Las Bariloche
Hay un estudio realizado por un grupo de docentes universitarias residentes en Bariloche, entre ellas la santafesina Dora Riestra, en el que se plantea el interrogante acerca de si existe o no una identidad de barilochenses. No es para menos, un pueblo en el que conviven cuatro corrientes migratorias: europeos, chilenos, pueblos originarios y llegados de otras provincias argentinas, cada tanto se pregunta cuál es verdaderamente.
El trabajo presentado en video da cuenta de una condición que se palpa caminando por la calle: Bariloche es una de las ciudades más cosmopolitas de Argentina. Y a este trabajo, nosotros, con mirada de quien llega por unos pocos días, nos permitimos agregarle un condimento: la dos ciudades que conviven en una misma jurisdicción, la que comprende el sector de movilidad permanente del turismo y la que habita todos los días en “los barrios de arriba”.
Nos detendremos apenas brevemente en la Bariloche más conocida. Es la ciudad a la que le crecen alas en forma de loteos con construcciones faraónicas rumbo a Llao Llao y el Circuito Chico, la que ofrece una arquitectura armoniosa y tradicional en las calles del centro que la convierten en envidiable o la que recibe todo el año –además de estudiantes- cientos de turistas europeos, chilenos, brasileños o de otras provincias argentinas, dejando satisfechos con su hotelería, su gastronomía y su paisaje absolutamente a todos.
La otra, la que nos interroga, está más allá, en los barrios que también le dieron alas a la ciudad, pero menos pretenciosas, más criollas, menos acreedoras del mote de “la Suiza argentina” que le endilgan con razón a la primera. Las dos calles más importantes de la primera –Mitre y Perito Moreno- corren paralelas a Nahuel Huapi. Las dos calles más importantes de ésta Bariloche que nos ocupa, corren paralelas entre sí, pero opuestas a las otras. Son Onelli y Elordi, menos conocidas para el gran público.
En Mitre y Perito Moreno pareciera estar todo. En Onelli y Elordi lo está. Los barilochenses de una nueva clase que llegó con la intención de una salvación económica y no pudo lograr la meta viven en esa zona. Allí donde las cosas cuestan lo mismo que en otros lugares del país, donde las tonadas a lo sumo son trasandinas pero nunca suecas y donde la ciudad que abajo es Suiza, aquí se parece a una ciudad del sur, más que del sur argentino, del sur del planeta.
Retomemos el estudio de las profesionales universitarias. Allí se recogen testimonios de habitantes de “las dos Bariloche”, la de abajo y la de arriba. La particularidad más saliente es que la mayoría coincide en cierta insatisfacción por estar aquí. Unos por los tan argentinos motivos económicos, otros por la imposibilidad de relacionarse afectivamente en una comunidad con rasgos de “cerrada”, otros porque tienen añoranzas de unos orígenes a los que quizás no puedan regresar.
Acaso ese sea un rasgo de la identidad buscada, la idea de estar aquí, bien o mal, pero siempre con la sensación de que algo anda faltando. Sea o no cercano a lo real este planteo, quien viene un par de días, una semana, el tiempo suficiente para gozar una y medirle el pulso a la otra Bariloche, seguro lo habrá de pasar bien. Todo está montado para que así suceda. Al circuito turístico le andan faltando los problemas y le anda sobrando la belleza. Esta última –y esto sí es irrefutable- es parte de la identidad.
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