LANZAN UNA GUÍA PARA ALIMENTAR CORRECTAMENTE A LOS BEBÉS
Son errores que cometen los padres y madres con sus bebés. Darles a los tres meses un postrecito comprado. O aburrirlo con papillas de papa y zapallo cuando empiezan a comer, a los seis. O bien proponerle un poco de carne recién a los nueve meses. U ofrecerle caldo de cubitos, productos de copetín como palitos fritos, jugos de soja o sintéticos.
Falta información sobre lo que técnicamente se llaman alimentación complementaria del lactante. No es que jamás se haya hecho nada —la Sociedad Argentina de Pediatría viene trabajando el tema desde hace tiempo—, pero es ahora cuando, por primera vez, el Ministerio de Salud de la Nación publicará las Guías Alimentarias para la Población Infantil.
El objetivo es que esas guías —hay 10.000 ejemplares en imprenta, destinados a centros de salud— lleguen a cada casa argentina donde haya un niño. Para cumplir tan ambicioso objetivo, necesitarán aliados. “Fueron hechas para la gente y tiene que lle gar. Los chicos necesitaban algo específico, porque están en una etapa gestacional en la que necesitan más nutrientes”, dijo la licenciada en Nutrición Elsa Longo, impulsora de estos instrumentos educativos que se elaboran desde hace dos años en la Dirección Nacional de Salud Materno Infantil del ministerio.
Los mensajes fueron testeados en grupos de padres, madres y abuelos en 14 provincias argentinas. El primero de ellos puede sonar repetido pero aún no entró en toda la población. No hay como la leche materna, ni como el contacto del bebé con su madre. “Hablar de ‘leches maternizadas’ está mal. Ninguna fórmula artificial con agregados, por más excelente que sea, se puede parecer jamás a la leche de la madre, que es un líquido vivo. Tienen células vivas de la madre que pasan al hijo y le brindan protección”, dice Longo.
Oficialmente se marca un idea de lactancia hasta los 2 años o más. A partir de los 6 meses, viene la incorporación de otros alimentos, con excepciones como frutillas, cítricos, pescados, que pueden generar alergia en algunos chicos.
A esa edad se empieza con alimentos blandos, de sabor parecido a la leche materna, sin agregados de sal y azúcar. Purés y papillas, sí, pero también es necesario incorporar un poquitito de carne molida. Una cucharada rallada o triturada para que esas papillas sean vehículos de nutrientes. ¿Desafío argentino? Romper la monotonía a la hora de comer. Madres, padres: los bebés pueden comer purés de casi cualquier cosa, no solo de papa y zanahoria. De postre, para empezar, pulpa de frutas.
Algo que explican los nutricionistas es que no se puede llenar el diminuto estómago de un bebé con alimentos pobres en nutrientes. Flavia Raineri, referente de Salud Integral del Niño de 0 a 5 del Programa Materno Infantil de la provincia de Buenos Aires, lo plantea con una pregunta: “¿Qué como cuando quiero adelgazar? Bueno, así es como no hay que darle de comer a un bebé. Si le damos zapallo solo o una sopa chirle, tendrá mucho volumen y poca caloría. Necesitan alimentos con mucha densidad energética”.
El bebé debería comer carne todos los días. Es lo ideal; de lo contrario, al menos 3 veces a la semana. Aporta hierro y no es un nutriente menor. Dice Longo: “Las anemias por déficit de hierro son la carencia nutricional mas prevalente en los niños de 6 a 24 meses de edad”.
Otro error común: darle al bebé jugos artificiales o de soja. “Hasta los 2 años no conviene que coman soja”, dice Longo. Desde pequeño, lo mejor es agua segura. “Estaría bueno que en los cumpleaños haya agua. Valorémosla”, dice Raineri.
También se deberían evitar los embutidos, hamburguesas industriales, productos concentrados como sopas, y hasta tes naturales, infusiones que podrían parecer inocuas. Hasta el año, los chicos tienen poca capacidad de eliminar sustancias extrañas como los conservantes.
Otro punto a considerar es la textura. “Tiene que ser apropiada para la edad. A veces se les dan guisos en edades muy precoces”, agrega otra experta en el tema, la doctora Norma Piazza, secretaria del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría. Piazza recordó otra recomendación sobre la que hay consenso y que no se debe descuidar: la higiene, tanto en el preparado de los alimentos, como en los niños.
Las guía educativas tratarán de derribar otro mal hábito: no alimentar a un lactante cuando está enfermo. El ayuno no favorece en nada la recuperación. Conceptualmente, exceden lo nutricional. Desde el prólogo se plantea que alimentar no es solo dar de comer. “Es incorporar al lactante a la sociedad donde vive, a las pautas culturales —dice Longo—. Hay que rescatar la idea de comensalidad, que se está perdiendo en el mundo moderno donde la gente come sola, aislada.
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