LA VIOLENCIA COMO EMERGENTE SOCIAL
Horroriza saber que en la ciudad hubo 45 homicidios con armas de fuego en seis meses y cómo se profundiza la crueldad en los hechos delictivos. El Litoral consideró el tema con el doctor Máximo Soso, quien analizó los fenómenos sociales que hoy comprenden a grandes franjas poblacionales. La mirada de quien desde lo académico y profesional trabaja en la temática.
– ¿Qué factores están incidiendo para tener en Santa Fe este grado de violencia?-El punto central a enfatizar son los niveles de violencia relacionada con el delito, porque hay otras formas de violencia que suceden cotidianamente en otros ámbitos, que están vinculados a un doble proceso estructural, de cambio tanto económico como cultural.El gran nivel de delito vinculado con la violencia se produce con lo que comúnmente se llama “la ilegalidad de los bienes”, es decir los delitos contra la propiedad que constituyen un tipo específico, que transcurre en el espacio urbano, en la vía pública, comercios, etc.Pero el tema posee otra faceta bastante marcada en la ciudad de Santa Fe, que es el delito contra las personas pero sobre todo vinculadas con la resolución de conflictos familiares, vecinales. No todas estas formas de manifestación del delito deben interpretarse de la misma manera. Fenomenologías tan distintas no pueden comprenderse en el mismo sentido.En el mundo de los delitos contra la propiedad, el aumento de la violencia está vinculado fuertemente a un brutal proceso de exclusión social. Grandes franjas de la población quedaron excluidas del mercado del trabajo pero también de cualquier otro mecanismo de integración social.Pensemos en la desestructuración del sistema educativo o en la transformación de sus funciones que cada vez se reducen más. Y esto se enfatiza más en los barrios populares, con aquellas funciones relacionadas con el mantenimiento de los niveles de subsistencia; típicamente el rol de la escuela comedor. Entonces, el joven no sólo no se inserta en el mercado de trabajo -donde ya hay una exclusión de él de varias generaciones- sino que, además, los otros mecanismos de integración social también tienen altos problemas de funcionamiento respecto de esas franjas poblacionales. Esto genera una situación de privatización desde el punto de vista material que las políticas sociales de los últimos 30 años en la Argentina, en la era democrática, no han podido subsanar porque siempre se está trabajando sobre la emergencia, con una lógica de un escuadrón de bombero y con un tipo de metodología muy elemental. Gran parte de las políticas sociales que se han tramitado en la época democrática se han vinculado con la dación de subsidios y con un mecanismo que no es el de una renta mínima de inserción, del derecho de inserción, sino de otorgamiento del beneficio.
CONSUMO Y TEMPORALIDAD
– Además, tenemos la sociedad de consumo…
– Sí, entonces, por un lado tenemos una situación material de privaciones y, por otro lado, una fuerte inclusión de todas estas franjas poblacionales en cierto modelos culturales, que tienen que ver con la sociedad de consumo y con una nueva temporalidad. Me refiero a las dificultades que tienen las personas de insertarse en el tiempo. Nuestros abuelos pensaban su propia trayectoria vital hasta por décadas porque tenían esa posibilidad.
En cambio, ahora, se vive una temporalidad limitada: pensamos en lo que va a pasar mañana, la semana que viene o el mes que viene a lo sumo y esto tiene que ver con las incertezas de la vida contemporánea. Esta problemática en el mundo de los excluidos socialmente se agrava por su misma situación de privación.
La combinación de inclusión en el mundo del consumo al cual nunca pueden del todo acceder y la vocación por las cosas inmediatas, se traduce en un impulso, sobre todo en franjas etáreas específicas, hacia ese tipo de delitos contra la propiedad, y a veces con una violencia exacerbada.
– ¿Qué influencia le asigna a la droga en este incremento de los delitos y de la violencia?- Los consumos en general de las drogas legales y de las ilegales juegan un papel fundamental en todas las franjas sociales contemporáneas y, especialmente, en aquéllos que están desplazados y excluidos porque de alguna manera forma parte de esta nueva temporalidad, de esta búsqueda del placer en lo inmediato, y juega un papel como parte de esa nueva nueva experiencia vital. Lo que creo mucho más complejo es asignarle un valor causal a los consumos de drogas en la producción de la criminalidad. Creo que forma parte de una condición de posibilidad pero me parece que los discursos que ponen mucho énfasis en este punto, es decir como la clave para entender el problema de la criminalidad, se ubican en una posición demasiado simplista..
