LAS PEÑAS SON EL CORAZÓN DE COSQUÍN
En la segunda y tercera luna la plaza lucía triste con apenas el 40 por ciento de su capacidad colmada. ¿Dónde está la gente?, se preguntaban los organizadores. Una recorrida por el circuito de peñas daba la respuesta. Estos espacios se volvieron a transformar en el canal natural de los miles de visitantes. Con estilos y propuestas diversas, cada uno tiene sus tribus y se identifica con sus códigos. Es más, algunos de sus habitués nunca llegan a la plaza Próspero Molina.
Si bien en años anteriores la oferta de reductos era superior, los altos impuestos y los alquileres desorbitados espantaron a los interesados en abrir su lugar. Tampoco hay tantos artistas consagrados que tienen su peña, como era moda un par de ediciones atrás: hasta el famoso golfista cordobés el Gato Romero se tentó con la idea de curtir folklore todas las noches del festival. Pero decididamente las peñas le siguen disputando la gente a la plaza Próspero Molina, con programaciones a veces más atractivas o similares a las del escenario mayor y un clima muy distinto.
Es extraño ver a mil personas haciendo un silencio sepulcral para escuchar al dúo de Juan Quintero y Luna Monti que presentaron en Cosquín su CD “El matecito de las siete” (su calidad ya los podría llevar al escenario mayor). El milagro se produce en la peña de los Copla, que todos los días ve aumentar su caudal de seguidores, consolidada por su larga historia de trabajo. Hace siete años que abrieron su espacio donde se presenta lo mejor de la escena folklórica. Allí amanecían Rally Barrionuevo y su colega riojano el Pica Juárez, convirtiendo a chacareras nuevas y desconocidas en himnos de un público universitario.
Los años cambiaron, el dúo se popularizó y entraron nuevos auditorios, que en su momento despertaron la desconfianza de sus viejos seguidores. Ellos se mudaron al Salón Pío XII con capacidad para 2500 personas, pero la costumbre de la buena música continúa, mucho más santiagueñizada , para animar el ritual del baile y la seducción entre los jóvenes. Los Copla son el número central, o los anfitriones como les gusta definirse, de una grilla que contiene una decena de buenos artistas por noche. La premisa básica: el encuentro. La seña distintiva: la escenografía y ambientación del artista plástico Rafael Touriño. El dato: para el jueves están anunciados Peteco Carabajal y Raly Barrionuevo, así que se espera que se arme “La juntada” (espectáculo que hicieron en Buenos Aires) cuando suban los Copla.
Música, poesía y danza
La Peña de los Carabajal, que este año logró cortarse sola con una interesante propuesta, se está poniendo a la cabeza de las más convocantes. La gran “familia” santiagueña se reúne en el Salón de la Sociedad Española para escuchar a sus comprovincianos más jóvenes, como el grupo Presagio y Los Villagrita, o a los consagrados Peteco Carabajal y el conjunto Los Carabajal. Con ganas de ofrecer otras cosas para los oídos tradicionales, se espera a partir de hoy la presencia de Rubén Patagonia y más adelante la actuación del jujeño Bruno Arias. El lugar también busca instalarse con un perfil más cultural donde haya espacio para muestras, talleres y encuentros de poetas. La premisa: juntar la tradición y la juventud. La seña distintiva: ver a la familia Carabajal en pleno. El dato: los talleres de danza estarán a cargo de Juan Saavedra.
La Peña de Facundo Toro y La Peña Oficial están orientadas a un público más familiar, que pueda juntar a la nieta y a la abuela. El hijo de Daniel Toro ofrece noches musicales con ese folklore romántico que se suele escuchar en la plaza Próspero Molina, como Los Guaraníes o Vale 4, que siguen la línea impuesta por Los Nocheros. Pegada a la plaza, el sonido de sus parlantes suele colarse hasta en la Próspero Molina. La Peña Oficial, por la que su encargado Jorge Rojas todavía no apareció (prometen que será mañana), apunta a descubrir nuevos valores que concursan todas las noches para subir 10 minutos al escenario Atahualpa Yupanqui y tener su momento de fama. La premisa: lugares para albergar a grandes familias. La seña: el largo desfile de grupos desconocidos haciendo el mismo repertorio puede llegar a ser una tortura. El dato: menús económicos.
Las que están empezando a dar que hablar son las peñas “okupas”, aquellas que se inventaron un espacio ganándoles terreno a las discos, bares, pizzerías o locales de pool de Cosquín. Son las que reciben a los náufragos de la noche y resisten los primeros claros del día. La peña Fisura Contracultural y el Búnker Sanchero son ramas de un mismo tronco y se puede decir que son la alternativa de la alternativa.
Es cuestión de rastrearlas. En la “contracultural” capitaneada por Jorge Luis Carabajal, el más rebelde de la tradicional familia, se puede llegar a disfrutar de una verdadera rave de chacarera. Pero también conviven las canciones de la Bersuit, Nino Bravo y un ambiente karaoke, de película coreana, donde se pasean punkies, chicas de cascos ligeros o gente de monte adentro. El “Búnker”, oculto en un primer piso de un salón cuartetero sobre la peatonal, apuesta por un ambiente intimista donde puede pintar la zamba, la canción testimonial, una banda de fusión flamenco-folklórica y milonga hip-hop o el baile de tango, a la manera de antes. Mucho quichua, sahumerio, velas en el piso y fraternidad neohippie.
El cierre perfecto, un desayuno en la Real. Un clásico de café con leche, medialunas y folklore. Claro, salvo cuando algún descolgado quiere seguir la fiesta y se pone a tocar temas de los Wawanco para que la gente empiece la juerga de nuevo. Entonces el festival encuentra su sentido, ese donde todos son protagonistas del encuentro, la fiesta y hasta el silencio del comienzo del nuevo día.
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