LAVAGNA NO CONFIRMÓ NI NEGÓ SU RENUNCIA
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, se mostró ayer conciliador con el presidente Kirchner, pero no despejó las dudas sobre su continuidad en el Gobierno. Fue ante el repleto auditorio que lo escuchó en el cierre del 41er. coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), al que faltaron otros funcionarios fieles a Kirchner.
Lavagna afirmó que la permanencia de un miembro en el gabinete “depende del Presidente, que tiene todo el derecho a elegir sus colaboradores, y de cada uno de los ministros que decidirá si comparte o no comparte lo que dice el Presidente y si tiene espacio para cumplir su función”.
Ninguno de la “tropa” de funcionarios del Ministerio de Economía que acompañaron a Lavagna quiso interpretar sus palabras: dijeron que había que entenderlas tal cual las había pronunciado. Sólo uno de ellos reconoció que la declaración, que fue en respuesta de una pregunta del público, se inscribe en el contexto de tres días de rumores sobre la renuncia o el despido de quien encabeza el Palacio de Hacienda desde abril de 2002.
El ministro opinó: “Si hiciéramos de eso [de las versiones sobre su retirada] una causa central, estaríamos errándole al tema”. Agregó: “En las sociedades modernas, las personas son accesorias”.
Las referencias a la renuncia fueron las últimas palabras de la intervención de dos horas de Lavagna en IDEA. Entre los empresarios dejó sensaciones encontradas: algunos consideraron que había demostrado ser un hombre del Gobierno y otros, que tenía las horas contadas.
El ministro de Economía llegó a IDEA más allá de la crítica de Kirchner a los socios de la entidad, que prevén más del 12% de inflación para el año próximo. El gobernador bonaerense, Felipe Solá, faltó y dijo que no se juntaba con los empresarios opositores al Presidente. Tampoco viajaron el ministro de Educación, Daniel Filmus, ni el viceministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo.
En cambio, Lavagna llegó acompañado por tres de sus secretarios (Guillermo Nielsen, de Finanzas; Miguel Campos, de Agricultura, y Eduardo Pérez, de Legal) y el subsecretario de Programación Económica, Sebastián Katz, que además expuso sobre el crecimiento con equidad.
Al aparecer, en el salón del hotel Sheraton marplatense, el ministro fue aplaudido de pie por los empresarios ubicados en las mesas más cercanas al estrado. Al finalizar su discurso y la rueda de preguntas y respuestas, recibió otros dos aplausos de cortesía. A lo largo de su exposición, un Lavagna serio se identificó varias veces con Kirchner y con el Gobierno, aunque en algún momento deslizó un “mientras sigamos estando”, en referencia a su equipo económico.
Descartó diferencias con el presidente del Banco Central, Martín Redrado, y con el ministro de Planificación, Julio De Vido, y aunque no opinó sobre las críticas de Kirchner a los supermercados, destacó que esta administración está fortaleciendo la política antimonopólica.
El moderador de la exposición, Joaquín Morales Solá, le preguntó si quería hablar primero de los supermercados o de la energía. “¿De los supermercados chinos?”, bromeó Lavagna. “Está bien que existan porque ayudan a la competencia”, respondió. “No: de los supermercados nacionales”, lo inquirió Morales Solá. Entonces, el ministro explicó: “No corresponde que el ministro califique lo que dice el Presidente”.
Kirchner había declarado que el presidente del coloquio, Alfredo Coto, pronosticaba un piso del 12% de inflación para 2006, pese a que el empresario supermercadista no había hablado de precios. “Lo importante es que hay que cuidar las expectativas. Con pequeñas diferencias entre 11 [la meta máxima del Gobierno] y 12, hay que ser muy prudentes”, dijo el ministro de Economía.
Lavagna hizo hincapié en que el Gobierno “debe preservar ciertos niveles de competencia”. Recordó que había presentado un proyecto de ley que reforma la ley de defensa de la competencia, que se obligó a desinvertir a Quilmes, Bimbo y Petrobras, así como la multa récord contra las cementeras.
“NINGUNA DISIDENCIA”
Cuando se le preguntó por sus críticas a los sobrecostos en la obra pública, manifestó que no existe “ninguna disidencia” entre él y De Vido, ministro de estrecha relación con el Presidente.
Recordó que en la preparación del presupuesto 2006 se encontró con que había pedidos de aumentos de gasto superiores en $ 32.000 millones al superávit fiscal necesario y entonces Kirchner lo autorizó a aplicar los recortes pertinentes, pero igualmente se aumentaron los recursos para la educación y la infraestructura.
Se lo interrogó por la crítica de Redrado de bajar el impuesto al cheque en la apertura del coloquio, el miércoles pasado. “[Con el presidente del Central] está todo bien. Ese impuesto es distorsivo: tiene un impacto negativo en la cadena de pagos; es un mal impuesto. Esto es lo que les dijo Martín el otro día. Quizá no hubo oportunidad de preguntarle si lo vamos a sacar o no. La respuesta es no.”
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