LAVAGNA LE PIDIÓ A EE.UU. MÁS APOYO PARA NEGOCIAR CON EL FMI
El Gobierno argentino quiere lograr que la Casa Blanca mantenga el rol activo que asumió en las últimas semanas para ayudar a destrabar las negociaciones entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional. Así se lo planteó ayer el ministro de Economía, Roberto Lavagna, al secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, John Snow, durante una entrevista que mantuvieron durante la mañana.
Lavagna aprovechó además para agradecer personalmente a Snow la gestión que realizó este fin de semana en la reunión del Grupo de los Siete, donde ayudó a equilibrar las críticas que impulsaron Inglaterra, Italia y Japón. Estas tres naciones pretendían que el G-7 sacara un comunicado de mayor dureza al que finalmente salió, instando a la Argentina a buscar una solución para el 24% de los bonistas que no ingresó al canje de deuda.
La reunión fue calificada como “positiva y productiva”.
La intervención de Estados Unidos, a la que se sumó Alemania, logró calmar los ánimos dentro del G-7. Y también consiguió que ese mejor clima se trasladara a la asamblea del FMI que sesionó aquí este fin de semana.
“La Argentina está pidiendo bilateralizar al máximo posible la relación en lo atinente a la solución para los holdouts, porque entiende que el Tesoro tiene un punto de vista equilibrado y realista sobre la situación de la Argentina y su deuda pública”, reveló a Clarín una fuente del ministerio estadounidense.
La posición que asumió Snow —y que es reflejo del pensamiento que reina en la Casa Blanca para la deuda de los países en crisis— apunta a rescatar en primer lugar la parte exitosa del canje. Esto es, la aceptación de 76,15% de los bonistas, que se logró sin intermediación ni ayuda financiera de los países ricos o de los organismos multilaterales de crédito. El deseo de la administración de George W. Bush es que esta experiencia se convierta en una regla internacional para enfrentar otras posibles crisis en países endeudados.
En cuanto a los acreedores que quedaron afuera del canje con casi 20.000 millones de dólares en bonos impagos, el Tesoro pide una solución “realista” pero no inmediata. Y tampoco considera que esto tenga que ser una condición que impida a la Argentina avanzar en la discusión de un nuevo programa con el FMI.
La política de EE.UU. hacia el FMI —donde es el principal aportante de dinero— ha virado hacia un criterio ultraconservador, que viene desde que el ex jefe del Tesoro, Paul ONeill, advirtió hace casi tres años que su país no estaba dispuesto a financiar los desequilibrios de las finanzas internacionales con el dinero de los plomeros y los carpinteros estadounidenses.
Es por eso que el FMI tiene como prioridad ahora cobrar todo lo que pueda a sus deudores. Y la Argentina, con US$ 14.000 millones, está a la cabeza, junto a Brasil y Turquía.
Esto explica también que no sólo Argentina tiene urgencia por cerrar un acuerdo. También el FMI tiene interés en preservar las relaciones con el país, sin llegar a una ruptura pese a los altos niveles de conflicto. Tal como anticipó Clarín, el programa nuevo que negociarán Lavagna y Rato implicará una reducción neta de la deuda, ya que solamente será refinanciada una parte de los vencimientos futuros.
Además, el programa nuevo archivará para siempre la pretensión argentina de retomar el acuerdo suspendido en agosto de 2004. Es decir que deberá olvidarse de recibir los desembolsos que quedaron pendientes, por unos 3.415 millones de dólares.
Durante 2003 y parte de 2004, aún con un acuerdo vigente, el país pagó más de lo que recibió. Ahora, se cuentan con recursos para seguir pagando pero no más allá de “julio o agosto”, según los cálculos del Banco Central.
La línea dura de la Casa Blanca para cortar el chorro financiero de los organismos multilaterales también explicaría la decisión de Bush de colocar al frente del Banco Mundial al número dos del Pentágono, Paul Wolfovitz. Este funcionario tiene un perfil que —según la mayoría de los analistas— no coincide con una entidad dedicada a fomentar el desarrollo y atender los problemas de la pobreza.
De todos modos, en esta etapa esa política antipática encaja con los intereses argentinos respecto de cómo tratar el problema de la deuda en default y la relación con el FMI. Por eso, Lavagna aprovechó la mañana soleada para visitar a Snow y resaltar estas coincidencias.
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