LA VIOLENCIA LABORAL EN EL CENTRO DE LA ESCENA
En el marco de los cursos de Violencia Institucional que dicta la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, la coordinadora Verónica Aimar, abogada de la institución, dio un pantallazo general de la problemática y detalló lugares a los que recurrir en caso de necesitar ayuda.
Para introducir el tema, explicó que “la violencia no es algo que nos venga dado, sino que es producto de un contexto social determinado. Las conductas violentas son aprendidas y, por ende, se pueden desaprender”.
Siguiendo los ejes del curso, Aimar llamó a pensar la violencia en su contexto, sin dejar de lado problemáticas vinculadas con los Derechos Humanos, especialmente en relación con “la discriminación de las minorías”. Se refirió a lo que ocurre en las escuelas y en los ámbitos de trabajo.
-¿A qué se refiere con violencia institucional?-Cuando hablamos de violencia institucional, lo hacemos pensando en las instituciones en el contexto de sociedad en la que vivimos, que son claramente conflictivas, donde las instituciones -escuela, espacio de trabajo público o privado, hospital, comisaría- no sólo generan violencia, sino que la reciben.Tenemos que empezar a pensarnos todos como sujetos conflictuados en sociedades conflictivas, y no siempre desde el papel de víctimas. Pero para eso hay que estar involucrado, para cambiar las prácticas cotidianas y, además, tratar de pensar qué hacer con las víctimas de esta violencia.
Sin registros
-¿Hay datos o estadísticas al respecto?
-No existen estadísticas que nos permitan ver el problema, no hay conocimiento confiable y válido sobre qué es la violencia institucional. Debemos complejizar los análisis, porque hay una necesidad de hacerla visible, sobre todo, a la violencia laboral, donde se tapa la cuestión para que no se sepa.
Tampoco las instituciones generan este número. No lo hacen las escuelas, los hospitales, la policía. Por ejemplo, pensamos la violencia escolar cuando hay un hecho que nos horroriza a todos.
-¿Siempre se da entre personas de diferentes jerarquías?-Puede haber casos en que sea una cuestión de jerarquía, pero excede a esa situación. En la violencia laboral hay maltrato entre pares. En las escuelas siempre pensamos al docente maltratando al alumno o al alumno agrediendo al docente, cuando también hay que pensar cómo es la relación entre docentes, y entre niños, también. -¿Cuáles son los casos más comunes que surgieron en el curso?-Empleados públicos que sufren el maltrato del superior, como de sus compañeros en las tareas habituales. La diferencia entre el administrativo y el profesional, donde el primero se siente muy maltratado y desvalorizado. Son ejemplos que han salido claramente en el ámbito de la salud, la docencia y la policía.En el caso de la escuela, hay una cuestión grave con el docente, que sigue considerándose la autoridad y le cuesta mucho pensar en el marco de la nueva ley de infancia -N° 26.061-. Los chicos tienen derecho a ser oídos. Lo mismo pasa en el caso de la fuerza policial con el problema de género, donde las mujeres sienten que son “de segunda”.”Es necesario que discutamos la violencia en todas las instituciones”, dijo finalmente Aimar, quien hizo hincapié en la importancia de los organismos administrativos de control. Ésos son los lugares a los que recurrir para evitar abusos en los distintos ámbitos institucionales. Entre los más destacados citó a la Defensoría del Pueblo, al Centro de Asistencia a la Víctima, Adelco, a la Dirección de Comercio Interior y al Inadi.
Apuntes sobre la violencia
La psicóloga del Centro de Asistencia a la Víctima, Laura Manzi, se centró en cuatro postulados que hacen a las sociedades más permeables a la violencia. Parte de la “naturalización” del fenómeno, que tiende a “invisibilizarse”, ya que se cree que si no hay golpe no hay violencia. El contacto con ambientes violentos hace que los sujetos allí inmersos se tornen “insensibles” a lo que ocurre a su alrededor, y necesiten dosis cada vez más fuertes. Como correlato de este proceso, las instituciones, incluida la familia, recurren al “ocultamiento” de estas situaciones por temor a la condena social.
“La violencia es una construcción y una producción humana que tiene que ver con formas de organización social y con modalidades culturales”, especificó la psicóloga, en contrapartida con aquellas “concepciones de que es innata”.
También consideró a la violencia como el “ejercicio inadecuado y abusivo del poder” que se da tanto en “los pequeños grupos como en los grandes sistemas”, y no sólo en los ámbitos en los que hay necesidades básicas insatisfechas.
“Muchas prácticas sociales e institucionales no han sido vistas como violentas hasta tanto las concepciones teóricas nos permitieron visualizarlas como tal”, afirmó Manzi. Con el reconocimiento de los derechos humanos, del niño y de la mujer, fue posible “señalar que determinadas situaciones implicaban violencia”.
A pesar de los tratados internacionales “aun hoy muchas de estas prácticas se niegan y se disfrazan”; incluso “dentro de las instituciones, donde se da un proceso de ocultamiento, como respuesta corporativa de la organización”. El no reconocimiento es una manera de “evitar el desprestigio social”.
El curso
de Violencia Institucional se dictó en Santa Fe, durante 6 semanas, a partir de mediados de mayo. Hubo 50 inscriptos en la Escuela de Servicios Sociales, y otras 30 personas lo hicieron en la vecinal Belgrano. También se dio en Reconquista, con gran afluencia de público -fueron 120 personas-; en San Cristóbal, San Javier y Tostado. La organización estuvo a cargo de la Defensoría del Pueblo de la provincia, y del Consejo Federal de Inversiones (CFI).
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