LA SELECCIÓN NECESITA RECUPERAR LA MEMORIA
Que los números no distorsionen la verdadera búsqueda. Lo que necesita la Selección argentina es afirmarse en el juego, convencerse de que transita por el camino adecuado, consolidar lo que demostró frente a Ecuador e insinuó ante México. Con el buen juego asegurado se podrá analizar el abanico de posibilidades con otra perspectiva. Ese es el punto de partida y para eso el partido de hoy, a las 21.45 de Buenos Aires, frente a Uruguay, en el estadio Miguel Grau, que le pondrá el candado al Grupo B de la Copa América, no sólo marcará el destino de la Selección; también servirá para tener una medida más precisa de su auténtico vuelo. Previamente, jugarán México y el eliminado y conflictuado Ecuador.
El equipo de Marcelo Bielsa convivió con algunos fantasmas durante los últimos días. La sombra de lo ocurrido en el Mundial de Oriente sobrevoló por las cabezas de varios jugadores. Los resultados se repetían: triunfo, derrota e incertidumbre. Pero así como los jugadores argentinos no se treparon al triunfalismo tras Ecuador, tampoco los dejó desacomodados la caída. Tal vez haya servido la iniciativa del propio Bielsa, en el vestuario perdedor, luego de la derrota del sábado frente a México (0-1). El entrenador alentó a uno por uno y hasta con un gesto paternal fue tocando las cabezas de los futbolistas y ubicándolos en ese nuevo escenario no deseado.
Que Argentina saldrá a buscar la victoria desde el comienzo no es ninguna sorpresa. Los equipos de Bielsa suelen hacerlo bajo cualquier circunstancia. La incógnita es saber qué esquema de juego utilizará el técnico para enfrentar a un Uruguay que se dispondrá tácticamente en forma distinta a los anteriores dos rivales (pondrá dos delanteros a diferencia de Ecuador y México, que usaron uno). Ayer, Bielsa repitió una vez más que saldrá decididamente a atacar (ver página 51).
La Selección optó por la línea de cuatro en estas dos presentaciones de Copa y dejó de lado la marcación con tres en el fondo. Bielsa tiene todo el derecho a elegir y ajustar de acuerdo a sus conveniencias. Pero sería una buena señal que el planteo se repitiese, porque el mensaje sería que la preocupación no se centra en el rival, que Argentina no cambia en función de Uruguay, sino que Uruguay tendrá que estar alerta y fijarse cuál es la dificultad que le puede plantear Argentina.
Lo que habrá que recuperar es esa capacidad para generar situaciones de riesgo y contundencia para concretarlas. Este último parece ser el gran inconveniente del equipo. Si D’Alessandro no entra en el juego de las provocaciones y está en sintonía con la pelota, a la Selección se le amplía el panorama; y si Saviola recupera parte de la eficiencia del primer partido, Argentina no tendría que tener demasiados problemas para superar a Uruguay.
El otro condicionante es el cansancio. Se jugaron tres partidos en una semana y los jugadores están en el final de temporadas exigentes. Se supone que éste sería el partido en el cual todos pueden sentir el esfuerzo. Bielsa haría una sola modificación: Clemente Rodríguez por el lesionado Juan Pablo Sorin.
Jorge Fossati, entrenador uruguayo, advirtió esa situación y dijo: “Voy a refrescar las piernas”. Por eso, promete cinco cambios con relación al equipo que venció a Ecuador (2-1), partido en el cual atrapó la clasificación. Pero también aseguró que no va a cambiar el esquema.
Los uruguayos llegaron a esta Copa en forma de conflicto ambulante. Su titubeante andar en las Eliminatorias provocaron la renuncia del técnico Juan Ramón Carrasco. Lo reemplazó Fossati y los resultados no mejoraron. Encima, antes de viajar a Perú, estalló un conflicto por los premios para esta Copa y se enrareció todavía más el ambiente. Vinieron de punto y ciertamente les gustó jugar ese papel.
En cambio, Argentina, a pesar de tropezar con México, no pierde su condición de favorito. Si pudo brindar una exhibición frente a Ecuador, lo único que tiene que hacer es recuperar la memoria.
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