LE DESFIGURARON LA CARA CON UN BISTURÍ EN EL BAÑO DE UN BOLICHE
“Nunca más voy a ir a bailar. No creo que pueda salir a la calle después de lo que me pasó. Me acuerdo de ese momento todo el tiempo, no lo puedo olvidar”, murmuró ayer Mara Amormino, una estudiante de tercer año de Polimodal desde su cama de un sanatorio. La joven, de 17 años, tiene su rostro desfigurado por los cortes que le provocó un grupo de jovencitas en un boliche céntrico. Los tajos, que le atravesaron la mejilla y el párpado izquierdo, al parecer fueron provocados con un bisturí quirúrgico. La adolescente llegó al centro asistencial desvanecida por la pérdida de sangre y debieron realizarle una cirugía para evitar que le queden las marcas de la agresión.
Mara permanecía ayer internada en el Sanatorio Laprida. Allí la llevaron sus amigos la madrugada del sábado desde un boliche ubicado a sólo dos cuadras de ahí, en Buenos Aires al 900. Acompañada por su hermana Bárbara, de 21, contó a La Capital que el incidente se desencadenó cerca de las 3 del sábado en ese bar, que funciona en la misma casa donde antes estaba el boliche El Muro. Según contó la joven, y confirmaron fuentes policiales, los dueños del local lo subalquilan a terceros que organizan fiestas. Esa noche el boliche fue alquilado por un conocido de Mara, quien fue junto a seis amigas del barrio República de la Sexta, donde vive con su hermana y su mamá.
A esa hora el grupo de chicas bailaba en el sector de la pista más cercano a la entrada cuando se arrimaron otras “cuatro o cinco” jovencitas que por su aspecto, según apreció Mara, serían menores como ella. Las muchachas les reprocharon que se hubieran reído de ellas un rato antes, cuando los dos grupos se cruzaron en el baño. “Les dije que ni las registraba y me pegaron una piña en la boca. A mi amiga la tiraron al piso y la recontra patearon”, relató Mara.
Las golpeadoras, narró, fueron expulsadas del boliche por un patovica que les recomendó a las amigas de Mara que tuvieran cuidado. Pero más tarde las agresoras volvieron a entrar. En ese momento Mara estaba sola en la pista, aunque cerca de ella se encontraban sus amigas y otros chicos conocidos. “Volvieron a entrar y me buscaron a mí especialmente. Fue todo tan rápido que mis amigos tardaron en darse cuenta. Cuando me vieron, pensaron que sólo me estaban pegando porque yo me cubría la cara con las manos”, narró la chica.
Cuando sus amigos advirtieron lo que pasaba, ya era tarde. La chica tenía un tajo en la mejilla izquierda y perdía mucha sangre: “Mis amigas se impresionaron. No sabían qué hacer. La ambulancia nunca apareció y me desmayé”. Finalmente, sus amigos la llevaron hasta el Sanatorio Laprida.
A la joven le habían provocado un corte desde el labio hasta la oreja izquierda. Otro le cruzó la ceja izquierda. También fue herida en la axila derecha y, al intentar cubrirse el rostro, la hirieron desde el meñique izquierdo hasta la muñeca. Además, le habían pegado patadas que le dejaron hematomas en los brazos. “El cirujano me dijo que, por el tipo de cortes, me agredieron con un bisturí”, contó la chica. El médico llego a esa apreciación, según contó Mara, porque el corte fue neto y no dejó desgarros en la piel como lo haría una botella de vidrio. “Lo más probable es que igualmente le queden marcas que obliguen a realizar otras cirugías estéticas”, añadió su hermana.
Las agresoras escaparon corriendo tras el ataque. “A esas chicas no las había visto nunca. Ahora no me acuerdo la cara, pero si me cruzo en la calle con la que me cortó la podría reconocer”, dijo Mara.
De las agresoras recuerda que vestían con sencillez: llevaban jeans, zapatillas y camperas de nailon y tenían el pelo recogido. Esa descripción debió realizarla ante los policías de la seccional 1ª y Seguridad Personal que tomaron el caso. Algunas personas del bar que sí conocían a las atacantes le comentaron a Mara que residen en la zona de Ayacucho y Centeno. Vecinos del barrio Tablada dijeron a La Capital que las jovencitas pertenecerían a la banda de Torombolo (ver aparte).
“Fue horrible, desesperante, nunca pasé por algo así -expresó Mara-. Nunca me peleé, ni siquiera de palabra. No me voy a quedar con los brazos cruzados por lo que pasó, aunque tengo miedo de que se la quieran agarrar de nuevo conmigo o mi familia”.
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