LA SELECCIÓN VA POR LA REVANCHA
Es el tiempo de una pulseada futbolera atractiva. Desde cualquier costado en que se fije el punto de observación. ¡Quién lo diría! Y no es una simple deducción pasajera. La Selección que dirige Marcelo Bielsa y que despierta algunos enconos populares y una cierta indiferencia hoy enfrenta un partido distinto (comienza a las 20 hora de argentina). Y eso pasa, en principio, porque jugar contra Venezuela en otras épocas despertaba curiosidad por saber en qué minuto iba a concluir la resistencia local. Y ahora genera interrogantes, este choque. Por un lado, asoman los cuestionamientos al equipo por el inesperado empate con Chile, el fastidio hacia el técnico, rechazo exagerado a Verón, al Piojo López, que condicionan el pronóstico.
Por eso este filtro se convierte en importante. Porque el plantel debe remontar el temblor espiritual, debe acomodar su funcionamiento (y no se nos pasa por alto que futbolistas como Ayala, Zanetti, el Kily González, Almeyda, Cambiasso, Saviola y Crespo recién arrancan la actividad y no están en el pico de sus rendimientos) y demostrarse que pueden seguir manteniendo la diferencia con cualquier oponente apoyados en sus cualidades técnicas. Enfrente, Venezuela espera con otra actitud. Se percibe —al menos en las palabras previas del DT Páez y sus jugadores— una sensación de que están mejor preparados. Que su apuesta es intentar jugar mano a mano, sin prejuicios, sin miedos, sin la urgencia de ganar o ganar, pero queriendo el triunfo. Parece que saben dónde están parados y eso es interesante. Para ellos, para Argentina y para el espectáculo.
El fútbol, claro, se nutre tanto de los aspectos anímicos como técnicos, estratégicos o tácticos. La Selección da indicios de que, entre experimentados y novatos, conoce cómo se presenta el panorama. Transmiten que van a desplegar talentos y virtudes solidariamente para superar el doble trance; el del nublado presente y el del incierto futuro a plazo fijo. Bielsa se refugió en el silencio para ordenar los próximos pasos y definir a los titulares. Placente entrará por Samuel, quien fuera expulsado frente a Chile y el Kily González, quien acusa un golpe en la rodilla izquierda, igual estará presente en el equipo. No variaría el sistema, obviamente. Y tampoco habrá un gran cambio en los apellidos definitivos, pero hasta ahí nomás. La receta ofensiva y las posiciones netas no las va a negociar ahora el entrenador. Y está bien que así sea. La Selección saldrá entonces a imponer condiciones. Vamos a ver si puede o si la dejan. Y si predomina el vértigo como fórmula única o si surgen los necesarios y también aconsejables cambios de ritmo.
Venezuela promete ahondar su estilo prolijo, de afianzamiento de identidad, de respeto por la pelota. El mensaje del conductor del plantel es frontal; quieren progresar a su manera. Sin urgencias desmesuradas ni exitismo hueco, pero con fe en sus posibilidades. Reconociendo que siempre estuvieron ubicados en el último peldaño sudamericano (lo abandonaron en la clasificación al Mundial de Asia ya que en esa oportunidad quedó en el último lugar Chile) ese deseo suena como irreprochable.
En esta Caracas tropical y lluviosa, la Selección ofrece su segundo acto. El escenario no impresiona por historia como el más difícil, pero… Los frescos y fantasmales antecedentes juegan. ¿Cuánto? Ahí está la cuestión. Aunque para superarlos siempre cuente lo mismo; jugar bien, que ganar llega sólo. Siempre.
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