LA UCR SE PREPARA PARA UNA DURA PULSEADA POR LA CONDUCCIÓN PARTIDARIA
Sin liderazgos naturales a la vista, la dirigencia radical busca un jefe capaz de ponerse el partido al hombro para reubicarlo en el escenario nacional, tras el tibio repunte que consiguió en comicios provinciales. El viernes se renueva la conducción del Comité Nacional y el combate de fondo es entre dos caudillos de comarca: el mendocino Roberto Iglesias y el chaqueño Angel Rozas, que busca su reelección.
Por ahora, soplan vientos de final abierto. De acuerdo a los votos que cosechan entre los 102 delegados (4 por distrito, dos de Franja Morada, Juventud y Trabajadores) los dos candidatos parecen neutralizarse. Rozas picó en punta, pero no llega a los dos tercios de los votos que le exige la Carta Orgánica para repetir. Iglesias va sumando de a poco, pero no arrima a la mitad más uno.
Ya conversaron dos veces para acordar reglas limpias, pero quedó claro que la pelea será a cara de perro. “No voy a arreglar para ir de vice”, dijo Iglesias, ante una oferta de su rival En silencio, como es su costumbre, el gobernador correntino Ricardo Colombi espera en el banco de los sustitutos.
En cuestión de pergaminos, Rozas e Iglesias andan parejos: en diez días, los dos tendrán una despedida triunfal del poder en sus provincias, donde dejarán a sus respectivos delfines. Y más allá de las diferencia de envergadura entre ambas provincias (Mendoza es el quinto distrito del país), las distancias entre ellos se agigantan en el plano ideológico, por la postura frente a la gestión kirchnerista y las responsabilidades asumidas en la la etapa más crítica de la historia partidaria.
De perfil populista, Rozas está asociado a los sectores que se reivindican “progresistas”, en su mayoría de tronco alfonsinista. Prefiere una oposición que balancee los aciertos y errores del Gobierno. La deuda que le facturan los radicales es haberse consagrado más a su provincia que a la reconstrucción de la UCR durante los dos años que pasó al frente del Comité Nacional. Como al Bielsa de la Selección, unos cuantos están dispuestos a darle una segunda oportunidad.
Iglesias se asume como un eficientista que cosecha en las franjas moderadas y pragmáticas de los boinas blanca. El mendocino es el que hace más hincapié en resistir la inclinación hegemónica que atribuye a Kirchner, a quien enfrentó en la campaña provincial. Quiere aparecer como el “renovador”, pero carga sobre los hombros una pesada acusación de “herejía” capaz de sepultarle las aspiraciones: los mimos que intercambió en la campaña presidencial con Ricardo López Murphy, emigrado de la UCR por derecha.
Una definición del chaqueño: “El radicalismo es un partido de centro que mira hacia la izquierda”. La reflexión del mendocino: “La UCR debe practicar una socialdemocracia moderna, que sepa administrar, al estilo de Tony Blair y Felipe González”.
El duelo es considerado una “primaria” no declarada para la candidatura presidencial de 2007. Con ese espíritu se van alineando los referentes detrás de cada candidato. Los dos mezclan en la bolsa a la guardia vieja y a la nueva. Rozas arrastra sólo dos de las seis provincias que gobernará la UCR desde el 10 de diciembre: Chaco y Tierra del Fuego. Iglesias dice contar con tres: Mendoza, Río Negro y —con dudas— Catamarca. En Corrientes esperan para hacer su juego.
En el reparto de operadores, a favor del chaqueño operan Leopoldo Moreau y Ricardo Alfonsín —hijo del ex presidente—, además del sindicalista Raúl Barr, el senador jujeño Gerardo Morales y el de Santa Cruz, Carlos Prades. Está a punto de sumarse Federico Storani, que maneja ocho delegados.
En el equipo del mendocino juegan Rafael Pascual, Juan Pablo Baylac, el diputado sanjuanino Mario Capello, el gobernador rionegrino Pablo Verani y el intendente de Neuquén, Horacio “Pechi” Quiroga. El viernes hay interna y los radicales ya están metidos de cabeza en su juego favorito.
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