LAVAGNA NO DESCARTA SER CANDIDATO
Roberto Lavagna siente que se ganó un lugar en la arena política. Que la sociedad lo respeta y reconoce que su gestión como ministro de Economía fue exitosa. Que quizás en los próximos años vuelva a la función pública. Pero no quiere confirmar ni desmentir que una candidatura a la presidencia esté en su horizonte.
“¡Qué se yo qué va a pasar en 2007!”, replica a LA NACION y a Clarín durante una entrevista en esta capital, donde participó de un seminario sobre América latina en el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Depende de las circunstancias”, explica con su cautela habitual.
Afirma que el sector privado le atrae y que a la función pública “hay que volver cuando uno tiene algo que hacer”. Y reitera que falta mucho para las elecciones. “Es decir, no le digo ni que sí ni que no. No lo excluyo”, se sincera.
Lavagna y el presidente Néstor Kirchner no hablan desde diciembre último, para el anuncio de la cancelación de la deuda con el FMI. Sí dialoga, cuenta, con su reemplazante en el Palacio de Hacienda, Felisa Miceli.
Pero con el Gobierno alterna elogios y críticas por la situación local -en particular por la situación energética- y en el Mercosur.
-¿Se siente cómodo cuando marca sus diferencias con el Gobierno?
-Sí. En mis intervenciones ha habido, si usted quiere, diferencias. Y también he tenido pleno acuerdo en otras, como cuando el Presidente anunció la cancelación de la deuda con el Fondo. Y en otras situaciones mis comentarios pueden tomarse de ambas maneras. Como cuando salí a criticar, a advertir, los riesgos que existen por las tres C: carne, camioneros y construcción. En el caso de la negociación con los camioneros, fue mostrar que le estaban haciendo correr algunos riesgos a la política económica y ayudarlo al presidente. Busco ayudar a consolidar las grandes chances que tiene la Argentina. Se corre el riesgo de dejar pasar la oportunidad.
-¿Se siente reconocido en el país?
-Creo que tenemos [se refiere a él y a su equipo] una credibilidad muy alta por algunos temas que fueron de nuestro manejo exclusivo. Eso lo hemos escuchado con claridad. Y por otro lado hay cosas que no aparecen en los diarios. Por ejemplo, en el tema de los hold outs [acreedores que no aceptaron el canje de deuda propuesto por la Argentina]. Los llamados y mensajes de quienes entraron en el canje eran muchos más que los que recibíamos de quienes no habían entrado. Pedían que no reabriéramos el canje. Comprendieron que si se reabría, el pago adicional comprometería la sustentabilidad de los pagos de las obligaciones en el futuro.
-¿Cómo ve la manera en que en el Gobierno están lidiando con la inflación?
-[Silencio.] Creo que es una cuestión de énfasis. Una situación como ésta requiere las tres políticas tradicionales: fiscal, monetaria y de precios, que a su vez tiene tres componentes, política de salarios, de precios y competencia y de productividad. Hoy se ha puesto un énfasis muy fuerte en la política de precios. Creo que es bueno reequilibrar esto. Acentuar el fondo anticíclico, la tasa de interés y de tipo de cambio otra vez, además de lo que se hace sobre precios y competitividad. Le doy otro ejemplo: una discusión salarial no tiene los mismos efectos sobre la economía si se da con los camiones bloqueando una planta durante dos o tres días que si se da en una mesa de negociación. El efecto sobre la productividad es claramente negativo cuando se da con un método duro. La inflación hay que enfrentarla holísticamente, como conjunto.
-¿Piensa en una próxima candidatura?
-El otro día salió un artículo en un diario de los que generalmente no contesto. No pensaba decir nada, pero me llamó una radio y lo aclaré. Dije que sólo a un estúpido se le puede ocurrir que pienso en 2011 cuando en el país no sabemos lo qué va a pasar en los próximos días.
-Con lo cual debemos suponer que piensa en 2007…
-No, no… tampoco… ¡Qué se yo qué va a pasar en 2007! No voy a eso, pero tampoco que me hagan pasar por tan tonto que pienso en 2011. ¡Por Dios!
-¿Cuántos años tiene?
-64
-Porque aquel mismo artículo al que usted aludió infería que pelearía por el gobierno de la Capital Federal en 2007 y luego apuntaría a la presidencia de la Nación en 2011…
-Sí, y decía que las encuestas me daban muy bien, después del Presidente.
-¿Usted se sentiría cómodo disputando las elecciones en 2007, como candidato a presidente, vicepresidente, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires u otro puesto?
-Depende de las circunstancias… A ver… hay mucha gente en la política que nunca ha salido de la función pública. Yo pasé 14 años en la vida privada antes de asumir en dos embajadas y luego en el ministerio. No creo que la vida pase por los cargos públicos. En el sector privado se pueden hacer muchas cosas. Es decir, no le digo ni que sí, ni que no. No lo excluyo, pero no está en mí la necesidad, la desesperación o la urgencia de estar en el sector público. Hay que volver cuando uno cree que tiene algo que hacer. Si no lo hay, se va.
-Eso es si alguien lo convocara para un cargo. ¿Y disputar unas elecciones?
-Mire, tuvimos un 2005 fue muy complicado. Las elecciones se plantearon en términos muy duros. Y hubo que hacer muchos esfuerzos y costó mucho mantener la economía en su curso en ese contexto. Ahora falta un año y medio para las elecciones de 2007. El país no puede darse el lujo de vivir permanentemente hablando de elecciones o candidaturas. Es lo peor que podríamos hacer. Este es un año que hay que aprovechar para consolidar lo que se venía haciendo.
-¿Se está aprovechando el año 2006?
-[Suspira.] Vamos a ver, vamos a ver… Todavía es temprano. En julio, cuando doblemos la esquina, se lo respondo.
-Usted siempre mantuvo las formas. Pero cuando negociaba con el Fondo Monetario Internacional, en ocasiones el Presidente hacía comentarios durísimos contra ese organismo. ¿Qué sentía entonces?
-La verdad es que con las presiones infinitas que se recibieron, el canje de deuda se pudo completar sólo porque hubo un equipo muy sólido trabajando en esto -y me excluyo, si quieren, de él- y un entendimiento muy fuerte con el Presidente y con el Congreso, que sacó prácticamente en 48 horas la “ley cerrojo”. Si no hubiera sido así, donde quienes nos presionaban hubieran percibido disensos o fisuras, esa negociación la habríamos perdido.
-¿Hubiera seguido como ministro de Economía? ¿Su labor estaba cumplida?
-Las elecciones cambiaron el análisis político del Presidente en algunos temas y la consecuencia lógica era lo que ocurrió. Desde el punto de vista formal, esto es lo que pasa en cualquier democracia del mundo después de un proceso electoral. Desde el punto de vista de fondo, después cada cual tendrá su opinión sobre si la lectura del resultado electoral era la correcta o no.
-Algunos dicen que usted provocó su salida con aquella declaración ante la Cámara de la Construcción…
-[Calla durante unos segundos y sonríe.] Qué sé yo… ¡La gente dice cada cosa!
-¿Pero se equivoca “la gente”?
-[Sonríe otra vez.] La gente dice tantas cosas… la gente es buena.
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