LAS MUJERES QUE SE LLEVAN MAL CON SUS PAREJAS SON MÁS PROPENSAS AL INFARTO
La conocida frase de “me rompés el corazón” dejará de ser sólo una licencia poética para engrosar la lista de aquellas verdades populares que la ciencia termina reconociendo. Es que, según una nueva investigación científica, las mujeres que viven en permanente tensión con su maridos tienen grandes posibilidades de padecer enfermedades cardíacas o de morir por causas relacionadas con éstas.
Esta es, al menos, la conclusión del informe “La tensión marital incrementa el riesgo femenino de muerte y enfermedad cardíaca” que acaba de ser publicado por el Journal of the American Heart Association y presentado esta semana en Orlando, Florida, durante la Segunda conferencia internacional de la mujer, la enfermedad y los ataques cardíacos.
Allí se señala no sólo el efecto negativo que causan las crisis de pareja en los corazones femeninos, sino que se hace especial hincapié en aquellas que suelen guardarse para sí sus conflictos, sin expresarlos ni compartirlos con sus compañeros.
El informe se basa en una extensa encuesta tomada sobre 1.769 varones y 1.913 mujeres de entre 18 y 77 años de la localidad de Framingham, Massachussets, la mayoría casados o viviendo en “situación de pareja”, a lo largo de una década, para constatar si desarrollaban o no enfermedades cardíacas. Pero esta vez, además de los datos tradicionales sobre edad, peso o presión arterial, el estudio incluyó algunas de esas preguntas que constituían verdades de Perogrullo entre los antiguos y sabios médicos de familia. Por ejemplo, qué relación había entre una constante tensión matrimonial y las heridas (literales) que sufrían algunos corazones.
En un comienzo, los investigadores lograron establecer cómo la presencia o falta de vida marital afectaba de muy diversas maneras a varones y a mujeres. El equipo de Eliane Eaker, junto con científicos de la Universidad de Boston, había trabajado entrevistando a aquellos que estaban viviendo alguna situación de discordia marital, inquiriendo a sus entrevistados sobre conceptos bastante tradicionales como cuándo se sentían satisfechos, qué cosas les causaban desagrado, cuyos resultados no les llamaron demasiado la atención.
De hecho, encontraron que ellos —según pasaban los años— se parecían cada vez más a Homero Simpson: “Los varones casados tenían más peso, más alta presión y un nivel más alto de lípidos en sangre que los solteros, y era esto lo que los volvía un cincuenta por ciento más proclives a tener enfermedades cardíacas que los varones solteros, quienes eran en cambio más fáciles víctimas del tabaquismo”. En cambio, ni el hecho de estar casadas ni la presencia o no de disputas maritales parecían estar relacionadas con la aparición de enfermedades cardíacas entre las mujeres casadas a lo largo de diez años de seguimiento.
Pero los resultados cambiaron taxativamente cuando el cuestionario comenzó a incluir algunas consideraciones más agudas, como si en las peleas de pareja existían “problemas para comunicarse” o “para resolver conflictos”.
Allí, como por arte de magia, los investigadores descubrieron qué era lo que afectaba los corazones femeninos. Es que encontraron una enorme diferencia en la salud cardíaca de aquellas mujeres que, ante una crisis o problema determinado con su marido, preferían guardarse sus sentimientos para sí mismas. El ineficaz y muy pasado de moda modelo de las que se consideraban “virtuosas” o “discretas” por no hablar, o de las que sencillamente no encontraban maneras satisfactorias de expresar sus preocupaciones, molestias o dolores, provocaba —según estos investigadores— cuatro veces más infartos y enfermedades cardiovasculares que en aquellas que prefieren enfrentar los conflictos y buscar salidas conjuntas con sus parejas.
Elaine Eaker, cuyo equipo procesó esta extensa investigación, explicó que si bien existían estudios anteriores sobre la relación entre salud y conflictos de pareja, “ninguno había señalado tan específicamente cómo la manera de enfrentar esos conflictos de pareja inciden en la enfermedad cardíaca”, destacó.
Eaker aseguró que con esto “hemos encontrado cómo ciertas características del matrimonio impactan directamente en la salud y la longevidad de las personas, lo que deberá hacernos cambiar cuestiones concretas en nuestra práctica médica”. En ese sentido, instó a los profesionales de la salud a incluir preguntas sobre cómo es el tipo de relación matrimonial en los cuestionarios con los que se arma toda historia clínica.
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