LAS VÍCTIMAS DE VIOLACIONES, CADA VEZ MÁS DESPROTEGIDAS
Las estadísticas existentes en la ciudad sobre casos de violencia sexual, es decir violaciones y abusos, confirman que se trata de un delito de género que afecta sobre todo a mujeres jóvenes. Un 53 por ciento de los 134 casos denunciados en la Comisaría de la Mujer el año pasado (2002) corresponden a niñas y adolescentes. Muy pocas de éstas –sólo las que acuden a los servicios de guardia de los hospitales municipales– reciben la asistencia médica de emergencia pos violación: el cóctel retroantiviral para evitar el contagio de VIH y el tratamiento anticoncepción de emergencia (pastillas) para prevenir embarazos no deseados. Esta última asistencia está actualmente en suspenso tras el dictamen del juez Ariel Ariza (Juzgado Civil Nº5) quien ordenó a Salud Municipal suspender la entrega de medicación para evitar embarazos no deseados (aún tras una violación), aunque la medida ya fue apelada por el Municipio.
El proyecto de creación de un servicio de asistencia a la víctima de delitos sexuales en el ámbito de Salud Municipal, de autoría de Silvia Augsburguer, prevé centralizar, difundir y ampliar este servicio que desde hace ya 4 años se está brindando a mujeres víctimas de violaciones que se atiendan en hospitales municipales, aunque, según admite el propio titular del Programa Municipal de Sida (Promusida), Damián Lavarello, “actualmente está muy invisibilizado”.
“Se pueden contar con los dedos de las manos las mujeres que han recibido el cóctel porque esto no está difundido actualmente. Se lo ofrecemos a las que van a atenderse a guardias municipales tras una violación, pero la idea es que pueda llegar a todas tras la creación de un servicio que concentre esta asistencia”, señaló Lavarello. El cóctel es el mismo que recibe cualquier paciente VIH positivo, sólo que el tratamiento se restringe a un mes de duración y el nivel de efectividad en la prevención del contagio tras una relación sexual riesgosa está estimado entre “un 80 y 90 por ciento”, según explica Lavarello.
Entre las fundamentaciones que argumentan la necesidad de crear en el ámbito de Salud Municipal un servicio de asistencia a víctimas de delitos sexuales figuran la contención psíquica y emocional de quienes padezcan esta situación, pero también la prevención de dos de las peores consecuencias de una violación: el contagio de VIH o un embarazo.
“Entre las consecuencias inmediatas de la violencia sexual están el trauma físico, el psicológico, el posible contagio de enfermedades de transmisión sexual y el riesgo de un embarazo no deseado”, enumera el proyecto de Augsburguer.
DENTRO DE LA PAREJA
Lucrecia Aranda, la directora del Área de la Mujer municipal, se entusiasma con la posibilidad de crear un nuevo servicio de este tipo: “Por un lado se incorporaría un servicio médico de emergencia que hoy está disponible pero no tiene una visibilidad clara (cóctel retroantiviral y anticoncepción de emergencia) y, por otro lado, se abriría una puerta de ingreso a las mujeres que están sufriendo violencia para que denuncien, ya que son muy pocas las que padecen violaciones en la calle. La mayoría de los delitos sexuales, tanto abusos como violaciones, se producen en el marco de relaciones de pareja”.
La violencia sexual, por sus características, suele mantenerse oculta ya que es consecuencia directa, en la mayoría de los casos, de la violencia familiar. A esto se suma que “la violencia sexual es generalmente practicada por parientes, personas cercanas o conocidas, lo que torna aún más difícil la posibilidad de hacer pública la situación y sólo el 10 por ciento de los casos llegan a ser denunciados”, afirma el proyecto de ordenanza de la edila socialista.
LAS CIFRAS DE UN DRAMA COTIDIANO
La Comisaría de la Mujer es el área dentro de la estructura de la policía provincial en la que se reciben todos los casos de violencia sexual que se denuncian en la ciudad. El año pasado, se receptaron 162 casos de abuso sexual simple y 134 de abuso sexual agravado. De los 162 casos de abuso simple ingresados, el 60 por ciento corresponden a mujeres jóvenes, el 19 por ciento a mujeres adultas y un porcentaje menor a niñas y adolescentes De los 134 casos de violaciones registrados, el 53 por ciento son mujeres adolescentes y niñas, el 4 por ciento son niños y el resto mujeres adultas. En esa repartición, el año pasado, no se registraron abusos a hombres adultos. “Las estadísticas existentes en Rosario muestran que la violencia sexual se da en mujeres, especialmente en jóvenes y niñas. De éstas también se desprende que los hombres no han sido registrados como víctimas y quien no es víctima es victimario (agresor). Podemos afirmar como otros autores que la violencia sexual es, como otras manifestaciones (violencia familiar), una violencia de género”, advierte Silvia Augsburguer.
