Las inexplicables cosas del fútbol
¿Picarla en una definición por penales de un Mundial? ¿En el último remate de la serie? No, no puede ser cierto. Pero Sebastián Abreu, más Loco y querible que nunca, lo hizo. Y la metió. Y el arquero no salió en la foto. Uruguay está en semifinales tras una emocionante definición, de esas que ponen al fútbol en un lugar sagrado e inigualable entre todos los deportes. Gloria a Luis Suárez, el primer héroe de la noche. Evitó alla Mario Kempes el seguro gol de Ghana en el último minuto de la prórroga. Lo expulsaron y se fue llorando. Se dio vuelta para mortificarse aún más y vio cómo Gyan la tiraba por arriba del travesaño. Le cambió la cara en un segundo. No jugará en Ciudad del Cabo. Pero se sacrificó por la causa. Sin su mano, no había penales. Era derrota. Merece el reconocimiento por su acción instintiva para salvar al equipo. En la definición, llegó el turno del arquero Muslera, cuyas manos deberían ser inmortalizadas en la Playa Brava de Punta del Este al lado de los Dedos. Atajó los remates de Mensah y Adiyiah. Y en el quinto tiro, llegó esa inconsciente, genial, demente y cojonuda ejecución de Abreu.
La Celeste se enfrentará contra Holanda. En nombre del resultado, así podríamos justificar su resonante triunfo ante Brasil: "Fue inteligente, nunca se desesperó, respetó el orden y tuvo contundencia". Listo. Ya comentamos el partido con la mirada del día después: flores al ganador. Puro verso. En realidad, Brasil se autodestruyó. Había hecho todo para ganarlo en el primer tiempo e hizo todo para perderlo en el segundo. La Naranja jamás se convenció de que podía quedarse con el juego. Ni siquiera en ese contraataque de intercolegial en el minuto 93, donde tres futbolistas no pudieron definir solos contra Julio César. Festejó la victoria con la incredulidad de quien se saca la lotería y no sabe qué hacer cuando le dan la noticia. A los 10 ya perdía con el gol de Robinho, que aprovechó la siesta de los zagueros, demasiado abiertos. Fue sometida durante el primer tiempo. Por momentos, hubo sandunga de los azules, con cuatro chances claras para aumentar.
Pero este maravilloso juego tiene giros inesperados. Julio César salió a cazar mariposas y el desvío fatal en un compañero empató el partido. El primer remate naranja terminó en el segundo gol, con dos cabezazos en el área chica modelo 68-70 del Estudiantes de Zubeldía. Wesley Sneijder está bendito en este Mundial: tres tantos, dos pases gol a Robben y el centro para el autogol brasileño. Si algo le faltaba a este increíble sabotaje, a este derrumbe ante la primera adversidad, era una expulsión. Y llegó esa roja por una agresión sin pelota. Dunga colaboró con la causa holandesa y sacó a ¡Luis Fabiano! cuando debía buscar el empate con todos sus recursos. Holanda agradeció estas concesiones y tuvo la virtud de no acurrucarse ni equivocarse cerca de su arquero. El duelo se resume en un solo futbolista: Felipe Melo. Tuvo un rol protagónico. Le dio el pase gol a Robinho, anotó el empate en contra, no marcó a Sneijder en el 1-2 y se hizo echar por un pisotón mala leche. Tristeza não tem fim, culpa de este "Melo-Drama". Holanda disfruta y aún no lo puede creer. Inexplicables cosas del fútbol, como ese penal de un tipo que está completamente loco.
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