Las revistas, pensar con obras serias o solo reír
Las expectativas de los empresarios teatrales durante la primera quincena de diciembre, cuando Mar del Plata mostraba su mejor cara, han tenido que moderarse con el correr de los días. A esta altura de enero, el cetro nacional en cantidad de espectadores lo ostenta Carlos Paz con el espectáculo Stravaganza, que tiene a muchos ShowMatch: Flavio Mendoza, la ganadora de “Bailando 2011”, Noelia Pompa, la creadora del “hilo dental” Cinthia Fernandez y varios bailarines del programa de Marcelo Tinelli. En el mismo período que va del 2 al 8 de enero, en 13 funciones, ocupando la sala del Luxor que tiene capacidad para 1.200 espectadores, obtuvo 900 por función. Con el detalle de que sus entradas van desde $ 180 a $ 240.
Pero, si en las sierras los mediáticos van en punta, en Mar del Plata la cosa parece ser diferente. En su cuarta temporada, Antonio Gasalla y ¡Más respeto que soy tu madre!, basada en el texto de Hernán Casciari, va otra vez primero, con entradas a $ 180, aunque las hay desde $ 100. De martes a domingo, con dos funciones los sábados. En el Radio City, sala de Lino Patalano con capacidad para 1.400 espectadores, lo que indica que aún sin llenar, le alcanza para ser primero. El segundo lugar es otra obra probada y de gran calidad (nada mediática): Toc Toc (Trastornos Obsesivos Compulsivos) en el Neptuno, con elenco de actores “serios”, María Fiorentino, Mauricio Dayub, Daniel Casablanca, Melina Petriella, Eugenia Guerty y Diego Gentile, que tiene sus localidades desde $ 130. Hay que decir que los precios de las entradas se mantienen casi iguales que la temporada anterior, con idea de no perjudicar al turista con un costo excesivo para que aproveche la oferta teatral, cuya cartelera es única. Tercera se ubicó Barbierísima, en el teatro Atlas, a un precio popular $ 150. Es un espectáculo que contiene tanto a Zulma Faiad, las Xipolitakys, las vedettes de moda de los programas vespertinos, la mujer de Nito Artaza, el ex de la protagonista, Beto César (haciendo chistes malos en sketch regulares), Donald, Rubén Matos y Juan Marcelo; los comentaristas Daniel Ambrosino y Rodrigo Lusich; todo con una coreografía y vestuario excelente, lo que habla de la inversión de Javier Faroni. Lo mejor: el cuadro de tap de Cole Porter que baila Carmen Barbieri. Agregaron doble función diaria a las 21 y 23.
Le sigue en el ranking Excitante, que encabezan Nito Artaza y Miguel Angel Cherutti acompañados por Jessica Cirio y Adabel Guerrero, chicas mediáticas que han tenido cámara todo el año; el musical de Carmen Flores, en el Mar del Plata, también a $ 150. Y en quinto lugar, el humor de Hugo Varela y Cacho Garay: Dos de oro y una producción bastante escasa, pero el público del interior festeja y se divierte en la sala del América habiendo pagado $ 130 la entrada. Van con dos funciones diarias. No es poco.
Claro que estos números demuestran, más allá de cualquier análisis optimista, que hay una baja de, al menos, el 20% en este verano 2012. Para dar una idea, y saliendo de los cinco primeros en la taquilla, Luciano Castro, dirigido por Rodolfo Ranni y con Romina Richi en el Roxy llegó con gran entusiasmo a Mar del Plata. El actor de Herederos… hace un gran esfuerzo en Camino negro por dar un salto de calidad en su trayectoria (valioso por otra parte); no obstante, su público adolescente no encuentra lo que busca y su media de espectadores es baja (menos de cien por función). En ese sentido, Luis Brandoni con Illia en el Bristol y producción de Luis Cella (histórico productor de Susana, hoy de Fútbol para Todos), se conforma con algo más de cien personas y ellos mismos admiten que no los sorprende el tema. A quien sí sorprendió la escasa concurrencia es a Gerardo Sofovich, que en el Provincial con Delicadamente inmoral, a cargo de Silvina Luna y seis funciones semanales no logra atraer el público pensado. La propia Nacha Guevara con su unipersonal ¿Cómo hace esta mujer?, en la misma sala tiene suerte diversa.
