LAVAGNA DIJO QUE NO SERÁ CANDIDATO
De paso por la capital francesa, donde participó en una reunión sobre la Unión Europea y el Mercosur, Lavagna aceptó hablar de su futuro y de los riesgos que presenta la actual política económica del Gobierno.
–La semana pasada usted lanzó una advertencia o una crítica pública al Gobierno por su política en cuestiones de salarios y de inflación. ¿Por qué?
–No fue ni una advertencia ni una crítica. Fue recordar algunas cosas que habíamos conversado con el Presidente y con la ministra de Economía antes del cambio. Quise recordar que el tema de la inflación es la cuestión central para vigilar en 2006. El resto de las variables están todas con muy buen nivel y muy buena tendencia. Quise recordar que el programa económico incluía un fondo anticíclico por el lado fiscal, un aumento moderado de encajes por parte del Banco Central y una política de ingresos.
Esa política de ingresos tiene tres componentes: precios, salarios y productividad. Son esas tres cosas juntas, no sólo precios. Recordé que habíamos hablado sobre la integralidad que debe tener una política antiinflacionaria que no sea de ajuste recesivo.
Si se quiere hacer política antiinflacionaria de ajuste recesivo desde la derecha, uno puede manejarse sólo con una política monetaria. Si se lo hace desde una visión de izquierda, se lo puede manejar sólo con precios, con acuerdo de precios. Pero si se lo quiere hacer con una visión integradora, de crecimiento, de provisión, hay que usar los tres resortes: la política fiscal, la política monetaria y la política de ingresos con sus tres subcomponentes, precios, salarios y productividad.
-Hablemos de los salarios.
-Mi apreciación está en la misma línea. La población argentina tiene muy en claro, por la experiencia dramática que vivió, que no basta con que le suban los salarios. Hay que estar seguros de que ese aumento no terminará siendo comido por la inflación.
En una carrera desenfrenada y descontrolada de precios y salarios, siempre ganan los precios. A veces uno tiene la impresión de que algún dirigente sindical no lo sabe. Pero la gente sí lo sabe. La mayoría del sindicalismo argentino, también. Hay que continuar con el proceso de aumento de salarios. El país pudo recuperarse y progresar sólo porque han subido los salarios y hay más empleo. Pero hay que subir el salario asegurándose de que no se lo coma la inflación. Y eso, entre otras cosas, significa además cuidar la productividad. En el ejemplo que utilicé la semana pasada, dije que un 20% de aumento de salarios, con conflictos que afectan la productividad, es más inflacionario que un 20% de aumento logrado en armonía y una discusión civilizada entre empresarios y sindicatos. El efecto del mismo aumento nominal es distinto si se hace sin afectar la productividad -aun incluyendo cláusulas de productividad- que si se hace con conflicto.
-¿Esa era la política que se aplicaba cuando usted estaba en el Gobierno?
-Esa era la política del gobierno nacional y del Ministerio de Economía hasta el último día.
-En pocas palabras, si no se tuviera en cuenta su advertencia?
-… recordatorio…
– … la inflación podría dispararse y comerse el crecimiento.
-¿Para qué vamos a ponernos a especular sobre lo que pasaría? Con el mismo derecho yo le podría decir que la inflación, en vez de estar en el límite superior de la banda prevista en el presupuesto, que fue del 11%, puede estar tranquilamente en el 8% si se respetan esas tres políticas. No especulemos. Técnicamente, es la variable sobre la cual hay que trabajar.
-Déjeme preguntárselo de otra manera. Si usted fuera ministro de Economía en este momento, ¿estaría haciendo la política que hace el Gobierno?
-[Se ríe.] Vamos a dejar que las autoridades, que son nuevas también, hagan su trabajo, y después hablaremos.
-¿Usted se fue por eso, porque no podía hacer lo que creía que debía hacer?
-Usted sabe bien que, después de las elecciones, los presidentes hacen un análisis de los resultados electorales y suelen introducir cambios en sus gabinetes y en sus políticas. Tras las elecciones, el Presidente hizo un análisis de su balance político y entendió que era conveniente introducir un cambio en el Ministerio de Economía. Yo reaccioné como siempre dije: en el mayor orden y tratando de preservar lo que se había logrado, y puse el cargo a su disposición. ¿Por qué el Presidente llegó a esa conclusión tras las elecciones? Hay que preguntárselo a él.
-¿Lo consultan de vez en cuando del Gobierno?
-No. Hablé con el Presidente en una oportunidad, cuando se le pagó al FMI. Fue la última vez.
-¿Qué es lo que hará ahora? ¿Cómo ve su futuro inmediato? ¿Volverá a la actividad internacional como antes de ser ministro? ¿Se quedará en el país?
-Me voy a quedar en el país. No es bueno estar siempre en el sector público. Es muy importante el pasaje entre el sector público y el sector privado. En 2000, antes de ser embajador, había pasado 13 años y medio en el sector privado. Ahora volveré a hacerlo. Haré también algo en la academia, pero en la Argentina.
-Pero su interés en el futuro del país es evidente. De lo contrario no habría aceptado participar en esta conferencia en París ni venido con propuestas concretas.
-Es verdad. Efectivamente tengo interés en el país. Por eso el recordatorio del otro día. Creo que tengo el derecho y la obligación de utilizar ese espacio para dar mi opinión. Después, la prensa y la sociedad dirán si tengo ese derecho.
-El periodismo está seguro de que usted será candidato a la presidencia en 2007. ¿Lo será?
-No, no, no.
-¿Por qué?
-Porque estoy más interesado en las cuestiones de Estado que en las cuestiones políticas. Me siento mas cómodo trabajando en esas cuestiones que haciendo campaña electoral.
-¿Cuáles son sus fidelidades ideológicas?
-Soy un justicialista que no forma parte de las corrientes más extremas. Yo pertenezco a un verdadero centro progresista. Siempre fue así. Porque siempre creí que la Argentina necesitaba una dosis de integración y de movilidad social.
-¿Y el actual gobierno qué es?
-Hay mezcla. Hay algunos personajes de los 90, con funciones importantes, que son representantes de esa derecha que hizo su experiencia en los 90 con un alto costo para el país; hay también algunos personajes de los 70, representantes del populismo facilista. Pero no me pida los nombres.
-¿Algún partido político vino a decirle: “Usted es el hombre de las elecciones de 2007, venga con nosotros”?
-[Risas.] Hay una derecha a la cual le gustaría que yo estuviera de ese lado. Pero no estoy de ese lado. Precisamente porque estoy en el centro progresista.
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