LA TRAGEDIA DE LOS ANDES PONE EN JAQUE A LA CONSCRIPCIÓN EN CHILE
La tragedia de los Andes se saldaba ayer en Chile con la pérdida de toda esperanza, según voceros oficiales, de hallar con vida a los conscriptos extraviados en la montaña; la decisión del gobierno de decretar tres días de duelo nacional y, especialmente, con el renovado impulso en organizaciones sociales y políticas para acabar con el servicio militar obligatorio y que se desarrolle en su lugar un ejército netamente profesional.
Son así en total 45 los soldados muertos, en su mayoría jovencitos de alrededor de 18 años de edad y que no tenían gran instrucción sobre alta montaña.
El presidente Ricardo Lagos dijo ayer, en coincidencia con el informe anual al Parlamento sobre el estado de la Nación, que “nuestras almas y nuestros corazones están hoy en Antuco”, por el volcán del mismo nombre en el sur del país, que se convirtió en la tumba de los muchachos.
Patrullas de rescate encontraron ayer otros 7 cadáveres e intentaban ubicar a la columna de soldados perdidos. Así ya se tienen 21 cuerpos, pero hay otros 24 perdidos en la nieve y el hielo. El jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, quien dirige la búsqueda, comunicó que no hay esperanzas de encontrarlos vivos.
El desastre que sensibilizó al país especialmente por las imágenes reiteradas de los padres de los jóvenes, dolientes, llorando y clamando ante las cámaras de la televisión, reactualizó el debate en Chile para dar por terminado tanto al servicio militar obligatorio como al voluntariado y armar fuerzas de profesionales. A ello contribuye además el reconocimiento del ejército respecto a sus responsabilidades en esas muertes por las fallas de los jefes que no proveyeron vestimentas adecuadas, la indiferencia por el informe meteorológico y la ineficiencia en el uso de los sistemas de comunicación.
En el país trasandino, el Ejército arma sus filas con reclutas voluntarios y el resto de las necesidades las conforma con una convocatoria obligatoria. La cuestión se ha convertido en un verdadero fenómeno en el país, atribuido a los problemas socioeconómicos de una parte de la población.
En una entrevista realizada en marzo pasado, el general Cheyre se mostró complacido de que el año pasado el 64% de los nuevos reclutas fueron voluntarios y anticipó que en 2005 “la cifra aumenta a 86,4 por ciento, es decir 22 puntos más. Los jóvenes —dijo— confían en el Ejército, ven en el Ejército una posibilidad de desarrollo”.
Fuentes políticas consultadas por Clarín dijeron que ese voluntariado lo integran en su mayoría jóvenes de familias pobres, en gran parte del interior del país que buscan en las fuerzas armadas un espacio seguro, casa, alimentos, servicio de salud y una perspectiva de futuro.
El senador Jaime Naranjo, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara alta, advirtió que el desastre puede provocar importantes cambios. “Esta tragedia crea una situación absolutamente nueva y probablemente nos obligará a pensar cómo readecuar nuestra legislación”.
Organizaciones no gubernamentales ya comenzaron la campaña para anular ambas variantes de reclutamiento y pasar a un ejército profesional. El martes 24 de mayo se realizará una marcha hacia la Plaza de Armas, en el centro de Santiago, bajo la consigna “servicio militar, escuela de muerte”.
La Red Chilena de Objeción de Conciencia, una de las organizaciones que convocan a la movili zación en el centro de Chile, denunció que al caso de la tragedia de los Andes se suma una serie de muertes “sin explicaciones aparentes” y que fueron calificadas como accidentes por el alto mando castrense.
En una declaración, la organización dijo que entre esos casos figura el de un soldado que “murió el 4 de mayo último de un disparo en la cabeza, mientras realizaba un ejercicio militar sin las protecciones adecuadas”; otro que falleció cinco días después ahogado en un lago y, finalmente, el 10 de mayo otro soldado que murió por un disparo en el abdomen.
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