LA SEQUÍA YA SE HACE SENTIR EN LOS PUEBLOS QUE VIVEN DEL AGRO
Rubén Kugler no es productor agropecuario. Tiene uno de los pocos restaurantes del pueblo y, según dicen, allí puede comprarse el mejor pan de la zona. Sin embargo, por estos días las mesas del lugar no cuentan con sus parroquianos más fieles. Los contratistas que todos los años llegan de otras partes del país con sus máquinas y tractores para prestar los servicios de cosecha, esta vez, decidieron que no sería buen negocio. La sequía instalada desde hace varios meses en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires no sólo golpea la economía de los productores por la caída de los rendimientos en el trigo, el girasol y la ganadería, sino también a los comercios de los pueblos que viven conectados con el campo.
En Tornquist, una papelera, la municipalidad y algunos bancos y comercios componen la estructura económica. El sector agropecuario, no obstante, es el aceite que hace girar los engranajes. Las lluvias de esta semana apenas alcanzaron para regar una pequeña esperanza de que la campaña no será del todo catastrófica. De todos modos, en el trigo los daños son irreversibles. Los 400 kilos por hectárea que obtienen la mayoría de los productores está muy por debajo de los 1500 kilos promedio. “Esta situación por acá nos afecta a todos porque mucha de la gente que viene con sus máquinas a cosechar no aparece o se va rápido. Saben que no hay trabajo”, explicó Kugler. Y de inmediato agregó: “Los camioneros y los cosecheros pasan muchos días de trabajo en los alrededores y gastan en los comercios del pueblo; hoy eso no se ve”.
Miriam Forestier y Sandra Di Nunzio son maestras jardineras. Por su actividad perciben desde la raíz los problemas que ocasiona aquí la sequía. “En el jardín se nota por la queja de los padres de los chicos y, a veces, no los pueden traer porque dicen que no pueden afrontar los gastos del combustible”, comentó Forestier.
A su lado, Di Nunzio relata un estado similar. El taller mecánico en el que trabaja su marido también siente como propio el problema de la falta de agua y la caída de los rendimientos en el agro. “La gente arregla lo indispensable y pide fiado para pagar después de la cosecha, pero nosotros conocemos cómo viene el año y no sabemos si después vamos a poder cobrar. Los años de buena cosecha hay otro movimiento”, relató Di Nunzio, maestra del Jardín de Infantes 907.
Coincidencia general
La coincidencia general es que los hombres de campo que viven en los pueblos suelen volcar las ganancias en el lugar. El derrame del agro en las demás actividades de la economía puede palparse en un año bueno, pero en uno malo, como el que está por terminar, el efecto es de parálisis.
“Acá el parque automotor no es de las 4×4 último modelo, sino que tendremos que seguir con las clásicas F-100”, dijo el presidente de la Sociedad Rural de Tornquist, Alfredo Belardinelli.
Las Parejas, una localidad del centro santafecino, queda bastante lejos de este punto en la geografía bonaerense. No obstante, hasta allí llega el temor por la mala campaña agrícola que se registra por aquí. Néstor Makianich y Humberto Serafín son contratistas que viajaron desde Las Parejas a pesar de que conocían el panorama. “Vinimos porque hay productores que son clientes de toda la vida, pero hay muy poco trabajo porque se sembró mucho menos que el año anterior y porque lo que llegó a cosecharse es muy malo”, explicó Makianich.
“Los fabricantes de maquinaria de nuestra zona están asustados con lo que está ocurriendo por acá porque el problema va a sentirse el año próximo con menos ventas de equipos”, añadió el contratista, en referencia a los empresarios de Las Parejas. “Hay productores que te dejan llevar todo el trigo que alcanzamos a levantar, aunque ellos no se queden con nada”, explicó Serafín, que comenzó a prestar labores de cosecha en esta localidad en 1954. “Hablé con un tornero y me dijo que no había nadie haciendo reparaciones”, añadió.
A lo largo de la ruta 33 que encadena de norte a sur a las localidades de Pigué, Saavedra y Dufaur, entre otras, el panorama es similar. Los campos padecen la falta de lluvias y, los pueblos, los menores ingresos por las cosechas.
Lo que opina la gente
Néstor Makianich
“Vinimos porque hay productores que son clientes de toda la vida, pero hay muy poco trabajo porque se sembró mucho menos que el año anterior y porque lo que llegó a cosecharse es muy malo.”
Sandra Di Nunzio
“La gente arregla lo indispensable y piden fiado para pagar después de la cosecha, pero nosotros conocemos cómo viene el año y no sabemos si después vamos a poder cobrar.”
Rubén Kugler
“Esta situación por acá nos afecta a todos porque mucha de la gente que viene con sus máquinas a cosechar no aparece o se va rápido. Saben que no hay trabajo.”
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