La verdad brutal
El Juez federal Reinaldo Rodríguez sabe que ha avanzado mucho. Primero fue la declaración de inconstitucionalidad de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Ahora el desafío es mucho más grande. El Fiscal ad hoc, Alejando Luengo pidió la indagatoria de varios santafesinos que estuvieron estrechamente vinculados con el aparato represivo que aceitó y ejecutó el Proceso Militar en todo el territorio nacional.El pedido de Luengo no es una aventura apresurada. Escuchó varios testimonios de víctimas y ex policías, vinculados a los organismos de inteligencia, y no dudó: los relatos fueron tan contundentes como brutales. “Habida cuenta de las declaraciones testimoniales prestadas hasta el momento, donde además de haberse hecho un relato circunstanciado de los hechos sufridos por cada una de las víctimas, se han ratificado las denunciadas realizadas ante la Justicia Española y los testimonios rendidos ante el Consejo de la Magistratura, y sin perjuicio que con posterioridad se agreguen las actuaciones solicitadas por exhorto diplomático y se produzcan las testimoniales y otras medidas pendientes, este Ministerio Público Fiscal entiende que existen suficientes elementos de prueba para citar a prestar declaración indagatoria a: Víctor Hermes Brusa, Mario José Facino, Eduardo Alberto Ramos, Juan Calixto Perizzoti, María Eva Aebi, Héctor Romeo Colombini y Nicolás Correa", dice el pedido de indagatoria.NOTIFE reconstruye algunas de la historias planteadas por los testimonios incorporados a la causa tramitada en los Tribunales federales santafesinos.EL “TETE”Nicolás Correa vive actualmente en al Barrio Candioti de la ciudad de Santa Fe. Es Sub Oficial Principal retirado del Ejército y tiene 76 años, según consta el foja de servicio incorporada en la causa. Fue asesor categoría “A” de la Subsecretaría de Seguridad durante la gestión de Jorge Obeid como gobernador. Trabajaba bajo las órdenes del Teniente Coronel José Bernhardt, un hombre muy vinculado al diputado nacional y candidato a gobernador.María Cecilia Nazabal, en una declaración testimonial relató que “no lo conoce personalmente a Correa, pero que sabe un montón de detalles porque la esposa de Correa era prima hermana de mi suegra…en la familia le decían “Tete” y comentaban que era retirado del Ejército y que trabajaba en la SIDE. Correa le decía permanentemente a mi suegra que las agrupaciones dodne estaban sus hijos estaban infiltradas por los servicios (sic), le hablaba por los apodos que tenía y eso generaba malestar entre mi suegra y sus hijos”Nazabal se casó con un militante peronista, Fernando Dussex, que fue detenido en agosto de 1977 en las inmediaciones del club Banco Provincial de Rosario. Pero increíblemente María Cecilia entró en contacto, vía esquelas con su esposo. “Creerás que estoy muerto, pero me salvé por un pelo, a pesar de haber tomado la pastilla, ni te imaginás quiénes están conmigo”, escribió entonces el detenido. Los intercambios epistolares estaban controlados por los organismos de inteligencia de la dictadura. Finalmente el matrimonio logra encontrarse en una cita vigilada, gracias al enlace que hace la hermana de María Cecilia. En febrero de 1977, previo acuerdo telefónico, se encuentran en el Sanatorio de Niños de Rosario. “Ahí me dice que está detenido, que no va a poder mandar más cartas porque son riesgosas, que no puede dar más datos”, le dijo a Nazábal y ésta le respondió “el “Teté” dice que para ellos, yo soy más importante vos, a tu familia le dijo que no sabe nada de vos" Muy molesto, Fernando, le respondió que ‘ahora no te están buscando y el “Teté”, que no se haga el boludo, porque sabe de mí porque me ve’”.Correa hablaba con los padres de Fernando, desesperados por la situación de su hijo detenido. “¿Qué pudo haber pasado con Fernando?