UN REFUGIO PARA VOLVER A EMPEZAR DESPUÉS DEL MIEDO
“Por fin pude dormir tranquila”, suspiró Claudia después de pasar la primera noche en Casa Amiga, el nuevo eslabón de la red local de violencia familiar. Claudia es una de las tres mujeres que desde comienzos de mes vive con sus hijos en este espacio que, a diferencia del refugio municipal, no es comunitario sino que ofrece departamentos individuales que funcionan como residencias temporales para familias víctimas de la violencia. Durante su estadía, cuyo tope es seis meses, las mujeres y sus hijos reciben asistencia psicológica y asesoramiento legal con el objetivo de que, una vez fuera, puedan retomar sus vidas. “Nuestro trabajo más importante es ayudarlas a perder el miedo, que vuelvan a construirse”, explicó Petrona Sir, más conocida como Charo, quien gerencia Casa Amiga en su calidad de presidenta del centro comunitario Alicia Moreau, de Empalme Graneros, entidad ganadora del concurso de ideas lanzado por la Secretaría de Promoción Social.
En realidad, Claudia no se llama Claudia. No quiere decir su nombre. Tiene miedo de hablar. Sus palabras llegan a través de terceros o se leen en una serie de escritos producidos en talleres terapéuticos. “No quiero vivir con miedo”, “Me siento perseguida”, “No encontraba salida”, “Camino mirando el suelo”, “Los vecinos saben” y “La policía no ayuda” son apenas algunas de las frases que figuran en un cartel elaborado tras una reflexión conjunta de los habitantes de Casa Amiga. “Vinieron con muy baja autoestima, en estas primeras semanas toman este espacio como refugio, les cuesta salir a la calle, viven escondidas. Es un proceso lento que necesita tiempo”, explicó Charo. ¿Cómo se pierde el miedo tras años de asedio físico y emocional? “Tienen que darse cuenta de que ellas valen, que pueden enfrentar cualquier situación. Sabemos que pueden hacerlo, tenemos que transmitirles esa confianza”, agregó Charo.
Las tres mujeres que viven en el nuevo espacio municipal de contención para familias afectadas por la violencia fueron derivadas por el Área Mujer. Cada una llegó con su pasado a cuestas, una historia diferente que, tras ser compartida con las otras mujeres, terminó fusionándose en una misma historia. “El trabajo conjunto sirve. Hablar con otras que pasaron por lo mismo y pudieron recuperarse les hace tener perspectivas de futuro”, aseguró Charo, quien adelantó que las habitantes de Casa Amiga recibirán la visita de un grupo de mujeres que trabajan sobre violencia familiar en Empalme Graneros y barrio Ludueña.
Más allá de compartir una historia y un espacio, las mujeres que habitan Casa Amiga comparten una condición: todas son madres. Cada una llegó al hogar con sus hijos: hay seis chicos alojados, cuya edad va del año y medio a los 15.
“Los niños llegan con una carga emocional muy fuerte, muchos incluso han pasado por diferentes lugares como consecuencia de la violencia sufrida en su hogar”, indicó Charo, quien señaló, a modo de ejemplo, una de varias frases escritas en un afiche: “Con vos y con él no vuelvo”, escribió en uno de los talleres una de las niñas hospedadas en el nuevo espacio municipal. Los gerenciadores de Casa Amiga admiten que “el aprendizaje es continuo y mutuo”. Para los coordinadores y asesores, el trabajo comenzó a principios de mes cuando llegó el primer grupo de mujeres. Para las víctimas de violencia hospedadas comienza, a su vez, otro desafío. Como una de las mujeres escribió en un taller, la principal posibilidad que les brinda este nuevo espacio “es un volver a empezar”. Para consultas por violencia familiar, la Municipalidad tiene en funcionamiento el teléfono verde (08004440420) atendido por el equipo del Área Mujer.
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