LA SELECCIÓN: MÁS ENGANCHE
Si bien siempre sonaron infundadas aquellas acusaciones sobre la rigidez táctica que lo describía a Marcelo Bielsa como un caprichoso, en el segundo ciclo al frente del seleccionado el entrenador ha ofrecido renovadas muestras de elasticidad estratégica. Del característico 3-3-1-3 de la etapa anterior, la llegada de las eliminatorias para Alemania 2006 alumbró un esquema 3-3-2-2 que, sin descuidar la patentada agresividad ofensiva, puso más acento en el cuidado de los recorridos creativos. Y ahora, como los recaudos que traería Ecuador para el choque del próximo martes por la 5a fecha de la ruta clasificatoria lo dejaría al equipo del Bolillo Gómez con un solo delantero de punta, Bielsa optaría por la partitura 2-3-2-3, de perfil bien audaz. Esta nueva flexibilidad, con especial acento en la búsqueda de mayor volumen de ataque, además tendría un seductor gancho popular: reunir por primera vez a Pablo Aimar, Juan Román Riquelme y Andrés D’Alessandro.
Con esta probable elección, siempre que Aimar esté físicamente en condiciones y Bielsa no prefiera la verticalidad del Kily González antes que la pausa de D’Alessandro, el técnico mantendría las tres puntas para tener todo el ancho del ataque cubierto proporcionalmente y además reforzaría la elaboración sin ceder delanteros. Es que el DT evitaría que en el fondo le sobren futbolistas sin posiciones referenciales que marcar porque el rival prácticamente desistiría de poblar su ofensiva.
Ya una vez Bielsa se atrevió a desparramar por la cancha el ultraofensivo dibujo 2-3-2-3. ¿Cuándo ocurrió? El 28 de marzo de 2001, en el Monumental, cuando Venezuela visitó a la Argentina por los desquites en las eliminatorias rumbo a Corea-Japón 2002. Ese día la selección formó con Burgos; Pochettino y Samuel; Vivas, Simeone y Sorin; Verón y Gallardo; Ortega, Crespo y el Kily González. La prueba salió perfecta y tuvo el respaldo de un 5 a 0 contundente, con tantos de Crespo, Sorin, Verón, Gallardo y Samuel. Aquella fue la primera vez que los hinchas corearon que de la mano/del Loco Bielsa/todos la vuelta vamos a dar. Un buen antecedente para la conquista del hoy esquivo corazón del hincha.
Sobran los ejemplos que avalan el apetito ganador de Bielsa. Si algo caracteriza a la selección es la voracidad que lleva como un sello distintivo. El entrenador varias veces explicó que la tarea defensiva del equipo nacional se adapta a la propuesta ofensiva que traiga el rival. Su plan base es que siempre haya superioridad numérica. Como en aquel encuentro apuntado los venezolanos sólo colocaron a Daniel Cari Cari Noriega de punta, la Argentina lo custodió con Pochettino y Samuel. Ahora, como el Bolillo Gómez también escogería el 4-4-1-1 como esquema de juego, Ayala y Samuel se encargarían de cubrir al atacante ecuatoriano que surgirá entre Carlos Tenorio -fue citado ayer- y Franklin Salas; o Agustín Delgado e Iván Kaviedes, que arrastran algunas dolencias. En caso de apremio o urgencias tácticas, el retraso de Zanetti o de Sorin por sus respectivos andariveles le otorgaría una fisonomía más nutrida a la retaguardia argentina.
Para Bielsa es lógica pura: si lo atacan con sólo un jugador, se defiende con dos. Si lo atacan con dos puntas -esto es lo que ocurre usualmente-, se cuida con tres. Y si el rival adopta la misma filosofía ofensiva que la Argentina, es decir que coloca tres delanteros, Bielsa se protege con cuatro defensores. Cuando el DT Juan Ramón Carrasco puso a Walter Pandiani, Ernesto Chevantón y Vicente Sánchez en el amistoso que inauguró el estadio de La Plata, la Argentina armó una línea de cuatro con Clemente Rodríguez, Daniel Díaz, Gabriel Milito y Federico Domínguez. Y cuando volvieron a cruzarse el mes siguiente en Florencia y Uruguay plantó a Ernesto Chevantón, Sebastián Abreu y Diego Forlán, la Argentina respondió con Zanetti, Ayala, Samuel y Placente. La ecuación es sencilla: que atrás siempre sobre uno y el volante central sepa replegarse hasta la cueva.
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