Mejor le va a Hernán Piquín, quizás ayudado por la exposición mediática, ya que en su debut en el Mar del Plata con Freddie, donde se presenta sólo los lunes, tuvo que hacer dos funciones a sala casi llena ( unas 900 por función). Y citar a Extraños en un tren, que protagonizan Puma Goity, Pompeyo Audivert, Ludovico di Santo, Martina Gusmán y Alejo García Pintos en el teatro Güemes, con un policial adaptado de la película de Alfred Hitchcock, con actuaciones muy interesantes y duelos para disfrutar, están agregando funciones y hasta aquí llevan una media de 210 espectadores por función. Un espectáculo de calidad que funciona. Le va un poco mejor que a El precio, consagrada por la crítica, con Pepe Soriano, Arturo Puig, Selva Aleman y Antonio Grimau, en el Corrientes con cerca de 190 personas en cada presentación. Pero estamos hablando de números que no hacen gran diferencia. Vaya otro ejemplo: 8 Mujeres, en el Lido, lleva un promedio de 133 personas por función.
Después están los que buscan el mango, hay que decirlo así, en el caso de la Tota Santillán y Ayelén Paleo en La Campana a $ 70, o Marcelo Iripino, que ya se sabe, tiene un público especial. La mediática del tema Santiago Bal hace poco y nada, obvio, incluso habiendo ido al Circo Rodas, donde el ex de Carmen Barbieri busca atraer gente. Está claro que Mar del Plata no es hoy la elegida de la clase media alta, y que a la clase media la afecta, sin duda, la incertidumbre económica, sabiendo que deberá enfrentar mayores costos ante la quita de subsidios, el aumento de ABL y las patentes, y todo eso influye a la hora de sacar la billetera.
“En 2001 hubo 200 mil espectadores”
La Mar del Plata teatral de temporada es un hecho que lleva casi sesenta años de historia. Medido en números, tuvo su techo en el verano 86/87 con 760 mil entradas vendidas en esos tres meses. Desde ahí, fue disminuyendo mientras el 1 a 1 de los noventa ayudaba a veranear en el exterior. Así se llegó a perforar el piso de las 200 mil en la crisis de 2001.
En los últimos ocho años, la curva fue creciendo hasta arribar a los 600 mil espectadores, suspendida esa tendencia ascendente en el verano pasado. Hoy termina la primera quincena de enero, y el actual verano muestra un leve aumento con respecto al anterior, fundamentalmente atribuible a un excelente mes de diciembre.
Pero más allá de los números, tan familiares para un empresario del ramo, el punto de inflexión de esta temporada no estará dado por ellos, sino por el cambio de programación que la cartelera ha consolidado. Ante una comunidad que recibe a diario centenares de minutos mediáticos, haciendo creer que lo que no pasa por esa órbita carece de posibilidades de convocatoria, son dos comedias alejadas de ese perfil las que atraen más espectadores. Y es ésto lo que merece anoticiarse.
En mi rol de empresario de varias salas, se me ha preguntado con extrañeza por qué presentar una obra de Arthur Miller (El precio); a Luis Brandoni caracterizando a Illia; a un equipo de actrices sin romances públicos protagonizando 8 Mujeres; el humor blanco de Hugo Varela y Cacho Garay, o cómo animarse con un elenco “sin estrellas” por Toc Toc, dando por cierto que lo que no contenga escándalo, no vende. Parecería no alcanzar con proponer dos revistas en cartel en salas de la misma empresa. Para algunos, todo debe ser cas
i de lo mismo y el lugar del teatro de verano ya fue ocupado, sin posibilidades de transformarse.
Seguramente, además de no comprender que programar contenidos conlleva responsabilidades, hay una ecuación que no se hace: de las 600 mil personas que concurren a los espectáculos, sólo al 25% de esa cantidad se la podría relacionar con interés en propuestas mediáticas, mientras otros 450 mil espectadores bucean otras alternativas. Lo escandaloso y el teatro son dos negocios que corren por cuerdas separadas. Es importante no confundirse y creernos que lo que ingresa sin pedir permiso a nuestros hogares a través de una pantalla es la única ruta segura que conduce al público a una boletería. Para eso no hace falta opinar, sino remitirse a la matemática, que si la tele no logra transformarla, ha sido hasta ahora una ciencia exacta.
“El riesgo es la justificación moral del empresario”, es una frase que me ha quedado en la memoria, dicha por un empresario italiano. Elevar el umbral medido en lo artístico puede ser un riesgo, pero seguro una decisión que un empresario debe tomar si quiere cumplir cabalmente con sus obligaciones ciudadanas. Me sumo a los tantos que con trabajo, durante estos casi sesenta años, han fortalecido la actividad teatral en esta ciudad.
* Carlos Rottemberg. Empresario, dueño de salas en Mar del Plata y Capital Federal.
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