LAS BOMBAS TERMINARON CON LA FIESTA
Se había avisado por los altoparlantes, después de la primera bomba de estruendo, que si tiraban otra nos retirábamos. Tiraron otra y nos retiramos. Así de simple. Me parece una decisión acertada. No hay que esperar que se lastime un jugador para suspender un partido…” Las palabras de Horacio Ameli en la medianoche, justo en la frontera entre el miércoles y el jueves, fueron sencillas y claras. El propio Ameli había sido el primero de todos los protagonistas en hacer notar su disconformidad. El primero en proponer la suspensión.
Y al final se impuso esa postura. River y Racing completaron el primer tiempo pero no salieron a jugar el segundo. Porque cayeron dos bombas de estruendo durante el partido. Y Salta se quedó con la fiesta atragantada por culpa de unos pocos energúmenos que lo arruinaron todo.
En realidad, el árbitro Rafael Furchi mandó a los planteles a los vestuarios unos instantes antes de que se cumplieran los 45 minutos de juego. “Lo hice creyendo que después, en el vestuario, podía arreglarse todo. Vinieron a verme los técnicos, los capitanes y algunos jugadores más, pero con buen tino, hay que reconocerlo, privó en los futbolistas la idea de suspender el partido. Me comentaron algo sobre cuestiones gremiales, que no puedo repetir. Pero la verdad, no se puede estar en desacuerdo con la medida”, indicó Furchi.
En un país aún sensibilizado por la reciente tragedia de Cromañón, llamó la atención el uso de pirotecnia que provocó la suspensión del partido.
En un estadio con aforo para 22 mil espectadores y que anoche estaba en un 95 por ciento de su capacidad, los problemas se originaron en la cabecera que estaba ubicada detrás del arco de Germán Lux. Esa tribuna fue dividida en dos: la mitad estaba ocupada por hinchas de Racing y la otra mitad, por gente de River, separados por un espacio vacío y un cordón policial. Apenas salió el equipo de Guillermo Rivarola a la cancha se escucharon (y se vieron) ocho explosiones de la pirotecnia conocida como tres tiros, cuyo uso está prohibido en los estadios del Gran Buenos Aires y la Capital Federal.
Fue sólo el principio: a cinco minutos de iniciado el encuentro, nuevamente desde el sector de los hinchas de Racing se arrojó la primera bomba de estruendo, cerca de Horacio Ameli, quien hacía gestos diciendo una más y me voy. Todo pareció calmarse, pero a los 44 minutos cayó la segunda bomba, esta vez cerca de Germán Lux. Inmediatamente, Ameli le solicitó a Furchi que suspendiera el partido. “Así no se puede jugar. ¿Qué esperamos? ¿Que maten a alguien?”, gritó el defensor.
El árbitro intentó reanudar el encuentro, pero Ameli no volvió a la cancha. Y Leonardo Astrada se mantuvo parado dentro del campo. Entonces, Furchi advirtió que se cumplía el tiempo de juego y dio por finalizada la etapa. Diego Simeone se acercó a la tribuna de Racing para pedirles calma a los hinchas. Mientras tanto, jugadores y cuerpo técnico de River se fueron al vestuario con la decisión de no jugar el segundo tiempo. Llamaron por teléfono los dos máximos dirigentes de River: el presidente José María Aguilar y su mano derecha, Mario Israel. Hablaron con el directivo Norberto Alvarez y con algunos referentes. Pero no hubo caso. Llegaron hasta la puerta del vestuario los jefes policiales para “otorgar las garantías necesarias porque ya están detenidos los tres hombres responsables del hecho”. Pero no. Los jugadores de River y Racing acordaron en el vestuario de Furchi suspender el partido. Al final, con el estadio vacío, hubo una conferencia de prensa con jugadores y técnicos de ambos clubes. Ya era jueves. El fútbol se había ido a su casa.
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