LA SELECCIÓN VUELVE A CONVOCAR
En la Selección, soy el tipo más feliz del mundo”, dijo. Y un año después vuelve a ponerse la camiseta celeste y blanca con el numero 8 en la espalda. Pero, ¿qué puede aportarle Juan Román Riquelme a este nuevo-viejo equipo que le dará inicio a la Era Pekerman?
Principalmente, pondrá la pausa para que no sea una Selección tan vertiginosa como algunas de las que armó Bielsa (en la última Copa América, entre Lucho González y D’Alessandro, le habían bajado los decibeles). Todos reconocen en Román a un jugador hábil, cerebral, con dominio de la pelota que puede ser el estratega —un organizador, como le gusta llamar al nuevo DT al enganche— con el talento necesario para conducir al equipo. Y para aprovechar lo mejor que tiene, su pegada, asistiendo a los delanteros desde la posibilidad del juego corto, por abajo, con Saviola hasta el lanzamiento para explotar, por arriba, la potencia de Crespo. Con el Conejito jugó apenas 44 minutos (26 con Libia, 11 con Japón y 7 con Corea del Sur). Con Valdanito un poco más… ¡79! 10 con Colombia, 36 con Ecuador y 33 con Marruecos.
Riquelme le aportará un juego más argentino, como bien lo definió Carlitos Tevez, quien se convertirá rápidamente en su compinche dentro y fuera de la cancha. Ese juego que incluye algún chiche (todos recuerdan la pisada con caño incluido a Yepes en un superclásico) hasta la picardía para inventar el Topo Gigio en el festejo. En suma, le puede ofrecer una sonrisa a la Selección, algo que estaba escaseando.
“Le puede aportar mucho porque es uno de los mejores. Cuando le dije que iba a debutar, le pregunté dónde quería jugar. “Como Verón. Ahí me encanta…”, me respondió. Y lo puse como mediocampista de creación delante de la línea de cuatro. Es lo mismo que, años después, les pregunté a Carrusca y Sosa. Y les dije que por izquierda hay diez mil, pero de creación sólo cuatro. ¡Y valen 10 veces más!”, expresó Carlos Bilardo, el hombre que el 10 de noviembre de 1996 lo puso en Boca frente a Unión (2-0), en la Bombonera. “Le pega muy bien, asiste, encara, juega a un toque, es rapidito, no gambetea mucho. ¡Y viene fenómeno!”, enumeró.
“Le pondrá su cuota de talento porque es un conductor por naturaleza, pero también le imprimirá un ritmo distinto en el manejo del equipo porque lo adquirió en Europa. Igual que el sacrificio táctico y la seguridad. Además, con Saviola y Crespo se potencia y va a rendir el doble”, pronosticó Héctor Veira, el técnico que el 25 de octubre de 1997 lo hizo entrar por Maradona (en su último partido) para que Boca diera vuelta un superclásico y lo ganara 2-1. “Sabe manejar muy bien los tiempos del partido. En eso, es parecido a Zidane”, lo elogió César Menotti. “Es el mejor 10 del mundo. Te hace ganar partidos”, agregó Carlos Bianchi.
Con Bielsa jugó 11 partidos (más otro con Claudio Vivas). Su apellido fue un reclamo constante del periodismo y de los hinchas. Y el ex técnico de la Selección dijo en sus conferencias de prensa: “La Selección necesita de él lo mismo que lo destaca en su club. Fui a la cancha de Boca para el homenaje a Maradona y las 50 mil personas me insultaron por él. Eso me pareció bien, es la esencia del fútbol”. Una vez, en Cardiff frente a Gales, lo juntó con Verón. Y explicó: “Pueden convivir. Parten del eje central del campo. Riquelme más adelante y Verón más atrás. El rédito creativo amerita correr el riesgo de alguna descompensación en la recuperación”. ¿Los verá juntos la Selección alguna otra vez a Riquelme y a Verón?
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