LA VIDA COLOR DE BOCA
Las cabezas teñidas de azul y amarillo —el nuevo look de la mayoría de los tricampeones del mundo que ayer dejaron Japón— comenzarán a aparecer por Buenos Aires hoy, después del mediodía o en las primeras horas de la tarde. Y tendrán el merecido festejo popular que le tributará el hincha, deseoso de compartir con sus ídolos la alegría por la nueva conquista mundial. Una hazaña más de Bianchi y sus muchachos…
Muestras de calor y de color, de generosidad afectiva y de reconocimiento a los campeones hubo en la partida. Claro que la salida del aeropuerto de Narita sufrió una demora de tres horas y 25 minutos y esto complicó las conexiones previstas (Los Angeles y San Pablo). De acuerdo a lo informado por la empresa brasileña Varig, el vuelo 8837 salió de Japón a las 22.35 y arribó a Los Angeles a las 14.10 (19.10 en Buenos Aires). Luego de una espera de una hora y diez minutos (que complicó la organización del tramo final del recorrido, entre San Pablo y Buenos Aires), el plantel de los tricampeones partió a las 15.20 (20.20 hora argentina) y tenía previsto llegar hoy a San Pablo con el objetivo de abordar el vuelo 8640 para arribar a Buenos Aires a las 12.30. De los vaivenes de la partida y del viaje quedó claro que a Bianchi le importaba especialmente algo: que lleguen todos juntos (menos Battaglia, que viajó a España para ser presentado en Villarreal, su nuevo equipo).
Mientras Japón empezaba a ser una hazaña en la historia, la Fuerza Aérea Argentina informaba que los hinchas no podrán ingresar hoy al Aeropuerto de Ezeiza y deberán esperar al equipo a un costado de la autopista Riccheri. Mientras Japón empezaba a ser la mejor de las memorias, en Buenos Aires quedaba claro que los hinchas no podrán acceder al aeropuerto a ver a los jugadores hasta que el ómnibus que los conduce se suba a la autopista en el puente El Trébol.
El micro en el que viajará Boca será escoltado por la Policía Aeronáutica, la Gendarmeria, la Bonaerense y la Federal.
La caravana de los campeones seguirá por la autopista 25 de Mayo y bajará en la avenida 9 de Julio. Según dijeron en Boca, la idea es repetir el trayecto triunfal de 2000, luego de la conquista frente al Real Madrid, también en Japón. Es decir, dar una vuelta por el Obelisco, la Plaza de Mayo y terminar en el hotel Intercontinental, lugar de concentración que ahora servirá para la “desconcentración”.
El último día en Japón devolvió imágenes que quedarán en la memoria boquense. Pablo Jerez y Carlitos Tevez (con el toque que se dio en su cabeza, ahora, en el plantel, se lo conoce como el increíble Hulk) no se desprendían de las copas, la oficial y la que entrega Toyota. Eran las 18 del lunes en Yokohama cuando se subieron al micro que los trasladó al aeropuerto de Narita. Los japoneses que colmaron el lobby estallaron al ver los trofeos tan cerca. Hubo avalanchas y corridas. Y también una frase de despedida de uno de los referentes del plantel que sacudió a todos: “Hasta el año que viene…”.
El lunes había arrancado bien tarde. La mayoría no pudo pegar un ojo y eso hizo que comenzara el desfile por los pasillos y aparecieran las últimas anécdotas.
Pasado el mediodía, Schiavi y Tevez aparecieron con sus cabezas pintadas de azul. A decir verdad, ese color (y cómo les quedó) era horrible. Varios desconfiaban de la procedencia de las tinturas que fueron mandadas comprar por una traductora y luego cumplieron con la promesa de teñirse. El Flaco Schiavi rápidamente se duchó y se sacó el color artificial. Pero Carlitos se la bancó…
En uno de los pasillos del hotel había una pizarra con varias caricaturas: una de Cascini, otra de Schiavi y otra del doctor Jorge Batista, a quien volvieron loco por el supuesto parecido a un argentino que practica sumo.
Un amigo de Donnet le preguntó dónde estaba la llave que le entregaron por ser el mejor de la cancha. Fue un buen motivo para que el volante se descargara: “Me dejaron sin festejo y cuando me quería llevar la llave gigante casi me agarran del cogote. La tuve que entregar. Sólo me dieron una plaqueta”. A Perea y a Vargas se los vio preocupados porque hubo una “amenaza” grave: alguien, escondido en el anonimato, aseguró que la bandera colombiana que pasearon por el estadio había sido robada…
Uno a uno fueron dejando el nido de los sueños firmando una cartulina blanca ofrecida por las autoridades del hotel, con una leyenda: “Gracias, campeones, por su estadía. Hasta el año que viene”. Y prometieron volver…
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