La temeraria fragilidad
Cuando por la pantalla de América TV concluyó la segunda parte del reportaje que Cristina le concedió a Rial –o viceversa– me quedó , como ciudadano, una sensación extraña: “Esta mujer relativiza todo”, comenté a quien me acompañaba.
“Yo no confío en nadie, o sí ,un poco en Florencia y Máximo, pero en nadie más”, dijo en respuesta a su relación con Daniel Scioli. ¿Es posible conducir un proceso colectivo sobre la convicción de que el “otro”, aunque se trate de los que la acompañan en el gobierno, siempre es sospechoso?
Porque CFK, en la entrevista algo liviana pero entrevista al fin que se concedió a Rial dijo eso: “Yo desconfío de todos”. Vaya definición (y problema) para alguien que tiene ni más ni menos, la responsabilidad de confiar básicamente en quienes la rodean, para organizar. Para enhebrar lo que ella insiste en definir como un “modelo”.
Y Cristina se enfermó. O se cayó, sin que nadie nos precise por qué razón se cayó. Y ahora queda un mes fuera de escena y se supone que las decisiones que deben tomarse, las debe tomar gente en la que, por añadidura, ella no confía.
La entrevista con Rial es interesante. Porque Cristina relativiza todo. No sólo los casos de corrupción que la involucran directamente, sino que se dé el “lujo” de reírse cuando le preguntan por la sucesión. Y es ahí, precisamente ahí, donde queda claro que detrás de ella, no existe otra cosa para ella. Es decir, Cristina insiste con que nunca pensó en quedarse más allá de este mandato, pero deja en claro que no confía en nadie para que lo haga. Y eso es en sí mismo una definición: el Kirchnerismo se acaba con ella, y claro, con él. Todos los demás, aún los perros falderos, son pasibles de sospecha y desconfianza. No lo digo yo, lo dijo ella.
Toda esta banalidad que estoy escribiendo, cobra sentido porque Cristina está fuera de juego por estas horas. El diagnóstico público de su padecimiento indica que no puede ni debe involucrarse con ningún asunto que pueda modificarle el ánimo o la tensión. Un mes en la luna. ¿Y en manos de quien quedamos, si ella misma se encarga de decir que ninguno es confiable?
La enfermedad de la presidenta nos deja, a los que tenemos buena fe, una sensación cuanto menos extraña. Ella tiene irreversiblemente que ponerse bien, porque al menos hasta 2015 no hay en quien confiar dentro del gobierno. No nos queda otra salida que confiar en ella, porque ella misma nos dice eso.
Y además, porque la Constitución lo indica y porque la salud institucional lo requiere. El Kirchnerismo, que es ella y solamente ella, debe cumplir con los dos años que le quedan al frente del gobierno. Lo contrario, de acuerdo a lo que ella misma cuenta, es un escenario temerario. De una fragilidad temeraria.
Este contenido no está abierto a comentarios

