LA SEQUÍA SE HACE SENTIR EN EL NOROESTE PROVINCIAL
Durante el último año se han producido precipitaciones por debajo de los valores normales en la región, y mayoritariamente en forma de chaparrones, lo que provocó que en algunas zonas las condiciones de sequía sean aún mayores.
Para el ingeniero agrónomo Omar Dante Gregoret, titular de la Oficina de Desarrollo Agropecuario de la Unión Agrícola de Avellaneda Cooperativa Limitada en 2005, la zona recibió “entre 400 y 500 milímetros menos que el promedio histórico de lluvias, tendencia que se acentuó en lo que va de este año. Sumado a ello, en el verano las temperaturas han sido más altas que los valores habituales para la estación, con 2 grados sobre el promedio histórico en el mes de enero”.
Las altas temperaturas y los bajos índices de humedad relativa ambiente durante gran parte del verano, provocaron altas demandas de humedad. Como dato ilustrativo, digamos que en el Inta Reconquista han registrado una evaporación en tanque de 253,6 milímetros en el mes de enero.
TAMBIÉN MÁS ENFERMEDADES
La suma de escasas precipitaciones, altas temperaturas, baja humedad relativa ambiente ha provocado un efecto directo sobre los cultivos implantados. A la vez, y como si ello fuera poco, esta misma situación ha favorecido la presencia de enfermedades propias del ambiente de estrés en soja -podredumbre carbonosa- y plagas de ambiente seco -trips, arañuelas, palomita blanca-, potenciando el efecto negativo.
Esta sequía se presentó durante gran parte del verano, pero su efecto se vio incrementado durante las últimas semanas, período en el cual tanto la soja como el maíz de segunda se encuentran en estado reproductivo, situación altamente sensible a las deficiencias hídricas.
Las pérdidas serán muy importantes, con lotes de bajo rendimiento e incluso muchos no serán cosechados. Algunos de estos lotes en estos días están siendo hilerados para confección de reservas ganaderas, estrategia que tiende a rescatar por lo menos una pequeña parte de lo invertido.
El impacto también se presenta en los otros cultivos estivales, como el sorgo, el algodón y la caña de azúcar. El problema económico regional que desencadenará esta situación será de notable magnitud, contando con muchos productores agropecuarios sumamente preocupados por el futuro de su empresa.
INVIERNO DURO
También algunas comunidades de la cuña boscosa están sufriendo la escasez de agua para el consumo humano, ya que parte de la región necesita las lluvias para almacenar este vital elemento, teniendo en cuenta que la calidad de agua de las napas subterráneas no permiten su consumo.
La producción pecuaria también sufrirá el impacto, ya que la producción se realiza en base a pasturas naturales estivales, cuya consecuencia será la escasez de alimentos en el próximo período invernal. Este problema tuvo alto impacto en el año anterior, sumado a la escasez de agua para bebida de la hacienda en algunas zonas.
Las consecuencias serán de distinta magnitud de acuerdo a la zona de producción -Cuña Boscosa, zona de islas, y similares- y a las posibilidades de la infraestructura de los campos y del manejo por parte del productor.
LO QUE SE SEMBRÓ
Los agricultores de la región no han podido capitalizar la mejora de la rentabilidad ocurrida en el sector a partir del año 2002. Las repetidas sequías estivales han malogrado en forma importante las producciones de soja -principal cosecha- y en forma dispar también otros cultivos, como algodón, caña de azúcar y maíz.
En los últimos años el productor ha disminuido el área de siembra de soja, mientras que ha aumentado la siembra de trigo, maíz y principalmente girasol, además de dedicar mayor atención a la producción ganadera.
Según los datos de la Secretaría de Agricultura, las superficies sembradas con cada cultivo en el ciclo 2005-2006 en el departamento General Obligado son las siguientes: soja, 100.000 ha; girasol, 80.000 ha; trigo, 25.000 ha; maíz, 23.000 ha; caña de azúcar, 8.600 ha, sorgo, 8.500 ha; algodón, 4.000 ha y lino, 500 ha.
COMPLICACIONES
Un cóctel conformado por escasas precipitaciones, altas temperaturas y baja humedad relativa ambiente ha generado un efecto directo sobre los cultivos implantados.
Esta situación ha determinado la presencia de enfermedades propias del ambiente de estrés en soja y plagas de ambiente seco, potenciando el de por sí marcado efecto negativo que soportan los cultivos.
Esta marcada sequía se presentó durante gran parte del verano, pero su efecto se vio incrementado durante las últimas semanas, período en el cual tanto la soja como el maíz de segunda se encuentran en pleno estado reproductivo.
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