbondanzieri en el arco, se planteará una línea de cuatro defensores (saldría uno, Quiroga) con Javier Zanetti y Juan Pablo Sorin en sus verdaderos roles de laterales. Con libertades para subir alternadamente, claro. Y con Javier Mascherano como pivote delante de esa línea, con Lucho González por la derecha y Andrés D’Alessandro en función de armador. El Kily González será una ayuda en el medio mientras que el Chelito Delgado acompañará a Saviola en un proyecto con carácter bien ofensivo.
La única verdad, por supuesto, se sabrá cuando la pelota comience a rodar. Como siempre en el maravilloso mundo del fútbol. Porque también juegan los rivales. Y es cierto que las diferencias se estrecharon entre los mejores y los peores (como dijo Bielsa) y como sostienen los propios ecuatorianos con palabras diferentes. El técnico Hernán Bolillo Gómez (colombiano, al cabo) fue explícito: “Nosotros (ecuatorianos y colombianos) ya le hemos perdido el miedo a los grandes. Antes hasta les mirábamos los zapatos que usaban cuando entraban en la cancha. Ahora podemos perder tres a cero o ganar nosotros por ese resultado, pero la distancia en el juego nunca será ésa”. Y Alex Aguinaga, la estrella eterna, coincidió con la idea de su técnico: “Jugaremos en campo neutral y no habrá tantas diferencias”.
La formación de Ecuador cuenta con una buena mezcla de experiencia y juventud. Y tiene rodaje. El joven De la Cruz se afirma en el oficio de Iván Hurtado. Y Ayoví en Obregón y en Chalá. Y Aguinaga queda como reserva. Para el ataque se esperaba —todavía ayer— la llegada de Agustín Delgado, el gigante goleador. Unos problemas personales (una denuncia sobre una supuesta paternidad) lo tuvieron demorado en su país. Si no juega él, lo hará Ordóñez. Ellos se tienen fe. Recuerdan la leve derrota en el Monumental, por las eliminatorias, como garantía.
El árbitro será el paraguayo Carlos Amarilla. La Copa América, viejo orgullo del fútbol argentino, empieza rodar. Y será el gran objetivo en la búsqueda de la reivindicación.
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