LA SOLIDARIDAD LOGRÓ LEVANTAR UN ALBERGUE PARA CHICOS SALTEÑOS
Por caminos de cerros, a 4000 metros de altura, con temperaturas bajo cero y muchas veces con ráfagas de viento helado, muchos de los 82 chicos de entre 4 y 18 años que asisten a la escuela San Marcos de Abra del Sauce, en el norte de esta provincia, recorren todos los días durante tres horas el camino para llegar a clases y, como es el caso de la mayoría, cubrir las dos únicas comidas del día.
Desde ayer, al reanudarse las clases después de las vacaciones de invierno, varios chicos no tendrán que repetir esta rutina diaria. Se acaba de inaugurar un albergue para alojarlos y garantizar su asistencia a clases, gracias a la acción solidaria de un grupo de alumnos del colegio secundario N° 5058 de Iruya, localidad cercana, a 340 kilómetros al norte de la capital salteña.
La coordinadora del grupo, con ayuda de la Unesco, es la profesora Beatriz Molina, quien recientemente recibió el premio “Servidores públicos sobresalientes 2005”, una iniciativa en la que participaron varias organizaciones, entre ellas LA NACION.
“La solidaridad de adolescentes y jóvenes que viven en la pobreza hacia otros todavía menos favorecidos, que incentiva también a los pobladores, es un aporte fundamental al proceso educativo”, dijo Molina.
Desde hace una década, la escuela secundaria participa de un programa de las Naciones Unidas realizando diversos proyectos, por ejemplo, de apoyo a otras comunidades. En este caso, se encargaron de trasladar todo el equipamiento del albergue, que beneficiará a muchos alumnos porque el 70% de ellos vive en parajes muy alejados.
Llegan, por ejemplo, desde Cataroc, a dos horas de caminata; de Chorrillo, a tres horas; de Trancas de San Pedro, a una hora y media; de Llamame, a dos horas y media, y de Mollar, a tres horas de andar, entre otros parajes.
El montañoso y bello departamento de Iruya tiene unos 5000 habitantes. Muchos pobladores tienen un pedazo de tierra con una economía de subsistencia, cultivos de maíz, papa, habas, oca (una especie de papa dulce) y huertas, unas pocas cabezas de ovinos y caprinos y menos vacunos, con algunos valles donde crecen frutales.
Trayecto a pie
La compra de elementos para el albergue se hizo con ayuda de la Fundación Argentina Holandesa, mientras el grupo de estudiantes, con apoyo de la Unesco, pagó $ 300 del flete de Salta a Humahuaca y otros $ 90 de allí a Iruya. La última parte del traslado se hizo a pie, porque se acaba el camino que va bordeando precipicios profundos y al final quedan senderos para hacerlos caminando o a lomo de mula o a caballo.
Abra del Sauce queda a doce horas de Iruya. Se debe ir por caminos de Jujuy, cruzar hasta 5150 metros en Abra de la Cruz, y descender luego.
Los proyectos solidarios están en manos de unos 32 alumnos. Para juntar fondos organizan fiestas o venden golosinas y, según contaron, lo que recolectan en una semana les alcanza para comprar una bolsa de cemento. En tanto, apelan a contactos a través de los profesores para lograr más ayuda. Así, ya colaboraron para construir aulas en Campo Luján, para levantar la escuela de Los Alisos y los albergues de Las Mesadas y Vizcarra, todas localidades cercanas.
El director de la escuela que ahora tendrá albergue para sus alumnos, Carmelo Zambrano, nació en el poblado cercano de Rodeo Grande, y estudió con las mismas dificultades que sus alumnos. Según dijo, la mayor alegría “es saber que alguien se preocupa y piensa en estos chicos”.
En Abra del Sauce viven unas 40 familias. La falta de trabajo y el problema de la tierra, que los lugareños consideran propia porque la ocupan desde hace varias generaciones, se suman a otras dificultades, como la falta de agua y otros servicios básicos.
Este contenido no está abierto a comentarios