…lo mataron o puede aparecer preso”. Correa les dijo que no sabía y que si hubiese sabido tampoco se los diría, porque le traería problemas, si los padres en la desesperación hablaran y revelaran la fuente. “Pero depende la actitud que él (por Fernando) tome. Por ejemplo, nosotros tenemos un muchacho acá que colabora, que trabaja en le Cervecería y que se salvó”, les dijo Correa. El Militar conocía en detalle los movimientos de Fernando Dussex, al punto que conocía el nombre de guerra de él y de varios militantes de la UES y Montoneros.Finalmente, María Cecilia Nazabal, supo que su esposo había estado secuestrado en un centro de detención clandestino conocido como la Quinta de Funes (un lugar que era propiedad del Ejército, ubicado en las afueras de Rosario), junto a 16 personas.“ME QUEDÓ GRABADA SU VOZ”El 29 de abril de este año la ciudad enfrentaba la mayor tragedia que haya vivido en años. El ingreso feroz del río Salado dejaba a un tercio de la capital santafesina bajo agua. Ése mismo día, Eduardo Alfredo Almada, de 62 años de edad, domiciliado en San Miguel, provincia de Buenos Aires, se presentaba en el juzgado del Dr. Reinaldo Rubén Rodríguez. El testimonio de Almada también compromete a Correa porque lo reconoce como el jefe del operativo de las fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía de la Provincia que allanó con fiereza su lugar de trabajo, una fábrica de block, en el barrio Don Bosco, el 27 de octubre de 1976. “Ese día me apuntaron con una arma de grueso calibre, era un individuo camuflado… me preguntaron ¿dónde están los otros?…corréte que con vos no es la cosa. Sonaron los disparos y cayó herido un operario y otro, alcanza a salir a la calle pero fue abatido por el personal que realizó el allanamiento. Con el paso del tiempo me enteré que ése señor mayor que era jefe del operativo, era el Sub Oficial Correa, del Ejército Argentino”.Almada, además relató que fue salvajemente torturado en un lugar conocido como “La Casita”. “Me torturaron con picana eléctrica en mi cuerpo y en los genitales, me pegaban, me pateaban y me quemaron con un cigarrillo durante tres días seguidos” , le dijo al Fiscal ad hoc Alejandro Luengo.Después de esos tormentos, las fuerzas militares lo trasladaron a la fábrica bloquera para un reconocimiento y de ahí fue derivado a la Comisaría Cuarta de la ciudad capital. Observó que al lado de su celda había varios detenidos, entre ellos una mujer que era reconocida con el nombre de Alicia. La mujer le contó a Almada que ella también había sido torturada, al punto que después de unos días debieron trasladarla a una celda con una cama, por su lamentable estado físico. “Una tarde se hizo presente Correa frente a la celda, que causaba terror, ése individuo traslada a Alicia, a quien nunca más volvimos a ver”, dijo el hombre que actualmente vive en el municipio liderado por el ex jefe carapintada, Aldo Rico.Cuando el doctor Jorge Daniel Pedraza (parte querellante en la causa) pide la palabra y le pregunta a Almada si puede describir a Correa, el testigo respondió que “Tendría (por entonces) 50 o 53 años de edad, era una persona de estatura mediana, un poco grueso de cuerpo, de piel trigueña, cabellos entre canos, cre
spo, un poco mofletudo, pero lo que más quedó grabada fue su voz, porque en el momento que me torturaban, él me indagaba con amenazas de muerte”ZONAS LIBERADAS. BOMBAS. LA CASITA DEL HORRORLa declaración testimonial de Juan Rafael Lorefice es contundente. Es un sub comisario retirado de la Policia de la Provincia. Tiene 63 años y vive en Santa Fe. Su relato es tan impresionante que, bien podría ser un capítulo de cualquier libro de García Marquez. Pero este realismo es más trágico que mágico. Lorefice le relató a la Justicia que el D-2 (Departamento de investigaciones de la Policía de la Provincia) “era un organismo dependiente del Ministerio de Gobierno, a su vez dependiente de la Jefatura de la Policía de la Provincia…ahí se investigan todos los hechos que interesan al Gobierno…van a los actos estudiantiles, de los obreros, se meten en los barrios a sacar información”.El declarante confesó haber sido numerario del Comando Radioeléctrico y la Guardia de Infantería. “Porque funcionaban las dos juntas, pertenecían a la Agrupación Cuerpos y funcionaban en calle Oroño”.