LA VUELTA DE ORTEGA CONMOVIÓ A TODO RIVER
Tarde soñada para todo River, pero en especial para él. No por el clima; las nubes taparon al sol desde temprano y la lluvia cubrió la ciudad en apenas unos minutos. Pero fueron esas gotas las que inmortalizaron aún más este momento, las que le dieron emoción a un día digno de ensueño.
“Llamalo” , indicó Passarella desde la línea de cal. El lo esperaba desde que tuvo que abandonar el equipo en su peor momento personal. El buscaba ingresar desde que salió a la cancha con los botines en mano. Y, a los 22 minutos del segundo tiempo, el Kaiser le dio su confianza y lo metió para que regale lo que mejor hace: jugar a la pelota.
Ovación de aquí, ovación de allá. Previsible, claro. Pero a los 33 minutos del segundo tiempo, Ariel Ortega hizo un poco más. El Burrito dejó a un defensor en el camino con un sombrero y definió con un toque sutil y perfecto por arriba del arquero para marcar su gol. Y aunque en el marcador sólo significaba el 4-0, ese gol no fue uno más. Fue magia, fue potrero, fue alegría y fue fundamentalmente un portazo a los fantasmas que le hicieron marca personal en el último tiempo. Con ustedes, el regreso del hijo pródigo, del hombre mimado de la casa.
Y Ortega sabía que ese gol no lo había conseguido solo. Sabía que a esa pelota le pegó junto a todo el plantel, junto al cuerpo médico. Y también su amigo, confidente, padre adoptivo, ese hombre que cuando llegó pidió que él esté en el equipo, y, aunque le costó, lo logró. Por eso, apenas vio como la pelota besaba la red, se sacó la camiseta y corrió al banco para fundirse en un abrazo sentido con Passarella, quien siempre lo acompañó.
Pero antes, hubo un partido. Un encuentro que River dominó a su antojo. Con un buen marco de público, a pesar de la lluvia, el primer tiempo empezó de ida y vuelta, a gran velocidad por el estado del campo de juego. Rápidamente, el local puso en funcionamiento su engranaje ofensivo con un pase en profundidad de Gallardo para Farías, que de media vuelta la abrió a la derecha para Higuaín. El Pipita busco el centro atrás, pero la defensa de San Lorenzo salió sin problemas desde el fondo.
El conjunto de Boedo, en tanto, intentaba desequilibrar mediante la rapidez de Ezequiel Lavezzi. Pero el que manejaba los hilos del encuentro era el local. Así fue que a los seis minutos, una buena jugada colectiva de los dirigidos por Passarella, culminó con el centro al segundo palo de Paulo Ferrari, que Víctor Zapata recibió solo y mando a guardar de cabeza al arco de Saja.
Impensadamente, en el comienzo, River se ponía en ventaja aprovechando la lentitud de los defensores contrarios. Un minuto después, un grosero error defensivo de la visita –chocaron en el área Pablo Quattrocchi y Adrián González- permitió que Farías, con gran calidad, pusiese la pelota entre el palo izquierdo y el arquero.
Con el correr de los minutos, la producción de ambos equipos empezó a mermar. Los de Núñez se dedicaron a abrir la cancha con Ferrari y Zapata como abanderados de cada costado. Así, fue como se generaron la mayoría de los ataques locales.
Mientras que el Millonario probaba al arco en cada oportunidad que se le presentaba, los de Boedo cuidaban la pelota en cada ataque. Pero la defensa de River ahogaba los intentos de San Lorenzo por llegar al gol por abajo, por eso los visitantes empezaron a intentar desde afuera del área.
A los 34 minutos, Elizondo cobró un penal inexistente a favor de San Lorenzo, por una falta de Juan Pablo Carrizo sobre Andrés Silvera que sólo el juez internacional vio. Pero el arquero hizo justicia por mano propia. El remate de Saja a la izquierda encontró destino en las manos del 1 de River, que marcó un antes y un después en el partido.
El equipo de Passarella entró dormido al segundo tiempo, lo que permitió el crecimiento en el juego de los de Ruggeri. Pero River podía quedarse tranquilo en el letargo, porque la falta de viveza y efectividad en ataque de San Lorenzo hacían que el marcador aún señalara el 2-0.
Y al local le alcanzó con avisar dos veces en veinte minutos para llegar al tercero. A los 19 minutos, un gran quite de Huguaín sobre Alvarado devino en una buena jugada por derecha del Pipita, que desbordó atrás con Belluschi. El ex Newell’s tocó de primera para Zapata, quien con mucha calidad puso de zurda el 3-0.
Luego, Farías tuvo la chance de sellar la goleada . Es que el Tecla recibió el pase en profundidad de Gallardo y solo ante el arquero Saja la tiró afuera. Con poco en la segunda parte, River le tiraba la chapa de candidado a San Lorenzo y se trepaba a la punta del campeonato.
Después llegaría el impresionante gol de Ortega. Y para el final, con el tiempo cumplido, Farías recibió solo en el punto del penal un centro desde la izquierda para anotar el quinto y último tanto de una goleada para enmarcar.
Esta aplastante victoria no sólo agudizó la paternidad ya existente de River sobre San Lorenzo. Sino que además marcó un clásico que el Burrito difícilmente pueda olvidar. Por el regreso, por el gol y porque volvió a disfrutar de la pelota. Bienvenido a lo tuyo, entonces.
Este contenido no está abierto a comentarios

