LA VIOLENCIA QUE HAY EN LA SOCIEDAD TAMBIÉN SE REPRODUCE EN LA ESCUELA
Nadie habla de “violencia bolichera” cuando ocurren agresiones dentro de los locales bailables. Pero no se duda en catalogar como casos de “violencia escolar” cuando un chico lleva un arma al aula o una estudiante apuñala a su ex novio en la puerta de la escuela.
Especialistas como Fernando Osorio, asesor del Observatorio de Violencia en la Escuela del Ministerio de Educación de la Nación, diferencian el concepto de “violencia escolar”, que definen como una consecuencia de los procesos antidemocráticos que se viven en el interior del sistema educativo, de la “violencia en la escuela” que son situaciones de violencia social que irrumpen en las aulas.
Las psicopedagogas María Angélica Marmet y María Mercedes Martorell analizan el problema en esa misma línea. “Un sistema injusto porque excluye en lo político, en lo económico y en lo social es violento. Por lo tanto, genera respuestas violentas que están expresadas en los distintos ámbitos de la vida cotidiana, en el fútbol, las familias, la calle y también en las escuelas”, explicaron.
“Este fenómeno se tiende a analizar como si estas situaciones sólo se produjeran en la escuela y de forma específica en ese lugar. Lo que no se articula para el análisis y la búsqueda de respuestas efectivas, son las condiciones para que ese estallido se pueda dar en la escuela. Es decir, lo que padeció, acumuló y aprendió esa persona en los otros ámbitos que transitó durante su vida y durante el día con las condiciones existentes en la escuela, para que existan posibilidades de reproducción de esta violencia”, advirtieron las directoras de la Escuela de Psicología Social de Santa Fe Dr. Enrique Pichón Riviere.
Desde la Psicología Social entienden esta violencia como un emergente de este modelo neoliberal que produce fragmentación social, ruptura de los lazos solidarios, la exaltación del individualismo y sobre todo la pobreza, la exclusión y la impunidad.
“Lo que se instaló es un modelo de relaciones: quien tiene más fuerza y más plata es el que tiene más poder y el que resuelve. Si vemos que en causas judiciales inmensas hay quienes son llamados a declarar y quienes no, la impunidad se instala como valor de supervivencia y se reproduce en la vida cotidiana, y por lo tanto también en la escuela. Mucha gente en esta sociedad piensa que la única forma de subsistir es con un arma en la mano. Y los chicos a esto lo aprenden”, analizaron.
Sin palabras
La historia de vida de esa adolescente que acuchilló a su ex novio y compañero de clases en la puerta del colegio Simón de Iriondo en octubre pasado no es la misma de aquellos dos jóvenes que agredieron a un alumno en la vereda del Almirante Brown.
Sin embargo, Graciela Gómez, directora del Simón de Iriondo, opina que hay ciertos factores generales a tener en cuenta. “Santa Fe es una ciudad que está por encima de la media nacional en cuanto a cantidad de jóvenes en condiciones de pobreza y de indigencia. Si a esa realidad se suma la de una dirigencia corrupta, que no resuelve esa situación, con hogares donde ya no existe la dinámica familiar y una sociedad consumista donde vale el que tiene tal marca, el límite es difuso. No es fácil sostener valores que otros espacios no los tienen”, opinó.
A la directora de Polimodal del Almirante Brown, Mirta Morales, le preocupa la soledad en la que se encuentran los jóvenes. “Están tratando de resolver sus conflictos solos, se ven desamparados, no hablan con los padres de lo que les pasa, no recurren a los adultos”.
La docente advierte que entre los adolescentes tampoco media la palabra en sus relaciones: “Hay una causa y enseguida se pasa al acto violento; en el medio no existe la palabra, la paciencia, la tolerancia, sólo la reacción”.
El diálogo como mediador de conflictos prácticamente está desaparecido. “Nos pusimos a pensar como hipótesis qué relación hay con la fragmentación del pensamiento, los video clips, los juegos de computadora donde no se procesa para ver qué hago para resolver tal situación, si no que prima el estímulo-respuesta”, dejaron planteado las psicopedagogas.
