LA SELECCIÓN SE FUE CON BOMBOS Y PLATILLOS
Una más… Por si hacía falta, la Selección se llevó una prueba de amor extra en su viaje a la cita mundialista de Alemania. Alrededor de mil hinchas acompañaron a los jugadores y al cuerpo técnico desde que salieron del predio de Ezeiza y llegaron al aeropuerto internacional para embarcarse rumbo a Italia (el martes jugará con Angola), iniciando la cuenta regresiva con el objetivo puesto en el Mundial. Los que conocen el ámbito del aeropuerto afirmaron que se vivió un clima similar al que sucedió últimamente con las llegadas de los Rolling Stones o U2, aunque con menos adolescentes y más clima familiar.
La caravana de tres kilómetros se tiñó de celeste y blanco. Y el desborde popular fue tal, que contagió a los futbolistas, quienes terminaron cantando y saltando dentro del micro. Quince minutos de euforia que parecieron una eternidad. Personal de seguridad desesperado por armar un cordón para que pudiesen bajar sin conseguir su propósito: los futbolistas no pudieron descender. Y, al final, la decisión acertada de ingresar el ómnibus de la empresa Chevallier —pintado y embanderado— a la pista para embarcarse directamente en el avión de Iberia.
El entusiasmo superó todas las previsiones. Porque, primero, armaron un cordón desde la calle hasta el preembarque con los carritos portaequipajes. Y, después, el micro tuvo que dar dos vueltas antes de estacionarse en la puerta principal. Ninguna de las dos dio resultado. El calor humano pudo más. Y la Selección se fue con el corazón hinchado por el orgullo y el respaldo popular, justo un 25 de mayo. La llegada al aeropuerto se produjo a las 20.45 y durante 15 minutos, adentro y afuera del micro, se vivió una fiesta como si se estuviese en la cancha.
¡Volveremos, volveremos/volveremos otra vez/volveremos a ser campeones/ como en el 86! fue el hit preferido por los futbolistas. Que, cuando lo escucharon, empezaron a saltar y a golpear el techo y las ventanillas. Con Abbondanzieri, Palacio, Scaloni y Tevez siendo los más eufóricos, gritando Vamos/vamos/Argentina…. Tanto saltaron los futbolistas que el micro se movía… Cambiasso no dejó de filmar con su cámara en ningún momento. Tevez sacó fotos con el celular, igual que Scaloni y Cufré. Messi habló con algún familiar o amigo para contarle lo que pasaba. Y las caras de todos reflejaba que no podían creer lo que estaban viviendo…
Y ya lo ve/es el equipo de José…, gritaron y señalaron con el dedo a Pekerman. El técnico, sonrojado, alcanzó a esbozar una sonrisa. Lo que más se reclamó, a puro grito, es que traigan la copa. También hubo banderas que decían Vamos los pibes. Y hasta una imagen de la Virgen Desatanudos. Y no faltaron los cantos a favor de Maradona y en contra de Brasil e Inglaterra. En un momento, la situación se tornó complicada. Hubo corridas alrededor del micro. Y también chicos llorando porque se asfixiaban entre tantos apretujones.
Quince minutos antes de las 22, Abbondanzieri, Aimar, Ayala, Burdisso, Cambiasso, Coloccini, Crespo, Cruz, Cufré, Franco, Lucho González, Heinze, Mascherano, Messi, Gabriel Milito, Palacio, Riquelme, Maxi Rodríguez, Saviola, Scaloni, Sorin, Tevez y Ustari se fueron en el vuelo 6844 que, vía Madrid, los lleva a Roma. El final fue a toda orquesta. Esta hinchada/se merece/se merece/ser campeón… invadió Ezeiza. La Selección ya estaba en el aire rumbo a una ilusión Mundial: volver con la Copa. El sueño de todos, jugadores e hinchas, ya está en marcha.
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