LAS LLAVES DEL ÉXITO
SALIO TEVEZ Y FUE EL TURNO DE CASCINI
Un rasgo determinante en esta consagración fue como el equipo pudo sobrellevar la salida obligada (inesperada, seguramente) de Carlos Tevez, el jugador insignia frente a River y San Lorenzo. Fue un Boca parecido pero distinto. Porque sostuvo la pretensión de controlar los partidos con presión y pertinaz ofensiva, pero con la aparición de otras individualidades. Uno de esos gestores del tramo final fue Raúl Cascini. El mediocampista realizó un exhuberante despliegue físico, casi conmovedor, pero con un enorme sentido del tiempo y la distancia para interrumpir y hacer una jugada desde donde capturaba la pelota. En un conjunto donde cada pieza es clave, Cascini por presencia y capacidad fue el eje. Y terminó su faena en Avellaneda con una tarea sobria, consistente de indiscutible jerarquía.
2 CON LA MARCA EN EL ORILLO
Este campeón tuvo el sello de su entrenador. Si hay algo que se le debe reconocer es la forma en cómo jugó Boca durante el torneo (aunque todavía le quedan por delante dos fechas). El orden táctico fue una de las características principales. Es difícil encontrarlo a Boca ofreciendo huecos. Arsenal lo hizo tambalear dos veces cuando el partido estuvo igualado. Y Banfield también lo sacudió. Pero aún en el partido que perdió contra Newell’s (cabezazo de Patiño), no fueron muchas las veces que los rivales tuvieron en jaque permanente a Schiavi, Burdisso, Clemente, Jerez o Perea.
La prioridad de Boca fue poseer el dominio del partido apoderándose de la pelota. Y, seguidamente, demostrar invulnerabilidad para cortar y partir en contraataque. Una fórmula exitosa.
3 IARLEY PASO UN FILTRO MONUMENTAL
Apareció en el final, Iarley. Contó con el respaldo de Bianchi y aunque le costó entrar en el ritmo de Boca y del fútbol argentino, cuando el equipo más lo necesitó el brasileño desempolvó sus cualidades. Iarley demostró que la confianza se cotiza alto. Tal vez si no le hubiesen tenido paciencia, este delantero retacón y con una extraña habilidad, se habría quedado a mitad de camino. Porque únicamente contra Colón se había destacado. Pero, el técnico lo esperó y se destapó en el choque más fiero; contra River en el Monumental.
A partir de ahí, Iarley gozó del beneficio que le otorgó la gente y se quitó la presión de demostrar porque es titular y casi indiscutido. Ahora llegará el Milan, el otro gran desafío para que Iarley demuestre si puede seguir los pasos de Paulo Valentín.
4 UN PLANTEL QUE TIENE BUENA ONDA
Una de las razones para tantos éxitos es la unión que existe en este grupo. Por que al margen de que conviven diferentes “generaciones”, en el plantel predomina la buena onda. Es muy humilde. Abundan los gestos solidarios. Y es extremadamente divertido. Con Roberto Abbondanzieri y Antonio Barijho, entre otros, como máximos exponentes en eso de provocar situaciones festivas. Pero hay otros, que se esconden detrás de esas caritas de santos, como Sebastián Battaglia, Guillermo Barros Schelotto y Diego Cagna que vuelven loco a medio mundo. Y el blanco de todas las maldades no es otro que Clemente Rodríguez. Aunque según cuentan “él se las busca. Por eso se merecen lo que le hacen y mucho más también”. Pero la música, fuera (y dentro) de la cancha, la pone Carlos Tevez.
5 UN TRIUNFO QUE MARCO LA RELACION
Desde siempre, el partido más esperado de todos es, fue y será con River. El de este Apertura fue más especial. Porque marcó el quiebre del torneo y porque fue bastante complicada la semana previa. La noticia de la internación de Brenda, la hija de Bianchi, afectada por la obstrucción de una arteria sacudió al plantel.
El Virrey pidió no modificar nada. Quería que el clima de trabajo fuese el mismo. No fue fácil. Encima, el DT nunca se había ido ganador de Núñez. Pero ese 9 de noviembre, Boca le dio a River una paliza inolvidable.
Cuentan quienes estuvieron en el vestuario visitante que después de dedicarle el triunfo a Brenda, cerró su celular y rompió en llanto. “Estaba quebrado. Lloraba con un nene. No podía parar. Jamás lo vi así”, soslayó unos de los jugadores que más lo conoce.
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