EL PAPEL DE LOS MEDIOS
– Sé que se lo niega pero el tipo de televisión que vemos, ¿no puede influenciar para la comisión de delitos?- La televisión y los medios de comunicación, en general, son un gran mecanismo inclusivo. En los barrios populares hay una fuerte presencia de ellos en la vida cotidiana de numerosas familias que están padeciendo fenónemos de privación, pero que parecen no estar privadas de la participación a través de los medios, de una esfera cultural. Y ésta, por lo menos en esta parte del mundo capitalista, pone fuertemente el peso en el consumo. Parecería que se ha convertido en la clave de la existencia social.
CON OTRAS PERSPECTIVAS
-¿Considera que si el joven tuviera una expectativa cierta de crecimiento como persona, de cambio de situación laboral y social, su situación no sería distinta?
– Seguramente. Sociólogos norteamericanos en la década del ’60 hablaron de “bloqueo de las oportunidades”. Hay lugares de la ciudad en que las oportunidades están totalmente bloqueadas: están extraordinariamente limitadas las posibilidades de que en su trayectoria vital, esos niños tengan educación y después trabajo. Creo que ahí está el foco inicial de estos procesos.
Hay que considerar un nuevo estilo de políticas públicas que, rompiendo las fronteras tradicionales, trate de colaborar en ese énfasis de desbloquear las oportunidades e invertir esfuerzos económicos y personales para generar nuevas estrategias.
Entre los actores políticos hay quienes coinciden con este diagnóstico pero, sin embargo, en el momento de tomar decisiones sobre qué hacer en materia de delito, siguen invirtiendo en esas medidas propias de la emergencia.
CON MÁS CRUELDAD
-Otra realidad es el delito con mayor crueldad.
– Calificamos como cruel a la violencia que parece no tener sentido, que no es instrumental. Porque se supone que, si alguien está robando un kiosco, tiene que amenazar con el uso de la fuerza hasta cierto punto, para poder lograr su objetivo, que en nuestra lógica de racionalidad instrumental es obtener el botín del kiosco.
Pero, cuando aparecen estos fenómenos de violencia que no tienen el sentido de esa racionalidad instrumental, tratamos de buscar otra forma de explicarlo y hablamos de la imitación.
Lo que sí hay es un fuerte fenómeno de naturalización de la violencia en amplios sectores de la sociedad, que está vinculado con los procesos culturales antes descriptos, donde la violencia aparece, ante la falta de otros recursos, como “el” recurso para dirimir problemas.
La violencia vinculada al delito es sólo un costado de ella. Tenemos la experiencia de la violencia familiar, la experiencia de la violencia institucional. En los pocos trabajos científicos existentes en la Argentina, desde el punto de vista sociológico, para indagar la experiencia de los jóvenes de las clases populares en su contacto con la Policía, lo que encontramos es una fuerte sensación de hostilidad, nacida de descripciones de prácticas constantes de ejercicio o amenaza de la violencia. Por ejemplo, nuestras policías usan en forma masiva la averiguación de identidad respecto de estos jóvenes. Su contacto pasa por “te tengo”, “te palpo de armas” y “te llevo a la comisaría”, con un uso abusivo. Esto, además, crea una experiencia de ejercicio de la violencia.
En muchos momentos de su vida, estos jóvenes experimentan la violencia y, de rebote, ellos mismos se transforman en actores de la violencia. Con esto no quiero disminuir el peso de la responsabilidad de la producción de sus hechos de violencia y lo mismo se puede dar con los actos de vandalismo. ¿Qué sentido tiene destruir un monumento o un comedor escolar?
Como verá, pongo mucho en énfasis en la heterogeneidad de estos hechos. La búsqueda que nos ayude a comprender este tipo de fenómenos tiene que pasar por la respuesta a la frustración que generan estas situaciones de injusticia.
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