“LA ÚNICA REVOLUCIÓN VERDADERA VIENE DE DIOS”, DIJO BENEDICTO XVI
Ante más de 700 mil jóvenes reunidos en el campo de Marienfeld de 270 hectáreas, 27 kilómetros al oeste de Colonia, el Papa admitió anoche que “se puede criticar mucho a la Iglesia por sus errores”, pero afirmó que “Dios es el único ga rante de nuestra libertad”. “La única revolución verdadera viene de Dios”, destacó Benedicto XVI, en la homilía de la ceremonia de la Vigilia de la misa que hoy por la mañana concluirá las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Aclamado por los jóvenes pero manteniendo el estilo sobrio y reservado que lo caracteriza, en contraste con el carisma exuberante de su predecesor, Juan Pablo II, el pontífice atacó las ideologías y los totalitarismos “que esclavizan al hombre”.
“Los santos son los verdaderos reformadores. Sólo de ellos y de Dios viene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo apenas pasado hemos visto las revoluciones, cuyo programa común era de no esperar la intervención de Dios, sino de tomar totalmente en sus manos el destino del mundo. Y hemos visto siempre un punto de vista humano y parcial que venía adoptado como medida absoluta de orientación”.
Agregó que “la absolutización de lo que no es absoluto sino relativo se llama totalitarismo. No libera al hombre pero le quita su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías que salvan al mundo sino el dirigirse al Dios viviente que es nuestro creador y el garante de nuestra libertad”.
El hambre, la pobreza y las injusticias sociales que también caracterizaron al siglo pasado estuvieron ausentes del discurso del Papa, quien señaló que muchos que hablan de Dios predican también el odio y ejercitan la violencia. Por eso “hay que descubrir el verdadero rostro de Dios y no construirse un Dios privado”.
Benedicto XVI habló entre las brumas de la noche en un altar parecido a una nave espacial, con 27 columnas iluminadas que representan otras tantas diócesis alemanas y más de 12 mil velas encendidas en un gran efecto escénico en la llamada “Fiesta de la Luz”. Por un sendero entre las velas y en medio de un gran silencio de los cientos de miles de presentes, un grupo de jóvenes trajo la cruz de madera de las Jornadas Mundiales de la Juventud y otro un cuadro con la imagen de la Virgen y el Niño.
En la homilía, Joseph Ratzinger dijo que Cristo se revela vivo “en la gran procesión de fieles llamada Iglesia”. Agregó que “se puede criticar mucho a la Iglesia. Nosotros lo sabemos y el Señor dijo que ella es una red de peces buenos y malos”.
Hoy, en la clausura de las Jornadas Mundiales de la Juventud, se espera que Benedicto XVI anuncie que la próxima edición tendrá lugar en Sydney, Australia, en 2008. Hay especulaciones de que el Papa podría anunciar modificaciones en la estructura de las Jornadas, para favorecer encuentros y diálogos entre los jóvenes y con los dignatarios de la Iglesia. Pero el Papa no ha dado indicaciones en ese sentido, aunque su estilo parece más propicio “a los tonos discretos que a las aclamaciones”.
Se espera que a la misa final de hoy llegarán muchas personas provenientes de Alemania —especialmente del bastión católico de Baviera— de donde es nativo Benedicto XVI, pero también de Polonia, Italia, Francia, España y otros países. Los optimistas esperan que la multitud se alargará a un millón de fieles que participarán de las ceremonias y escucharán el sermón final del Papa, que suscita muchas expectativas.
En Marienfeld (que quiere decir Campo Mariano) han sido instaladas 30 pantallas gigantes de televisión que devuelven las imágenes del palco. El altar con una construcción futurista se encuentra sobre una colina artificial construida durante casi dos meses, a unos diez metros de altura de la multitud para que muchos puedan seguir al pontífice y a los espectáculos organizados.
Las medidas de seguridad, que hasta ahora han dado óptimos resultados, siguen siendo enormes y muy estrictas. También es impresionante el despliegue de medios sanitarios, con decenas de ambulancias, centros de reanimación y hasta un hospital de campo, junto con varios helicópteros. Para paliar las insuficiencias de estos días han sido instaladas grandes cocinas que suministran comidas calientes a decenas de miles de adolescentes y jóvenes hambrientos. No hace mucho calor, pero tampoco frío en el verano alemán. Todo está listo para la ceremonia final, que es una verdadera prueba para el Papa. Dicen que Benedicto XVI en realidad inicia aquí, en Colonia, su pontificado.
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