LA VIRGEN FUE PROTAGONISTA DE UN EMOTIVO ACTO DE FE EN SAN NICOLÁS
Llegaron desde todos los lugares, desde los más remotos de la Argentina hasta de países vecinos. Fueron centenares de miles los peregrinos que ayer coparon esta ciudad para concretar otro acto de fe en el 22º aniversario de la primera aparición de la Virgen del Rosario ante una vecina nicoleña. A pedir o a agradecer, a rogar por la paz o simplemente a cantar su emocionado “feliz cumpleaños” a María, una multitud de fieles renovó su devoción en una jornada que difícilmente será olvidada.
La fiesta mariana había comenzado a la medianoche, cuando miles de creyentes con antorchas en sus manos participaron de la procesión y misa para celebrar el emocionante cumpleaños. Un rato después que Zamba Quipildor entonara la Misa Criolla, los fuegos artificiales encendieron el cielo de San Nicolás y el “que los cumplas feliz” atronó en el mítico campito donde Gladys Motta habló por primera vez con la Virgen.
“Estamos aquí desde el viernes y no quisiéramos irnos nunca, porque hace tres días que vivimos una paz difícil de describir. Tuvimos casi un día de viaje y otro tanto nos espera, pero ya hacemos planes para volver el año que viene para agradecer a esta virgencita lo que hace por nosotros”, se emocionó un grupo de peregrinos de Rawson, acodados a pleno sol desde hacía horas cerca del palco donde, después de las 15, llegaría la imagen de la Virgen tras la procesión por las calles del barrio.
A las 9 ya era casi imposible ingresar a la basílica. Una multitud pugnaba por entrar al templo, mientras en una hilera que se extendía por más de 10 cuadras los peregrinos esperaban pacientemente su turno para poder estar un par de segundos en el camarín de la Sagrada Imagen.
A casi 300 metros de esa entrada, María Ferreyra repartía sus brazos entre una sombrilla y una imagen de la virgen de Caacupé. Hacía apenas horas que había llegado en micro desde Paraguay para testimoniar su fe. “Vengo todos los años, y esta vez tengo un motivo especial para agradecer a esta Virgen milagrosa, porque salvó a mi marido de una enfermedad muy mala”, dijo entre sollozos y el consuelo de sus compañeros de tan largo viaje.
“Somos de Don Torcuato y vinimos caminando. Esta es la cuarta vez que hacemos la peregrinación. Llegamos anoche y pese al cansancio desde entonces no podemos dormir por la emoción que tenemos”, señaló un joven matrimonio que descansaba tanto trajín a la sombra de un árbol.
Multitud de peregrinos
A medida que pasaban las horas, la multitud se multiplicaba, y en más seis cuadras en la redonda se hacía difícil avanzar un paso. Mientras cientos de vendedores de todo lo imaginable pugnaban por hacer su agosto en septiembre, las playas de estacionamiento de micros y automóviles hacía rato que ya estaban colapsadas.
Colectivos llegados desde Mendoza, Tucumán, Jujuy y Río Grande, y hasta de Uruguay, Brasil y Bolivia confirmaban la impronta sudamericana de esta gran fiesta de fe católica.
Justo a las 15, en medio de una lluvia de pétalos de flores, la Virgen apareció en la puerta de la basílica. Banderas agitadas y rostros llorosos marcaron el instante más emotivo de la jornada. Entre lágrimas, chicos, jóvenes y ancianos le prometían su amor, y la procesión comenzaba su lento andar por las calles del barrio. En ese momento, fuentes del movimiento mariano estimaron en unos 300 mil la cantidad de peregrinos que ocupaban cuadras y cuadras.
Más de media hora demoraron en llegar hasta el campito, donde el obispo de San Nicolás, Héctor Cardelli, celebró la Santa Misa junto a decenas de sacerdotes. Los gritos de “Viva María” y “Viva la Virgen” coparon el espacio, mientras la multitud no cesaba de cantar y aplaudir.
“Yo vivo a media cuadra del campito, pero le aseguro que nunca vi tanta gente, este año creo que ha superado todo”, aseguró Raúl casi al mismo tiempo que muy cerca de allí, en la casa de Gladys Motta, la gente seguía depositando cartas y pedidos, sobre todo por salud y trabajo, para que la mujer intercediera en su nombre ante la Virgen.
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