Propusieron recuperar en las aulas la posibilidad de pensar con los propios jóvenes qué les pasa, instalar la reflexión y verbalización sin llegar a que se acusen.
Alianza pedagógica
Las estrategias que buscan prevenir o actuar sobre la violencia en la escuela apuntan en general a promover la escucha entre los distintos actores y a favorecer el uso de la palabra para resolver cualquier tipo de diferencia o conflicto. Sin embargo, la queja que se escucha entre los docentes es que están solos, desbordados, casi sin argumentos ante situaciones que se les escapan de las manos, y sin orientación sobre cómo actuar o implementar las herramientas como la mediación escolar.
La inseguridad llega a tal punto que el secretario general del gremio Amsafe La Capital, Hugo Sagardoy, aseguró que hay docentes que dudan en bajarle la nota a un chico ante el temor de su reacción.
La Escuela de Psicología Social hace tiempo que trabaja con las escuelas en la problemática de la violencia y sugiere encarar como respuesta una “alianza pedagógica”.
En primer lugar, entiende que se debe recuperar la misión de la escuela: enseñar. “Hay una falsa contradicción entre educar y asistir, que genera vivencias de confusión respecto de lo que hay que hacer”, apuntaron.
Martorell y Marmet proponen recobrar las tareas pertinentes a cada rol dentro del sistema educativo y planificar acciones que vuelvan a establecer la necesaria alianza pedagógica entre todos los involucrados.
“Hay que comprender que si el maestro no está, los chicos no aprenden; si los chicos no van a la escuela, el maestro no tiene trabajo; si los padres no llevan los chicos a la escuela, ésta no existe; si los directivos no dirigen, la escuela sería un caos; si los porteros no organizaran el espacio físico, tampoco se podría enseñar; y si el Estado no brinda las condiciones necesarias, el sistema no funciona”.
Agregan que “en la medida en que todos se den cuenta de que el otro no es enemigo, si no una persona necesaria para que yo pueda cumplir mis fines y objetivos, se puede pensar que esta soledad no es tal y que juntos, desde los distintos roles y responsabilidades, pueden enfrentar los problemas de una manera cooperante y solidaria. El Estado y Ministerio de Educación tienen un papel prioritario e indelegable en esta alianza pedagógica”.
Para las psicopedagogas existe una enorme reserva profesional y ética en las instituciones educativas que permite reflexionar las distintas situaciones en conjunto. Con ese rumbo sugieren trabajar en la prevención de la violencia.
Cronología
El 20 de octubre una chica del ex Colegio Nacional hirió gravemente con un cuchillo a un compañero en la vereda de la institución. El adolescente debió ser hospitalizado.
El 25 de octubre en la escuela Estanislao López del barrio Santa Rosa de Lima, una adolescente de 15 que golpeó a otra de su misma edad habría intentado echar mano de un cuchillo que escondía en una de sus zapatillas. Intervino la preceptora y el hecho no pasó a mayores.
El 28 de octubre un escolar de 12 años atacó a otro de su misma edad, infligiéndole una herida en el brazo derecho con una navaja. Fue en la escuela Ignacio Crespo de Santo Tomé.
Ese mismo día, en la puerta del Almirante Brown, un par de adolescentes atacó a otro en la puerta de la institución.
En Rosario fueron varios los hechos ocurridos en los últimos días. Los llamados que recibe el SOS Escuela de esa ciudad se multiplicaron por dos en los últimos años y recibe cuatro denuncias diarias de casos de violencia escolar.
0-800
Una de las decisiones que se tomaron desde el Ministerio de Educación fue la de incorporar hace unos meses un servicio gratuito (0800-555-3728) que atiende de 9 a 17 horas. Detrás funciona el equipo de profesionales del Programa de Convivencia y Prevención de la Violencia en las Escuelas, que brinda acompañamiento y asesoramiento a los establecimientos que han vivido casos de violencia.
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