"LE APUNTABA AL TAXISTA Y LE TUVE QUE PEDIR TRES VECES QUE BAJARA EL ARMA"
“Nos quieren hacer quedar a la Gendarmería y a mí como mentirosos”. Iván Darío Méndez es el empleado de la Gendarmería Nacional que desarmó al subsecretario de Seguridad de la provincia, Alejandro Rossi, el pasado 7 de noviembre en la cabecera del puente Rosario-Victoria. Esa tarde, tras un accidente de tránsito, Rossi se bajó de su camioneta con vidrios polarizados y, según documentó Gendarmería, apuntó con una pistola calibre 40 a un taxista de Granadero Baigorria. Méndez vio todo desde la garita en la que estaba como centinela. Bajó y desarmó al jefe de seguridad de la provincia. Contó que vio a Rossi encañonando al taxista, que debió ordenarle “tres veces” que arrojara el arma y que le comunicó a los policías que llegaron al lugar sobre el incidente. Y agregó un nuevo dato: también participó del operativo una patrulla de la Guardia Urbana Municipal que lo ayudó a ordenar el tránsito.
Con el correr de los días, y tras el desfile de los involucrados ante el juzgado de Instrucción a cargo de Carlos Carbone, el gendarme Méndez pasó a ser un testigo clave en el incidente que tuvo como protagonistas a Rossi y al taxista Sergio Amaya el pasado 7 de noviembre. Méndez es correntino de General Alvear. Tiene 22 años y hace dos y medio que está en la fuerza. En la localidad correntina viven sus padres y dos hermanos menores.
“Mi actuar estuvo bien, como me dijo mi jefe. Estoy tranquilo porque mi accionar fue correcto y eso quedó asentado en el Polcon de la Gendarmería (mensaje de tráfico oficial de la fuerza emitido una hora después del incidente)”, dice Méndez, vistiendo su uniforme verde oliva.
La garita donde un gendarme hace guardia en el ingreso al puente Rosario-Vicoria tiene visibilidad excelente. Está ubicada a 50 metros del lugar del accidente y elevada respecto al mismo punto. “Todo pasó antes de las 8 de la noche. Serían las 19.45. Era de día. Los autos circulaban sin las luces encendidas y no hacía falta linterna para alumbrarse. Las luces de la avenida y de la colectora, que se encienden automáticamente, estaban apagadas”, explicó el gendarme para ubicar en tiempo y espacio.
“Desde acá vi perfectamente que un tipo se bajaba armado y más por la manera en la que estaba apuntando”, explicó el gendarme. “Después del choque, se bajó y empezó a putear al taxista. «Bajá del auto hijo de puta», le decía”, contó el uniformado. “Lo vi muy exaltado y aceleré el paso. Cuando yo llego le apunto, porque el tipo estaba armado y yo no sabía quien era. Rossi le apuntaba y le gritaba al taxista. Entonces le grito: «Gendarmería Nacional, bajá el arma». Y el tipo me responde: «No voy a bajar nada». Insisto diciéndole, «bajá el arma, te estoy diciendo». Y él me responde: «Soy secretario de seguridad», si no me equivoco. «No me importa, es la última vez que te digo que bajés el arma», le dije para asustarlo porque no me hacía caso. Y recién ahí bajó el arma”, comentó el uniformado.
Méndez dijo que mientras bajaba hacia el lugar dio la alerta a su unidad por handy. “Iba con una mujer y una criatura en el auto. La mujer en todo momento se quedó adentro del vehículo. Se los veía, pero no se bajaron”. El incidente ocurrió en la mitad de la bajada y los vehículos quedaron obstruyendo el paso en un horario en la que cientos de rosarinos vuelven después del descanso dominical. “Le dije que pusiera la camioneta delante del taxi. La corrió, se bajó y me empezó a gritar. Y lo que hice es lo que corresponde. «Señor, baje el tono porque no está hablando con su hermano. Quédese tranquilo que cuando llegue el oficial de servicio vamos a hablar»”.
“Después muy exaltado se puso al lado de la camioneta y comenzó a hablar por teléfono. Mientras estaba hablando llegó el vehículo de Gendarmería con el oficial de servicio y tres uniformados. El móvil habrá demorado unos cinco minutos en llegar porque les avisé cuando estaba bajando por la mitad de la escalera. Después lo desarmé y le hice correr la camioneta”, contó.
-¿En algún momento tuvo dudas de que estaba armado y apuntando?
-No me quedaron dudas porque yo lo desarmé. Fui quien lo obligó a bajar el arma.
-¿Qué hizo el taxista?
-El taxista bajó del auto porque el otro lo estaba apuntando. Si te está apuntando con un arma un hombre que no conocés y te dice que te bajés… ¿Qué hacés? Por más que no lo conozcas y no esté uniformado hacés lo que diga. Estaba contra el taxi el chofer (mostrando que estaba apoyado sobre el vehículo con sus brazos extendidos).
-¿Donde quedó el arma?
-El arma la apoyó donde termina la vereda y comienza el pastito (señalando la banquina de la bajada hacia Rondeau sobre el lado izquierdo sin guardarrail). Después de apoyarla, se paró y llevó su mano hacia atrás como para sacar algo. «Ojo con lo que vas a sacar», le dije. Y sacó unas credenciales y me las dejó. «Quedate contra el auto», le dije y las miré. Era subsecretario de la provincia de Santa Fe, o algo por el estilo. «Señor, por favor mueva su camioneta porque está obstruyendo el tránsito», le dije. Esto era un loquero de autos.
-¿Qué le llamó la atención de Rossi?
-Estaba muy sacado. Cuando me presentó las credenciales se pensó que yo le iba dejar agarrar el arma. Fue y se agachó para agarrar el arma. Entonces le dije: «No toque el arma» y volví a tocar mi pistola, pero no la saqué del estuche. Y por eso se puso más malo, porque no le dejé agarrar el arma en ningún momento. En estos casos nuestras órdenes son conservar la escena cómo está. Y ahí llegó el oficial de servicio y un móvil de la policía y ya no me hice tanto cargo.
-La defensa de Rossi dice que bajó portando el arma, con el caño de la pistola mirando para el piso.
-No. Está mintiendo. Yo le hice bajar el arma y le dije que la pusiera en el piso. Le tuve que decir tres veces que bajara la pistola.
-¿A cuántos metros le apuntaba con el arma?
-Le apuntaba a dos metros más o menos y sostenía el arma con las dos manos.
-¿La policía habló con usted sobre el incidente?
-Cuando los policías llegaron querían saber quién había actuado, pero en realidad estaban más preocupados por saber qué íbamos a hacer nosotros. Eran muchos policías. Llegaron dos o tres patrulleros y además los jefes llegaron en sus vehículos particulares.
-¿Le contó a la policía sobre lo que había sucedido con Rossi y el arma?
-Creo que era Chazarreta, pero no recuerdo bien el nombre. Después hablé con otro superior que estaba de civil, porque mi jefe el comandante Rodríguez me dijo que le cuente.
-¿Cómo recobró el arma Rossi?
-Nosotros en ningún momento le entregamos el arma a Rossi. Conservamos la evidencia como estaba por si la policía quería realizar pericias. Pero no hicieron nada. No sacaron fotos ni nada. Y un sargento primero de la policía, por orden de Chazarreta, levantó el arma y se la dio.
-¿Y qué hizo?
-Se la colocó acá (muestra la cintura) y pasó entre el taxista y yo que estábamos conversando. Le dijo algo al taxista y después pasó al lado de los policías y les dijo: “Ojo con lo que ustedes van a dibujar”.
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