LAS CEREALERAS ACEPTARON EXPORTAR MENOS TRIGO POR PEDIDO DEL GOBIERNO
El Gobierno amenazó ayer a las grandes cerealeras con restringir las exportaciones de trigo para evitar una suba interna de los precios del pan y otros alimentos que dependen del cereal. El “apriete” oficial llegó a los productores por vía de la ministra Felisa Miceli y del secretario Guillermo Moreno. La ministra intentó ser sutil y les recomendó a los exportadores que “autorregulen” sus embarques, ya que el escenario de oferta y demanda se presenta muy ajustado y el abastecimiento interno podría complicarse a fin de año.
En concreto, Miceli reclamó que los embarques de trigo no superen este año las 7 millones de toneladas, un volumen 30% inferior al exportador en 2005. “Tengan claro que nuestra prioridad será el mercado interno. No me lleven a tomar una medida de este tipo; no queremos tener otro conflicto con el campo”, les dijo la ministra, en tono amenazante, a los principales exportadores de la Argentina, a quienes convocó temprano para cortar de cuajo la espiral de rumores sobre un inminente cierre de los embarques, similar al vigente para la carne.
En Economía se analizó suspender por 30 días el registro de exportaciones, en el que las cerealeras van anticipando sus próximos pasos comerciales. Y es que allí, en muy pocos días, el sector registró operaciones por 1,5 millón de toneladas del cereal, sobre un total acumulado para todo el año de 7 millones.
Es fácil de entender la preocupación: con esas declaraciones, los exportadores agrícolas prácticamente cubrieron el saldo exportable de trigo disponible para el presente año, que será de poco más de 7 millones de toneladas. Es que la Argentina produjo este verano 25% menos de trigo que en 2005. Fueron 12,5 millones de toneladas a las que deben descontarse 5,5 millones destinadas al consumo interno.
Esto no significa que la sangre haya llegado al río, ya que en realidad las cerealeras recién realizaron embarques concretos por 4 millones de toneladas. Es decir que todavía les quedan 3 millones por embarcar. De allí el pedido de Miceli para que las intermediarios agrícolas “autorregulen” sus ventas externas y quiten presión a los molinos locales.
El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, le puso el tono picante a la reunión reclamando a los directivos del Centro de Exportadores de Cereales que devuelvan al Estado los certificados gestionados en los últimos días. Alberto Rodríguez, gerente de esa entidad, contestó que eso no era legalmente posible. La respuesta no inquietó a Moreno.
Tras los tironeos y las presiones, las cerealeras aceptaron la llamada “autorregulación”. “Los exportadores entienden que si no se autorregulan podemos entrar en zona de colisión”, sintetizó otro funcionario. Entre los asistentes estaban el presidente de Bunge, Raúl Padilla, y el titular de la Federación de la Industria Molinera, Alberto España, que salió conforme porque el Gobierno “se anticipó a los problemas”.
Y los problemas, según analistas, estarían entre nosotros en los próximos meses. Sucede que el planeta registra una campaña triguera bastante negativa, con pobres cosechas en los principales países productores y una demanda sostenida. En ese contexto, los precios internacionales del cereal vienen empinándose. Puede ser una explicación de por qué los exportadores anticiparon tan de golpe sus intenciones de venta.
Como sea, Economía intentó ayer ponerle límites a la exportación, para evitar que en los últimos meses del año —y antes de la próxima cosecha de enero 2007— pueda haber desabastecimiento de trigo y se disparen los precios domésticos de la harina, el pan, los fideos, las galletitas, etcétera.
Pese al tono duro que tuvo la advertencia a los grandes jugadores del negocio agrícola (quienes más trigo venden son Bunge, Cargill, Dreyfus, Toepfer y la Asociación de Cooperativas Argentinas), en la reunión se intentó no enviar “señales negativas” al mercado. Es que el campo debe decidir por estos días cuánto trigo sembrarán. En el Gobierno esperan que el área cultivada con el cereal crezca de 15 a 20%. Pero claro, una posible veda espantaría a cualquier productor.
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