“En ése lugar (por el Comando Radioeléctrico), según versiones, era utilizado para tomarle declaraciones a los detenidos. Quiero hacer notar que una noche ingresé a una de las dependencias de la Guardia de Infantería y lo ví, porque lo conocía, al Sr. Dunda, que creo era presidente de la Cámara de Diputados, esto fue en el año 1976…tenía la cara totalmente ensangrentada, con moretones, estaba desfigurado, yo solamente miré. Luego me enteré en una conversación informal en el comedor de la Guardia de Infantería que al Sr. Adan Noe Campagnolo, ex intendente de la ciudad de Santa Fe, le había introducido un objeto contundente en el ano”.El ex subcomisario narró que diez días después se lo encontró a Campagnolo en el baño. “Estaba dolorido y le pregunté qué le pasaba y me dijo ‘qué, me vas a joder, más de lo que me hicieron’”. Y le contó sobre los tormentos sufridos. Lorefice le ofreció ayuda y Campagnolo confió en él. El (entonces) policía se comprometió con el detenido que le pidió que ubique al hermano. “Decile que venga urgente, que me estoy muriendo en vida”, le dijo el ex intendente.Efectivamente, según el relato aportado a la causa, el hermano del torturado logró trasladar a la víctima al Hospital Cullen, donde ingresó de urgencia y fue operado. Un mes y medio después volvió detenido a la Guardia de Infantería y luego puesto en libertad. “LA CASITA”Lorefice , oportunamente, realizó ante la Justicia una pormenorizada descripción de un centro de torturas ubicado, según varios relatos, en las afueras de Santo Tomé. El lugar encierra toda una historia lúgubre, ya que varios detenidos confesaron haber sido torturados en ése lugar. El ex sub comisario dijo que “sí, conocí el lugar, yendo por la ruta 11 en intersección con la ruta 19, cuatro o cinco kilómetros por a ruta 19 hacia el oeste, pasando por la fábrica de cristales, la VIDRIERÍA BOHEMIA GLAS, unos 600 metros por la ruta 19 hacia el oeste y, desde la banquina, a unos siete metros había una especie de tranquera de madera, y a unos treinta metros, hacia el sur, está ubicada una casa como de fin de semana donde se mencionaba que en la misma eran torturados ciudadanos componentes de la guerrilla. Tenía tres o cuatro habitaciones, el techo era de rejas coloniales, las paredes de material y estaban pintadas de amarillo, lo sé porque yo fui a pintar la casa antes del Golpe. Del piso no me acuerdo cómo era. Después se comentó, por vecinos de Santo Tomé, que esa casa se usaba para torturas, de noche se veían movimientos raros, se escuchaban gritos de gente. A eso me lo manifestó un amigo, que era panadero y repartía panes por ese lugar. Yo a la casa fui a pintar porque en ésa época era pintor. Frente a la casa, cruzando la ruta, había una ladrillería, CAPORIZO…yo a la Policía ingresé el 6 de julio de 1960, en los ratos libres oficiaba de pintor, y egresé de la Policía en diciembre de 1993”.EL ATENTADO AL DR. ALFREDO NOGUERASEn la testimonial, Lorefice dice que conocía al Ingeniero Químico Marcos Sales, porque era el encargado y jefe de instruir al personal de la Brigada de Explosivo. “Armaba y desactivaba bombas”, contó. Cuando le preguntaron si conocía que algunos de los integrantes de la Brigada de Explosivos habían participado o puesto bombas en los domicilios de los militantes políticos o abogados defensores de presos, dijo que “yo recuerdo una vez que le colocaron un artefacto explosivo al domicilio del Dr. Nogueras, en calle 9 de Julio y Tucumán, le colocaron un explosivo debajo de la escalera, hubo daños materiales. Para mí fue personal de la Brigada de Explosivos que se movilizaba en un Fiat 600 blanco. Esa noche me dieron la orden que dejara de patrullar esa zona céntrica, vía operador, me mandaron a la zona norte, luego supuse que era por eso”. El Fiat 600 blanco fue visto por varios vecinos en aquella oportunidad, cuando explotó una bomba en el domicilio de Nogueras. “Yo, las versiones que tenía, era que (el Ingeniero) Sales les daba clases de instrucción para desarmar artefactos explosivos. Por versiones que tenía, a las bombas las armaban ahí: en el Comando Radioeléctrico”, contestó el veterano policía retirado.
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