LAS GRANDES POTENCIAS ANALIZAN SU RESPUESTA A IRÁN
Representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU –Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña- y de Alemania celebran una reunión a puertas cerradas en Londres para discutir cómo responder a la decisión de Irán de reanudar actividades de su polémico programa nuclear vinculadas con el enriquecimiento de uranio a pesar de las advertencias contrarias de varias naciones.
Un portavoz de la Cancillería británica rehusó dar detalles sobre el encuentro y se limitó a señalar que se analizarán “los próximos pasos” a seguir. Se cree que los diplomáticos de Gran Bretaña, Francia, Alemania (la troika europea que desde 2003 negocia con Irán) y Estados Unidos intentarán persuadir a sus colegas de Rusia y China para que respalden la elevación del expediente iraní al Consejo de Seguridad de la ONU, la única instancia que puede imponer sanciones contra un país.
Londres, París y Berlín han pedido una reunión urgente de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que deberá elaborar un informe y podría remitir el caso al Consejo de Seguridad.
Hoy el ministro británico de Relaciones Exteriores, Jack Straw, acusó directamente a las autoridades iraníes de la crisis por incumplir sus promesas al romper los precintos en tres instalaciones nucleares.
Por el contrario, el canciller de Arabia Saudita, príncipe Saud Al Faisal, acusó a Occidente de ser parcialmente responsable de las ambiciones nucleares iraníes por haber permitido a Israel desarrollar su propio arsenal.
El entredicho con el régimen islámico iraní se agravó el martes cuando Irán puso en marcha otras dos plantas de enriquecimiento de uranio, tras dos años de congelamiento de su plan nuclear. A pesar de que en reiteradas oportunidades el polémico presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, aseguró que su país no tiene interés en desarrollar armas nucleares, la medida fue rechazada tanto por los países europeos como por Estados Unidos, que están preocupados por la supuesta actividad nuclear que lleva a cabo Teherán desde hace 18 años y que, desde su descubrimiento, sólo ha permitido un mínimo control a la OEIA.
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